jueves, 10 de septiembre de 2026

México: ¿potencia científica y de innovación?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISEU/PUEES

@canalesa99@gmail.com

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1154. Septiembre 10, 2026)

 

A diferencia de lo que ocurre en el campo educativo, el compromiso de la presidenta Claudia Sheinbaum con el sector científico y tecnológico no parece estar al alcance durante su periodo de gobierno y tal vez ni siquiera en el mediano plazo.

 

El 1 de octubre de 2024, en el Zócalo capitalino, la presidenta leyó sus 100 compromisos y el número 33 prometía: “Haremos de México una potencia científica y de la innovación. Para ello, apoyaremos las ciencias básicas, naturales y las humanidades” (01.10.2024). No era un discurso improvisado, ni una promesa de campaña, sino un compromiso que forma  parte del inventario de acciones de gobierno a la espera del corte de caja.

 

En aquel entonces Sheinbaum añadió que ya estaban en marcha los trabajos para fabricar el auto eléctrico Olinia, un automóvil pequeño, de acceso popular, “100 por ciento diseñado por jóvenes mexicanos y mexicanas, y ensamblado totalmente en nuestro país”.

 

Además, la presidenta sumó otros proyectos: el Programa Espacial Mexicano; el desarrollo de semiconductores; la producción de litio con tecnología propia; la instauración de una fábrica de software público y un centro de ciberseguridad.

 

El conjunto de proyectos estaba centrado más bien sobre el desarrollo tecnológico –no en el desarrollo científico–, pero sonaba bien y parecía prometedor. Sobre todo, después del catastrófico periodo del gobierno anterior, que no solamente retrocedió en casi todos los indicadores de desempeño, sino que también provocó un desastre en las relaciones entre autoridad y comunidad, lo mismo que en la cooperación público-privada.

 

Dos años después, ¿qué ha ocurrido con las intenciones? La misma presidenta, en su mensaje con motivo del segundo informe de gobierno, sintetiza logros de una veintena de proyectos de “innovación soberana” (01.09.2026). Por ejemplo, puntualizó que el vehículo eléctrico Olinia ya ingresó a la fase de producción.

 

Tal vez las etapas previas de Olinia no han sido fáciles, incluso con la cooperación del sector privado que en este periodo ya fue reincorporado. Pero lo cierto es que falta lo más complicado: trasladar el diseño a una industria automotriz altamente competitiva, con un modelo que sea económicamente viable, y asegurar su producción nacional.

 

Uno de los problemas es que no todos los componentes se fabrican en el país, así que la cadena de suministro será el mayor obstáculo, y lo reconoce la industria nacional de autopartes (Expansión 05.09.2026).

 

También reportó la presidenta que los otros proyectos siguen avanzando; se refería al diseño de semiconductores, los satélites de observación, el Sistema Metaocéanico  de Monitoreo Climático y Protección Civil, la producción de un dron o los de tecnología informática. Cada proyecto tiene sus matices, pero aceptemos que todavía estamos en el primer tercio del periodo de gobierno y es relativamente pronto para mostrar resultados contundentes.

 

¿Y sobre México como potencia científica? La presidenta indicó: “hemos incrementado en 193 por ciento los apoyos a proyectos de investigación científica, en 70 por ciento las becas al extranjero y en 23 por ciento las estancias posdoctorales”.

 

La comparación es favorable con el periodo anterior: los proyectos de investigación respaldados con fondos gubernamentales en el último año de la gestión anterior sumaron 602 y en este año pasaron a poco más de 2 mil. Sin embargo, a precios corrientes, el monto de recursos para proyectos prácticamente es el mismo: en el 2024 fue de 28 mil 259 millones de pesos y en este año es de 28 mil 701 millones de pesos (Anexos estadísticos del Segundo Informe de gobierno). Si consideramos el efecto de la inflación, hoy son menos recursos.

 

Una comparación similar se puede hacer en el caso de las becas al extranjero. La presidenta indicó que crecieron en 70 por ciento, pero en realidad aumentaron todavía más. El último año del sexenio anterior el gobierno federal otorgó 750 becas nuevas para estudios de posgrado en el extranjero y en el primer año de este periodo otorgó mil 672, o sea, más que duplicó la cifra.

 

Lo notable es que no destacó la cifra de miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNII), uno de los indicadores que experimentó un crecimiento notable en el sexenio anterior y continúa aumentando en el actual. En 2018 sumaban 28 mil 633 integrantes y en 2024 llegaron a 43 mil 923; este año la cifra llega a casi 48 mil.

 

Sin embargo, ni los proyectos en marcha ni los indicadores permiten anticipar que México podría ser una potencia científica y de innovación. Los proyectos podrán ser emblemáticos en los medios, pero no van a remolcar ni a proyectar un sector que representa un gasto en investigación científica y desarrollo experimental (Gide) de 0.26 por ciento respecto al PIB, y una participación relativa de la industria de apenas 13 por ciento. Considérese solamente que ese mismo indicador alcanza un promedio de 0.60 por ciento en los países de América Latina.

 

Pie de página: Voy a extrañar, vamos a extrañar, y mucho, a Roberto Rodríguez, el brillante y muy apreciado vecino de estas páginas de Campus. Un académico de alto nivel que siempre tenía algo novedoso que decir, pero, sobre todo un amigo muy querido y entrañable. Una lágrima por su partida.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Segundo informe: ¿avance en la cobertura de la educación superior?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1153, septiembre 3 de 2026, pág. 4)

 

A la memoria de Roberto Rodríguez

 

El primer día de su mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum enlistó un centenar de compromisos para su periodo de gobierno. Después alineó el Plan Nacional de Desarrollo y las metas de los programas sectoriales.

 

En materia de educación superior se comprometió a abrir: 300 mil nuevos espacios. La meta está al alcance y es perfectamente posible, salvo que ocurriera algo extraordinario. Incluso si se añaden los 30 mil lugares que luego distribuyó la presidenta.

 

Hace casi dos años mencionó: “Son 330 mil lugares nuevos para universitarios en todo el país, y se van a distribuir de esta manera: en la Universidad Nacional ‘Rosario Castellanos’ —así le vamos a nombrar—, son 150 mil espacios nuevos a lo largo del sexenio; en la Universidad de la Salud, 25 mil lugares nuevos; en las Universidades para el Bienestar ‘Benito Juárez’, al menos 40 mil, aunque tiene posibilidad de más; el Tecnológico Nacional de México, 85 mil y en el Politécnico Nacional, 30 mil” (Comunicado 23.10.2024).

 

De hecho, si en lugar de restringirse a las instituciones mencionadas por la presidenta, se suman todas las instituciones públicas de educación superior (IES), lo más probable es que al finalizar el sexenio, el número de nuevos lugares será mayor al compromiso fijado. ¿Por qué?

 

Por una parte, considérese que el sistema de educación superior incorporó entre el ciclo escolar 2023-2024 y 2024-2025 a casi 130 mil estudiantes adicionales, tanto en instituciones públicas como privadas. La participación relativa de las primeras es de poco más de la mitad, así que, si se suma al conjunto de instituciones públicas, no solamente las mencionadas por la presidenta, una cifra de 65 mil o 70 lugares anuales sobrepasará los 350 mil al finalizar el sexenio.

 

Por otra parte, la presidenta en diferentes oportunidades y en distintos lugares, ha insistido en que las universidades públicas deben hacer un mayor esfuerzo para incrementar sus cupos de primer ingreso. Y al menos dos de las principales universidades federales han acusado recibo de la demanda.

 

Desde el año pasado la UAM estableció un mecanismo de admisión para los egresados del Bachilleres y recientemente declaró que atenderá la convocatoria gubernamental para ampliar la cobertura y “en pleno ejercicio de su autonomía” realizará un proceso extraordinario de admisión para el trimestre 27-1 (Comunicado 24.08.2026).

 

La UNAM, después de la grave falla con su examen de admisión en línea y casi a la par de la difusión de los resultados del examen de control –cuyas cifras de aceptados difieren de las anticipadas al inicio–, informó que “ofrecerá 2 mil 24 lugares en 66 distintos programas de licenciatura –de las cuatro áreas de conocimiento– a los 16 mil 543 aspirantes que, habiendo presentado el examen de control, no resultaron admitidos en la opción de su preferencia” (Boletín 516/30.08.2026).

 

Entonces, con un horizonte de cuatro años más, no habrá sorpresa si los nuevos lugares en la educación superior rebasan el compromiso de la presidenta. No obstante, la cobertura y las políticas públicas tienen su complejidad e implican documentos programáticos que cumplir.

 

El Programa Sectorial de Educación 2025-2030, en lo referente a la educación superior, planteó pasar de una tasa neta de escolarización de 29.3 por ciento en el ciclo escolar 2023-2024 a una de 33 por ciento para el ciclo 2030-2031 (DOF 05.09.2025, pág. 138). Nótese que son casi cuatro puntos porcentuales y se refiere a la “tasa neta”.

 

A su vez, el Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 (Prones) propone como meta llevar la tasa bruta de cobertura de 45.1 que tenía en 2024 a 55 por ciento para el año 2030. Son casi 10 puntos porcentuales. A diferencia de lo que establece el programa anterior, aquí se trata de la tasa bruta.

 

¿Da lo mismo una que otra? No. La tasa bruta, como se sabe, se refiere al porcentaje de la población matriculada en educación superior ­­­–con independencia de su edad–, con respecto a la población en edad típica de cursarla. Por el contrario, la tasa neta únicamente considera a los jóvenes matriculados que están entre los 18 y 22 años, respecto de ese mismo grupo de edad. Esta última es una medida más precisa de inclusión y por la misma razón tiende a ser menor que la tasa bruta.

 

Lo sorprendente es que el gobierno federal, para la misma meta, en un programa se refiere a la tasa neta de cobertura y en otro a la tasa bruta. Y todavía es más notable que el reciente informe de labores de la SEP muestra que, al concluir el primer tercio del periodo, no vamos bien. Para el ciclo escolar 2025-2026 la tasa bruta de cobertura es de 46.8 por ciento (SEP, 2026). El cálculo era que este año debía llegar a 48.4 por ciento.

 

Total, el rezago podría explicar la presión del gobierno federal hacia las instituciones públicas para la admisión de un mayor número de jóvenes y, al mismo tiempo, exhibir las inevitables consecuencias de la falta de recursos financieros para la educación superior.

 

Se puede persistir en el mismo camino y habrá más lugares. Pero el deterioro en la educación impartida será inevitable, poque los espacios no es lo único.

 

Pie de página: Aquí mismo examinaremos los otros dos compromisos presidenciales y las cifras del 2do informe de gobierno. Pendientes.

jueves, 20 de agosto de 2026

Los jóvenes y la escuela

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1151, agosto 20 de 2026, pág. 4)

 

Lo sorprendente es que los jóvenes, los protagonistas sobresalientes en la crisis del examen de admisión de la UNAM, no están en el centro de la discusión pública. La polémica se ha concentrado en las dimensiones políticas, institucionales y técnicas del examen, mientras que las experiencias, aspiraciones y opiniones de los jóvenes han quedado opacadas, cuando no totalmente ignoradas.

 

Una vez acordado que la alternativa más aceptable para darle vuelta al fallido primer examen sería repetir la evaluación, algunos testimonios de los jóvenes y sus familias han circulado en la prensa y en las redes sociales.

 

Unos jóvenes, con la resignación de lo inevitable, aceptaron con desgano el examen de nueva cuenta. Otros, persistentes, confían en ratificar su desempeño exitoso en la segunda vuelta. También hay indignados que prefirieron explorar otras instituciones educativas o, peor aún, renunciar definitivamente a la escuela. Y los hay que, simplemente, pronunciaron el insondable “mmhh” para dar por concluida cualquier conversación.

 

Los atisbos y los fragmentos de lo que piensan y quieren los jóvenes han proliferado en los medios, a menudo con líneas o tonos exagerados. Pocas, muy pocas, aproximaciones ponderadas e informadas. Afortunadamente, existen estudios sistemáticos de diferentes grupos de investigación en distintas instituciones que han documentado el universo subjetivo de las juventudes, sus vidas cotidianas e itinerarios escolares.

 

La UNAM misma contaba con un activo Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) con un amplio reconocimiento de sus pares, espacios de interlocución y múltiples publicaciones especializadas. Pero, desde finales del año pasado, cuando cambió el equipo del Seminario, ni publicaciones en línea ni nada; su página electrónica tiene meses con la leyenda “sitio en transformación”.

 

Los jóvenes han sido un persistente desafío para la autoridad y también los primeros en registrar los grandes cambios sociales. Algunas veces con expresiones dispersas; otras, como lo atestiguan distintos gobiernos nacionales, con irrupciones masivas e incontenibles en el espacio público y demandas inaplazables.

 

La población de todas las edades, en cualquier lugar del mundo, ha experimentado el nuevo orden geopolítico, el confinamiento por la pandemia más reciente, las guerras o su eco en distintas regiones o el perturbador avance de la inteligencia artificial, entre muchos otros cambios recientes. Pero, según nuestro rango de edad, las experiencias son diferentes.

 

¿Qué piensan los jóvenes, ese grupo de la población que está entre los 15 y los 29 años? En 2025, Alejandro Moreno publicó los resultados de encuestas de valores, que incluyen comparaciones entre cinco generaciones distintas en dos momentos (“La evolución cultural en México. Cuatro décadas de cambio de valores 1982-2023”). Las generaciones van de la posrevolución hasta la generación centennial (o generación Z), los que nacieron entre 1997 y 2013.

 

Los resultados son relevantes porque muestran los contrastes generacionales. Por ejemplo, cómo cambia la percepción sobre el mérito según el grupo de edad o el nivel de escolaridad (p. 121). O bien, las grandes diferencias valorativas respecto a la libertad de elección y el respeto a la diversidad de los más jóvenes, en comparación con la población de mayor edad (p. 199).

 

El acercamiento analítico a las coordenadas en las que se movilizan los jóvenes resulta imprescindible para comprender su actuación. Porque desde el exterior, una cierta visión sostiene que ya no les interesa la escuela como lugar de estudio y, en todo caso, buscan lo que necesitan en internet.

 

No obstante, los resultados de una encuesta que se presentó la semana pasada muestran que los jóvenes tienen una perspectiva muy positiva sobre la escuela, los profesores y los contenidos. Sí, contrariamente a lo que algunos sostienen, los estudios ocupan un lugar sobresaliente en sus aspiraciones.

 

La encuesta es la fuente de información más reciente, tiene representación nacional y fue auspiciada por la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica (Informe Jóvenes en México 2026). Sus autores son José Antonio Pérez Islas –precisamente el anterior director del Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM—, Enrique Pérez Reséndiz y Mónica Valdez González.

 

Por supuesto, la alta valoración de la escuela registra variaciones según el estrato económico al que pertenecen los jóvenes, el sexo, la edad o la región en la que viven los entrevistados. Pero, en términos generales, ocho de cada diez jóvenes afirman que les gustaría continuar estudiando.

 

La discusión tampoco está concluida. La encuesta incluye resultados preocupantes, como las causas del abandono escolar o la precariedad e inestabilidad de los empleos para los jóvenes.

 

En fin, el lector puede consultar las publicaciones mencionadas para mayor detalle, pero vale la pena traer a los jóvenes al centro de la discusión y reconocer los esfuerzos de los estudios ya realizados. La línea base no está en ceros.

 

Pie de página: ¿Una nueva narrativa para los Centros Públicos de Investigación? Aquí lo veremos. Atentos.