jueves, 29 de octubre de 2026

La ley de ciencia, la igualdad, la gobernanza y la Corte

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1161, octubre 29 de 2026, pág. 4)

 

Tres años después, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió la acción de inconstitucionalidad promovida contra la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencia, Tecnología e Innovación (LGMHCTI) y reconoció que es una norma válida (19.10.2026).  

 

¿Tiene relevancia la decisión de la Corte? Sí. No solamente porque declara la constitucionalidad de la norma, sino también por la definición que asume sobre la distinción entre instituciones públicas y privadas para efectos del respaldo estatal, y por las implicaciones para la gobernanza del sistema científico y tecnológico.

 

La decisión de la Corte de la semana pasada no fue ninguna sorpresa. Desde marzo de este año, cuando se publicó el proyecto de resolución, a cargo de la ministra ponente Sara Irene Herrerías, se conocía el sentido de la propuesta. El 24 de marzo de 2026, lo anotamos en su momento en este Acelerador de Partículas: “lo más probable es que el proyecto de la ministra sea votado a favor” (Campus Milenio No. 1134).

 

El proyecto de la ministra Herrerías, de más de un centenar de páginas, responde a las impugnaciones a la ley y concluye que son infundadas las violaciones legislativas que se le señalaron. Otro tanto ocurre con los principios de igualdad y no discriminación: el proyecto distingue entre igualdad formal e igualdad sustantiva para finalizar indicando que estudiantes y académicos de los sectores público y privado tienen un estatus similar.

 

A este respecto, el ministro en retiro, José Ramón Cosío, argumenta que la idea subyacente en el criterio adoptado en la reciente resolución de la Corte es que: “lo público es bueno por definición y lo privado, desconfiable por el mismo motivo; que la educación, los estudiantes, los investigadores o el desarrollo científico y tecnológico deben tener diversas calidades por las bondades de lo primero y los ánimos de lucro de lo segundo” (El Universal 27.10.2026). Si este es un principio de actuación, el resultado podría ser muy preocupante.

 

Las posiciones de los ministros también son ilustrativas de las tensiones en torno a lo público y su signficado. Por ejemplo, el ministro Giovanni Azael Figueroa Mejía se excusó de participar en el debate y emitir su voto porque, argumentó, su juicio podría ser parcial, debido a que se desempeñó en el ámbito académico en una institución particular, pertenece al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) y, como muchos investigadores, interpuso un juicio de amparo cuando se vio afectado.

 

La ministra Loretta Ortiz Ahlf sí participó en el debate. También es integrante del SNII e imparte clases en una institución particular. Fue la única que votó en contra de una parte del proyecto de resolución. Anotó: “obviamente, sí se viola el derecho, el derecho a la igualdad, porque tenemos los mismos derechos los que trabajamos en instituciones públicas como privadas” (19.102026).

 

El resto de los ministros y las ministras, con diferentes argumentos, se pronunciaron a favor de la resolución. Por ejemplo, la ministra Estela Ríos apuntó: “En los hechos, lo que sucede es que las universidades privadas compensan los malos salarios y las bajas prestaciones que otorgan a quienes les sirven con los estímulos del SNII”.

 

Por su parte, el ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz resumió que el debate se refería a optimizar y priorizar la inversión pública en el sector. Y añadió que, desde una determinada interpretración, sí se contraviene el principio de igualdad, al excluir a las instituciones privadas. No obstante, consideró que el proyecto de la ministra Herrerías ofrecía una alternativa adecuada al “resolver este tema mediante una interpretación conforme”.

 

En el ámbito jurídico, una “interpretación conforme” se refiere a la posibilidad de que si una ley se puede entender de formas diversas, se adopte la que sea compatible con la Constitución y los derechos en ella reconocidos, siempre que sea jurídicamente válida.

 

Además, el ministro presidente recordó que el anterior Conacyt fu sustituido por una Secretaría de Estado, por lo cual ya no tienen sentido las impugnaciones sobre la participación de representantes de las fuerzas armadas en su Junta de Gobierno, porque esa Junta ya no existe. Es un asunto que vale la pena tener presente.

 

La ministra ponente, sin embargo, indicó que no se deberían mezclar disposiciones de la norma constitucional con reglamentos secundarios. Y concluyó, respecto a la integración de la Junta de Gobierno: “en este momento, no sería conveniente sobreseer ese artículo que habla sobre este Consejo”. Así que el asunto parece más complejo de lo que parece.

 

La Corte ya decidió que la ley sí es constitucional, pero el problema no está resuelto. Por una parte, habrá que ver si el máximo tribunal y, en general, el sistema jurídico, al dirimir controversias sobre igualdad, terminarán inclinándose sistemáticamente por lo público.

 

Por otra parte, está claro que la ley de ciencia debe reformarse cuanto antes, aunque no se advierte es que eso vaya a ocurrir. La reforma no está en las preocupaciones del gobierno federal y todavía menos entre las de los legisladores.

 

El asunto de fondo es cómo gobernar el sistema científico y tecnológico actualmente, y cómo conciliar la indispensable coparticipación de los sectores público y privado. Aunque, tal parece que, para nuestras instituciones, eso es lo de menos.

jueves, 15 de octubre de 2026

¿Evaluar las Becas para el Bienestar y de posgrado?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99@bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1159, octubre 15 de 2026, pág. 4)

 

La Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno (SABG) presentó su Informe del Resultado de la Fiscalización 2025. Para el sector educativo y la prensa, lo relevante fue un monto de casi 600 millones de pesos cuyo destino no está claro en tres programas de becas. La cifra no es nada insignificante. Pero lo sobresaliente tendría que ser la evaluación integral de tales programas.

 

El Informe indica que auditó los siguientes programas de becas: en básica, las de Bienestar Benito Juárez (2024) y la Rita Cetina (2025); la Universal de Educación Media Superior Benito Juárez; y la de Jóvenes Escribiendo el Futuro (30.09.2026). Por cierto, los nombres y años distintos en las becas de básica se deben al cambio de denominación a partir de la actual administración.

 

Los señalamientos de la auditoría precisan que: hay claves de centros de trabajo que no aparecen en los registros de la SEP; escuelas a las que otorgaron becas y no son prioritarias; y tarjetas bancarias que no se entregaron a sus destinatarios, pero que están activas e incluyen 8.6 millones de pesos.

 

Sin embargo, la mayor irregularidad es que: “Se identificaron 67,142 beneficiarios inscritos en escuelas de educación básica, media y superior que tenían dictamen negativo derivado de la confronta con el Registro Nacional de Población, con pago de beca por un monto de 592.3 mdp” (p.15).

 

Además, sobre las becas de posgrado, la auditoría identificó que se renovaron seis becas que no cumplían con los criterios de elegibilidad por un monto de 2.6 millones de pesos. También detectó posibles pagos en exceso a 484 beneficiarios del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores por más de 18 millones de pesos.

 

La prensa hizo notar las irregularidades, especialmente la entrega indebida y millonaria de becas, e incluso algunos medios cabecearon sus notas como fraude y corrupción en las instituciones implicadas. Y sí, es grave, la desviación indebida de recursos públicos, cuando se acredita, es un delito.

 

Los calificativos no pasaron desapercibidos en las redes sociales, amplificaron su resonancia e hicieron mella en las dependencias gubernamentales. La SEP que parece refractaria a las apreciaciones públicas, emitió un boletín para puntualizar que la auditoría estaba en proceso y que la institución continuaba “trabajando para proporcionar la información y realizar las aclaraciones necesarias que permitan solventar todas las observaciones” (Boletín 324).

 

No fue suficiente. La misma Secretaría de Anticorrupción tuvo que emitir un boletín adicional para explicar los alcances de las auditorías y cómo se determinan las responsabilidades administrativas. En el caso de las becas, puntualiza el boletín, el proceso apenas se encuentra en su primera etapa, la de visitas de inspección y auditorías. Falta la de investigación, antes de fincar responsabilidades.

 

Por si hubiera dudas, el boletín agrega: “del 100 por ciento de los hallazgos con los cuales inician las auditorías, el porcentaje que llega hasta que se acredita una responsabilidad es mínimo, además, cabe precisar que no todas las faltas administrativas derivan en daño patrimonial, o en afectaciones económicas para el Gobierno Federal”.

 

En fin, ciertamente las auditorías se centran en el detalle administrativo, en la vigilancia de las normas para la distribución de los recursos y la operación de los programas públicos. Un control necesario para detectar posibles actos de corrupción de los funcionarios, pero insuficiente para la valoración de los programas.

 

Las observaciones de la auditoría a los programas de becas seguramente serán solventadas por las dependencias implicadas y ahí se cerrará el tema. Sin embargo, al final, aunque las becas constituyen un pilar de la política social, no conoceremos sus dificultades ni el impacto que tienen.

 

Vale la pena ponderar de qué cantidad de recursos estamos hablando. Según las cifras del presupuesto de este año, el mayor volumen de recursos es para el programa Rita Cetina con poco más de 36 mil millones de pesos, después el de media superior con alrededor de 4 mil millones de pesos y el de Jóvenes Escribiendo el Futuro que sobrepasa los mil millones de pesos. En conjunto suman casi 42 mil millones de pesos.

 

Los 600 millones que tienen presuntas irregularidades son muchos pesos, pero representan alrededor del 1.4 por ciento del presupuesto conjunto de los tres programas mencionados. El manejo del presupuesto público tendría que ser pulcro; hasta el destino de un peso debería estar claro. No obstante, la fiscalización de los recursos, aunque indispensable, no basta para determinar si los programas cumplen sus finalidades ni qué efectos producen.

 

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) coordinaba la evaluación de las políticas y los programas de desarrollo social. Era un Consejo que no era autónomo, sino un organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal, pero, de todas formas fue extinguido en 2025,

 

Ahí se perdió la posibilidad de valorar el funcionamiento y los resultados de los programas sociales. Una de las últimas publicaciones del Coneval fue, precisamente, una evaluación de impacto del Programa de Becas de Educación Básica para el Bienestar Benito Juárez.

 

Hoy no tenemos, desde el ámbito gubernamental, una evaluación confiable de sus programas sociales. Deberíamos exigirla.

lunes, 5 de octubre de 2026

El papa en la UNESCO

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1157, octubre 1 de 2026, pág. 4)

 

El director de la Unesco, Khaled El-Enany, invitó al papa León XIV a la sede de la organización en París, Francia. El pontífice es un guía espiritual, pero su visita oficial de la semana pasada va más allá del sentido religioso, tanto por las características de la organización a la que acudió como por el discurso que pronunció.

 

El pontífice, además de ser un líder religioso, es jefe de Estado del Vaticano y una voz relevante en el mundo, pero no es frecuente su presencia en una organización como la Unesco. Esta última, como se sabe, es la agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas para promover la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.

 

En 1980 Juan Pablo II visitó la Unesco; en ese entonces fue invitado por su activismo y su reconocida autoridad moral. De aquel discurso perdura la frase: “La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda ‘ser’ más y no sólo que pueda ‘tener’ más” (02.06.1980 y aquí se puede ver: t.ly/cez0h).

 

Ahora, la presencia del papa León XIV en la Unesco parece estar motivada por los riesgos que se advierten en el uso creciente e incierto de la tecnología y de los algoritmos, en especial por los efectos que puede tener en niños y jóvenes. Una preocupación compartida por los gobiernos nacionales y por las familias.

 

Las expresiones del papa León XIV fueron elocuentes e ilustrativas de los desafíos de la tecnología. Pero, en realidad, no es la primera vez que se pronuncia al respecto. Seguramente, lector, lectora, recordará que hace apenas cuatro meses presentó su primera carta encíclica Magnifica humanitas y cuyo subtítulo es “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial” (aquí la puede consultar: t.ly/7lCJ0)

 

Las encíclicas son documentos oficiales en los que un pontífice expresa su pensamiento sobre la fe, la moral y la vida social, no solamente dirigido a la comunidad católica, también a toda la sociedad. La Magnifica humanitas se integra por casi medio centenar de páginas, divididas en cinco capítulos y 245 párrafos.

 

Uno de los puntos más relevantes de la encíclica es el que se refiere a la tecnología. Por ejemplo, destaca que esta debe estar al servicio de la persona y no convertirla en un objeto. La inteligencia artificial, se anota en el documento, no es neutral: puede educar y aliviar sufrimientos, pero también puede producir exclusión, injusticia y concentración de poder. La orientación de la tecnología depende de quienes la diseñan, financian, regulan y utilizan.

 

Una concentración de poder que tiene sus peligros: “el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación” (párrafo 95).

 

El pontífice, en su reciente discurso en la Unesco, reiteró las amenazas que se ciernen sobre el mundo y la importancia de poner la inteligencia artificial y el avance tecnológico al servicio de la humanidad. Pero su eje fue el papel de la educación, la ciencia y la cultura para la convivencia internacional.

 

León XIV destacó la situación paradójica en la que nos encontramos: las tareas que realizabamos se las hemos delegado a las máquinas, al punto de llamar inteligencia a sus actividades, pero “mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas” (25.09.2026).

 

El llamado del papa es a la cooperación, sin desconocer la diversidad de perspectivas, pero sí a la búsqueda de una convergencia de visiones y armonía para la acción. El pontífice utilizó dos imágenes bíblicas para ilustrar el dilema: la Torre de Babel y la plaza pública de Pentecostés.

 

En la primera, donde la humanidad busca construir unidad a través de la imposición y termina dividida; en la segunda, donde la diversidad de lenguas no desaparece, pero puede convertirse en comprensión y encuentro. “No es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible esta comunión entre todos los pueblos”, puntualizó el papa.

 

La idea, precisó el pontífice, no es eliminar las diferencias culturales, lingüísticas o nacionales, sino lograr la cooperación en vez del conflicto. Tampoco se trata de un optimismo ingenuo que ignora las dificultades, sino de perseverar en la búsqueda del bien común.  Palabras dirigidas especialmente a los jóvenes.

 

El actual desafío de la tecnología, como se podrá advertir, convoca al mundo entero a  pronunciarse y el papel de la educación, de los sistemas educativos, es insoslayable.

 

Pie de página: Este 29 de septiembre se cumplieron 20 años de que el Consejo Universitario de la UNAM aprobó el cambio de denominación de Centro de Estudios sobre la Universidad a Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación. Las primeras dos décadas de mi Instituto.