jueves, 25 de junio de 2026

Educación: ¿echar de las aulas los dispositivos tecnológicos?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

La situación es paradójica, hace dos décadas, en todo el mundo, se buscaba mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas con el respaldo de dispositivos digitales y las tecnologías de la información. Ahora, cuando han proliferado las herramientas tecnológicas y la conectividad en las aulas, se busca sacarlos.

 

El desarrollo tecnológico va más rápido que nuestra capacidad para valorar su potencialidad, comprender sus implicaciones y regular su uso. No es fortuito que los países nórdicos, que durante años promovieron una potente política de digitalización educativa, ahora busquen restringir el uso de teléfonos celulares y tabletas.

 

Por ejemplo, Suecia, a partir del próximo ciclo escolar prohibirá los teléfonos celulares y las pantallas en las escuelas (Associated Press News 06.09.2026). Este país, desde 2023, luego de los resultados de los jóvenes en Pisa 2022 y de insatisfacciones con los dispositivos, le da mayor importancia a los libros y a las guías para profesores. Algo similar ocurre en Noruega.

 

Dinamarca integró hace dos años una comisión gubernamental para valorar la digitalización en las aulas y la insatisfacción que esta había generado. La comisión entregó su informe el año pasado y una de sus 35 recomendaciones es modificar la legislación para prohibir que todos los estudiantes de entre los siete y los 17 años lleven sus teléfonos celulares a las escuelas (The Guardian 25.02.2025).

 

Los países nórdicos están a la cabeza de la conectividad y las habilidades digitales, pero no son represntativos de lo que ocurre en el mundo, y menos de las regiones con amplias brechas digitales, como México.

 

Sin embargo, las consecuencias negativas que tiene el uso de los aparatos tecnológicos en las escuelas, y en especial de celulares y tabletas, sobre el aprendizaje parecen similares en todos los países. Sea por la interferencia que provocan en la concentración de los estudiantes, por el interés en las redes sociales más que en los contenidos de la clase o por la renuncia al esfuerzo cognitivo, entre otros aspectos.

 

El uso de teléfonos celulares o tabletas varía según la edad escolar y también son distintos los problemas en cada nivel educativo. No obstante, hay un relativo consenso acerca de sus mayores efectos negativos en las edades tempranas y de la necesidad de limitarlos o prohibirlos en la educación básica.

 

Aunque el problema es más amplio y no se soluciona con la sola prohibición, pues incluye el sentido de la tecnología en las rutinas escolares y la utilidad de los distintos aparatos. El teléfono celular, como es obvio, ya no es solamente para hablarle a otra persona o intercambiar mensajes. Estos dispositivos, cada vez más potentes e “inteligentes”, se han convertido en el principal intermediario para casi cualquier actividad cotidiana.

 

La dependencia tecnológica afecta a toda la población, pero es todavía mayor para los adolescentes y los jóvenes que resuelven casi todo a través de sus dispositivos móviles. El uso del celular en México llega al 86 por ciento de la población, dos tercios de ella utiliza un smartphone y una cantidad similar se conecta a internet (Campus Milenio No. 1142).

 

Además, lo que ahora se puede hacer con la inteligencia artificial (IA) es asombroso y es otro ángulo de la tecnología en las aulas que conecta con los dispositivos móviles. Aunque vale la pena hacer notar que todavía no terminamos de decidir lo más básico sobre los aparatos y ya enfrentamos el problema de qué hacer con las herramientas de la IA en la educación.

 

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum le solicitó al secretario de Educación que: “hiciera una consulta con padres y madres de familia, por lo que significa en términos del uso de la inteligencia artificial, las plataformas, las redes sociales, para ver qué opinan los padres y madres de familia a este respecto” (02.06.2026). Todavía no se sabe cuándo, ni cómo se realizará la consulta.

 

Por lo pronto, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma a su ley de educación que facultará a la secretaría de Educación local para establecer protocolos en la educación básica “a fin de prohibir la portación y el uso de equipos de telefonía celular por parte de las y los alumnos durante su estancia en los planteles” (Gaceta Parlamentaria. 21.05.2026).

 

Tal vez los resultados de la consulta que realizará la Sep se asemejen a las restricciones que aprobó la Cdmx y otras entidades como Aguascalientes, el estado de México, Guerrero y Querétaro. Lo grave será que, sin más trámite ni consideración, expulsemos la tecnología de las aulas, junto con los efectos negativos de los teléfonos celulares.

 

Conviene que pensemos dos veces en la alfabetización digital, en su complementariedad con las formas tradicionales de enseñanza—aprendizaje y en cómo se desdoblaría una eventual prohibición del gobierno federal de dispositivos tecnológicos en el complejo sistema educativo nacional.

 

Pie de página: A propósito de resultados y decisiones gubernamentales, todavía no están, y ya deberían estar, las conclusiones del comité de expertos para plantear opciones sobre qué hacer con el fracking. ¿Alguna duda de cuál será la orientación?

jueves, 18 de junio de 2026

CDMX: ¿La Capital del Conocimiento de América?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1143. Junio 18, 2026)

 

El comunicado oficial anota que cuatro de las principales instituciones nacionales de educación superior firmaron una “Carta de Intención para impulsar la Alianza Universitaria de la Ciudad de México: Capital del Conocimiento de América” (Boletín UAM No. 407. 08.06.2026).

 

Las instituciones son: la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav). La alianza institucional, no sin modestia, se propone una acción de alcance continental.

 

El propósito es notable porque no es inusual la retórica grandilocuente y ampulosa que acompaña la comunicación de los planes gubernamentales, pero sí es menos frecuente en los planes universitarios. Tampoco es la primera vez que las instituciones educativas mencionadas se proponen un trabajo conjunto, aunque lo sorprendente es que ahora lo hacen sin que figure públicamente una autoridad gubernamental como protagonista de la iniciativa.

 

Sin embargo, como lo indica el título del documento firmado, todavía no es un hecho, apenas es una declaración de intenciones que deberá ratificarse en acciones. Y sí, de pretensiones y planes que no tocaron la realidad están repletos los archivos institucionales. Pero, ¿la Cdmx podría ser una capital continental del conocimiento?

 

Depende del significado que los directivos universitarios le atribuyan al concepto relativamente amplio de conocimiento y al propósito que persiguen. Tal vez el marco de interpretación es ese que se popularizó al cambio de siglo y de milenio con la denominada sociedad del conocimiento. Una especie de ideología que consideraba al conocimiento como motor de la transformación económica y el bienestar de la sociedad.

 

De hecho, la Constitución Política local, en su primer artículo establece que: “Para la construcción del futuro la Ciudad impulsa la sociedad del conocimiento, la educación integral e inclusiva, la investigación científica, la innovación tecnológica y la difusión del saber” (sexto párrafo). También, el título de su artículo 8, denomina a la ciudad capital como “Ciudad educadora y del conocimiento”.

 

Pero ¿en qué consiste la alianza que proponen los directivos universitarios? Según el rector de la UAM, el anfitrión del acto, las acciones se desagregarán en seis ejes: el primero será el fortalecimiento de la formación académica por medio de esquemas de corresponsabilidad, apoyo a la movilidad, el servicio social y las prácticas profesionales conjuntas. Otro será a través de intercambios para crear consorcios y redes temáticas interinstitucionales, estancias de investigación y el desarrollo de programas y publicaciones científicas conjuntas.

 

Un tercer eje es ofrecer acceso recíproco a bibliotecas, laboratorios, espacios deportivos y plataformas digitales. El cuarto: “diseñar iniciativas y plataformas de integración orientadas a atender problemáticas locales, nacionales e internacionales”. El penúltimo será el ofrecimiento coordinado de programas de educación continua, incluyendo microcredenciales y diplomados. Y, por último, “la prestación de asesorías, apoyo técnico y servicios académicos especializados para contribuir al avance del país”.

 

¿Estos ejes podrían convertir a la Cdmx en capital del conocimiento? No se ve cómo. En Europa, al final de los años 90 se firmó la Declaración de Bolonia, casi por una treintena de naciones de ese continente, para crear el Espacio Europeo de Educación Superior y, con sus altibajos, hasta ahora no se reconoce como la región más pujante del conocimiento. O incluso, en América Latina se impulsó la Red de Macrouniversidades y tampoco se puede decir que sus resultados fueran sobresalientes.

 

Las experiencias regionales han buscado una mayor cooperación e integración institucional, y eso es lo que propone ahora la alianza entre las instituciones mexicanas. Los primeros cuatro ejes de la alianza ya han sido, en el pasado, objeto de acuerdos y convenios marco; los dos últimos, el ofrecimiento conjunto de microcredenciales y el apoyo colectivo para el avance del país, lo que sea que eso signifique, sí serían relativamente novedosos.

 

La intención de la alianza parece estar centrada en aprovechar más las capacidades institucionales, sea para ampliar las oportunidades educativas a través de microcredenciales o atender los graves problemas nacionales. No está nada mal. Sin embargo, por más esfuerzo colectivo que se realice, el punto de inflexión llega cuando el presupuesto no alcanza.

 

Según las cifras de la Anuies, las universidades públicas mexicanas han incrementado su matrícula en 20 por ciento, pero acumulan un déficit de más de 50 mil 400 millones de pesos (Boletín del 29.04.2026). No se ve que la situación se remedie el año próximo y, por el contrario, se agrava por el reto de los sistemas de pensiones, las carencias en infraestructura y las dificultades para la conectividad.

 

Tal vez podrá sonar muy bien que la Cdmx se convertirá en una capital continental del conocimiento o que México será una potencia científica. No obstante, lo real será una mayor presión sobre la capacidad instalada de las universidades públicas y el inocultable deterioro de sus servicios. Atentos.

 

Pie de página: Está abierta la convocatoria para participar en el Programa de Inserción Laboral en los Centros Públicos de Investigación, al parecer son dos centenares de lugares y cierra el próximo 22 de junio. Aquí se pueden ver los términos: t.ly/Hsq3o

viernes, 12 de junio de 2026

La internetización y los formatos de comunicación

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1142, junio 11 de 2026, pág. 4)

 

Una cierta percepción generalizada sobre los jóvenes destaca que leen poco, son frágiles emocionalmente, no les interesan los temas políticos y la mayor parte del tiempo se la pasan conectados a sus computadoras o pegados a sus teléfonos celulares.

 

La situación es paradójica: la población más joven y con altos niveles de escolaridad ha experimentado una inmersión tecnológica, una gran exposición a cúmulos de información y, al mismo tiempo, es la que parece menos encantada con los avatares cotidianos.

 

Lo cierto es que, en el actual contexto tecnológico, hay un desconocimiento e incomprensión sobre qué les interesa a los jóvenes y cómo ha cambiado su consumo cultural. El Instituto Reuters para el estudio del periodismo publicó, el pasado mes de marzo, un reporte sobre comportamientos y actitudes de los jóvenes en torno a las noticias y cómo se relacionan con ellas.

 

El informe se titula “Comprender a las audiencias jóvenes en una época de cambios veloces” y aquí se puede consultar: t.ly/kOd7g. La población a la que se refiere está entre los 18 y 24 años -precisamente el grupo de edad que corresponde a los estudios superiores- y reúne datos de encuestas en línea realizadas entre 2015 y 2025.

 

Aunque el rango de países es variable (nueve al inicio del periodo y 45 en el último año, México incluido), permite apreciar cambios generacionales. Por ejemplo, hace una década los jóvenes se informaban a través de las páginas web y las aplicaciones de los medios; ahora prioritariamente se dirigen a las redes sociales.

 

Pero no todas las redes sociales, Facebook ya no está entre las dominantes. Actualmente, las redes preferidas de los jóvenes son las plataformas audiovisuales, como TikTok, Instagram y YouTube. No obstante, las noticias y la política no están en su catálogo de preferencias; apenas el 35 por ciento de jóvenes muestra mucho interés en las noticias.

 

En cambio, dicen las encuestas, tienen una mayor preferencia por los contenidos divertidos y entretenidos. Además, los hombres tienden a inclinarse más por la ciencia y la tecnología; las mujeres, por la salud mental. También se confirma un mayor uso de la inteligencia artificial (IA) y los chatbots como medio de información.

 

La evolución en el uso de dispositivos tecnológicos, internet y redes sociales ha sido vertiginosa en todo el mundo. Algunas tendencias y patrones de comportamiento del reporte de Reuters son coincidentes con los datos de México.

 

Los resultados de la “Encuesta nacional de usos y percepciones sobre la inteligencia artificial generativa en la educación superior mexicana”, realizada el año pasado, indican que el 60 por ciento de docentes y el 66 por ciento de alumnos utilizan la IA de forma cotidiana.

 

También, el trabajo de Alejandro Moreno, titulado “La evolución cultural en México. Cuatro décadas de cambio de valores 1982-2023”, destaca que en las últimas dos décadas se expandió el uso del teléfono celular, hasta alcanzar el 86 por ciento de la población, y dos tercios utiliza smartphone. Lo mismo ocurrió con internet; pasó de 16 a 77 por ciento en el mismo periodo.

 

A pesar de las inocultables brechas digitales, sea por regiones geográficas, deciles de ingreso, niveles de escolaridad o grupos de edad, sin duda el crecimiento tecnológico ha sido muy veloz y en muy corto tiempo. Alejandro Moreno lo denomina como la “internetización” de la sociedad mexicana (p. 264).

 

Los centennials (o generación Z), jóvenes que nacieron entre 1997 y 2012, constituyen la primera cohorte que creció sumergida en internet, las redes sociales y los dispositivos tecnológicos; por eso se les refiere como nativos digitales. Tal vez las implicaciones para su consumo cultural o para los procesos de formación académica son más notorios, pero el impacto de la internetización no se limita a una generación ni a un ámbito.

 

Un editorial reciente de la prestigiada revista Nature, advierte que los investigadores y las editoriales científicas necesitan comprender mejor lo que está ocurriendo, porque el flujo de información se ha vuelto cada vez más rápido, más visual y más personal (Vol. 654. 02.06.2026).

 

Y sí, como lo anota la revista, lo que está en juego es el futuro de la comunicación basada en hechos, incluida la comunicación científica. Podemos atestiguar la dificultad cada vez más frecuente para distinguir cuándo estamos ante la realidad y cuándo ante una ficción. O bien, para trazar los límites entre una opinión, un hecho o un entretenimiento.

 

El cambio de formatos es inminente, pero tampoco hay que abrazar los nuevos modelos sin más. Lo grave sería que el rigor académico, la seriedad de la comunicación y los mínimos de calidad se vayan en el tren de la inmediatez tecnológica y el deslumbramiento de las redes sociales.

 

Pie de página:  No estaría nada mal que el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo hiciera notar los niveles de inversión de los países participantes. // El prototipo de Olinia, el vehículo eléctrico nacional, ya está. Seguramente no fue fácil. Pero falta lo más complicado: la producción y comercialización. Veremos si sobrepasa el carril de las intenciones. Atentos.