jueves, 29 de enero de 2026

CIDE: el largo invierno institucional

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1124. Enero 28, 2026)

 

La filtración del documento que designaba a la doctora Lucero Ibarra Rojas como directora interina del Centro de Investigación y Docencia Económicas (Cide) provocó reacciones en cadena en los medios. La mayoría para festinar la salida de Romero Tellaeche -director en funciones- y solo unas excepciones para lamentarlo. El oficio estaba fechado el 27 de enero del presente, pero apareció en redes sociales el día previo.

 

Tal vez la filtración fue lo de menos, lo más relevante es que la institución pública especializada en políticas públicas y desarrollo económico y social, parece salir de un prolongado invierno en el que la colocó la misma autoridad sectorial.

 

Ahora, cuando los desafíos de la geopolítica son mayúsculos, está en puerta una complicada negociación comercial con dos naciones y el crecimiento económico es uno de los problemas urgentes a resolver, la administración gubernamental advierte la necesidad del esfuerzo colectivo y se percata de que ese centro público no forma parte de su inventario de expertos. 

 

Las opiniones sobre lo que ocurrió en el Cide, en el periodo de gobierno anterior, han sido expresadas en múltiples ocasiones en este mismo lugar y en muchos otros. Lo sorprendente es que no había ninguna variación en el periodo actual: el Centro siguió invernando a la suerte de los humores de su director. Lo confirmó la operación de la titular de la secretaria de ciencia, Rosaura Ruiz, cuando intentó nombrar a un integrante del consejo directivo del mismo Cide y al final dio marcha atrás.

 

¿Lo recuerda? El nombrado era Sergio Aguayo Quezada y él mismo, antes de integrarse al consejo directivo, hizo pública en redes sociales la invitación que recibió de la titular Rosaura Ruiz (A100/206/20.06.2025). Aguayo es investigador del Colegio de México, misma institución de procedencia de Romero Tellaeche. Sin embargo, este último se opuso a la integración, argumentando alteración en los plazos del nombramiento.

 

Total, con la pena, una semana después de la invitación, el jurídico de la secretaría de ciencia envió un oficio a Aguayo para informarle que siempre no. El nombramiento quedaría sin efecto porque la normatividad no lo permitía. Romero 1-0. Un marcador que levantó cejas, exhibía la impericia de la gestión y el caso perdido del Centro. Después ya no se informó qué ocurrió con la sustitución del consejero.

 

Romero fue por más. En un artículo periodístico se refirió de forma explícita a la secretaría de la que depende el Cide. Como se recordará, al iniciar el actual periodo de gobierno, la presidenta Sheinbaum ajustó la estructura de la Administración Pública Federal, entre ellos creó la secretaría de ciencia en lugar del anterior Conahcyt.

 

El entonces director del Cide, en referencia al actual gobierno y en una evidente disonancia cognitiva de cómo llegó a convertirse en directivo, escribió: “Se reparten cargos, se reinventan dependencias, se cambian logos, papelería y nombres de programas como si el simple gesto de borrar lo anterior garantizara el futuro […] Los cargos se distribuyen como recompensa y la lealtad se mide por la cercanía, no por la competencia. Cada administración barre con los cuadros anteriores, desmantela equipos técnicos, desecha diagnósticos y rehace instituciones” (La Jornada 10.10.2025).

 

La coexistencia con la autoridad del sector iba de mal en peor, pero públicamente no trascendieron más episodios. Todo parecía indicar que el invierno para la institución continuaría, al menos, hasta el final del periodo de Romero Tellaeche. Según la norma del Cide los directivos duran en el cargo cinco años y pueden ser nombrados por un periodo más. Romero fue ratificado en su puesto en noviembre de 2021, así que debía concluir su primer periodo en ese mismo mes de este 2026.

 

Pero no. Algo ocurrió que llevó a la secretaria Ruiz a nombrar una directora interina para el Centro antes de cumplirse el periodo de Romero. Seguramente el marcador previo y la lista de agravios gravitaron en el ánimo. Sin embargo, quizás lo más decisivo fue que el gobierno no podía contar con la institución cuando más necesita de su expertise. 

 

El día 17 de este mes, la presidenta Claudia Sheinbaum y parte de su gabinete se reunieron con ocho especialistas en materia económica para escuchar sus opiniones y perspectivas sobre el crecimiento económico nacional. El grupo de académicos provienen de la UNAM, la UAM, el Colmex, el Cide -sí, del mismo centro público-, el Tec de Monterrey y el Consejo Mexicano de Negocios.

 

Los especialistas fueron invitados desde el pasado mes de diciembre (Reforma 25.01.2026) y es obvio que fueron convocados en su calidad de expertos, aunque no representan las opiniones de sus respectivas instituciones. Una reunión de este tipo es fundamental entre las medidas que puede adoptar el gobierno en turno. Aunque no ocurre por vez primera y no es excepcional, como se ha sugerido; en el pasado se han verificado otras.

 

No obstante, por la coyuntura presente, cuando se precisa hacerle un lugar al conocimiento técnico y sumar esfuerzos para hacer frente a los retos económicos, definir posiciones en la geopolítica y trazar escenarios, es el tiempo de revalorar el papel de las instituciones académicas. Y sí, ya es hora de que concluya el largo invierno del Cide; un centro altamente especializado. Ya veremos.

 

Pie de página: Los jóvenes que egresaron de las Universidades Benito Juárez siguen denunciando el retraso en la entrega de sus títulos universitarios y el problema crece. Otro síntoma más de lo que ocurre en el programa. Pero los planteles siguen expandiéndose.

viernes, 23 de enero de 2026

Liderazgo en declive en tiempos convulsos

 

Alejandro Canales

UNAM-IISEU/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1123. Enero 22, 2026, pág. 4)

 

La combinación de medidas en marcha del gobierno estadounidense tendrá un efecto en la movilidad académica internacional y acelerará el declive de su liderazgo tanto en el terreno educativo como en el científico y tecnológico. No es un punto de quiebre repentino, es una tendencia de hace décadas.

 

Desde el año pasado, el gobierno estadounidense, en el ámbito doméstico, endureció su posición. Ahora, en la tesitura de establecer una nueva posición geopolítica y una distribución hemisférica, Trump ordenó el retiro de los Estados Unidos de más de medio centenar de organismos internacionales (memorando del 07.01.2026: t.ly/iD6t3) y desplegó una agresiva política migratoria.

 

Las 66 organizaciones internacionales de las que Estados Unidos se separó no son, en sentido estricto, instituciones de investigación científica y tecnológica (Campus Milenio No. 1122). Son 35 organizaciones que no pertenecen a la ONU y otras 31 que sí lo son, pero todas ellas son de interés colectivo y de cooperación. Los efectos del aislamiento no serán inmediatos, pero acelerarán la pendiente del descenso científico estadounidense.

 

Un análisis reciente de la producción de artículos científicos de alta calidad muestra que, desde el 2024, por primera vez, Estados Unidos ya no encabeza la lista de naciones sobresalientes (China’s Historic Rise to the Top of the Scientific Ladder. 10.24.2025). No es, como apunta la autora del estudio, Caroline Wagner, un dato más que se puede tomar a la ligera o que sea solamente pura cantidad.

 

Se trata del Nature Index, un indicador que mide la colaboración en investigación a nivel mundial y el número de artículos publicados en 145 revistas con los estándares más altos en las áreas de biología, química, física y ciencias de la salud. Incluye revistas como Cell, Nature, Science o Physical Review Letters.

 

Según los datos que reporta Wagner, Estados Unidos, todavía en el 2020, tenía el mayor número de publicaciones en el Nature Index: 29 mil 172; le seguía China, en segundo lugar, con 19 mil 97. Una ventaja sobresaliente. No obstante, señala la autora, desde entonces la producción China creció a tasas de 18 por ciento anual, mientras que la tasa del puntero fue de 2.3 por ciento.

 

En 2023, la diferencia entre las dos naciones ya era mínima y en 2024 el país asiático “tomó una ventaja decisiva, en parte gracias a los repatriados que ahora publican en China”. No solamente es el volumen de artículos, es investigación reconocida internacionalmente de alta calidad, en especial en ciencia de materiales, computación cuántica o energías renovables. Cierto, Estados Unidos todavía conserva ventaja en ciencias biológicas y de la salud.

 

Al mismo tiempo, las estadísticas de la UNESCO -sí, el organismo del que Estados Unidos se retiró- permiten ver la tendencia de la movilidad internacional de estudiantes. Entre el año 2000 y el 2022 el número de estudiantes internacionales de nivel superior se triplicó: pasó de 2.1 millones a 6.9 millones (“Higher education: figures at a glance”, 2025).

 

Más de la mitad del total de estudiantes internacionales estaban matriculados en Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Alemania, Canadá, Francia y China. Pero los estadounidenses concentraban la cifra más alta de estudiantes (casi un millón) y su capacidad para atraer estudiantes talentosos no tenía competencia.

 

¿La tendencia se modificará? Desde el 2005, cuando el Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) registró poco más de 590 mil estudiantes internacionales en Estados Unidos, la tendencia fue creciente, con una sostenida ventaja sobre el resto de los países. Sin embargo, a partir del 2017 la curva se aplanó -precisamente en el primer periodo del presidente Trump-, luego registró un descenso en 2021 y nuevamente repuntó en el año 2022 y 2023.

 

Seguramente, como ocurrió con la producción científica, las tendencias cambiarán. El Reino Unido muestra, desde el 2020, un ascenso en las preferencias de los estudiantes internacionales y en el 2023 registró una matrícula de 748 mil de este tipo de estudiantes. Una cifra cada vez más cercana a la que presenta Estados Unidos.

 

Además, si añadimos los cambios en la política migratoria de la administración Trump y las impactantes imágenes que circulan en los medios sobre los atropellos y la arbitrariedad del personal del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en la detención de inmigrantes, lo más probable es que no se vea ya como el mejor país para estancias académicas. El liderazgo va en caída libre.

 

Pie de página: A propósito del desplegado de Anuies sobre el insuficiente presupuesto de 2026 para las universidades, le preguntaron a la presidenta Claudia Sheinbaum si era cierto que les habían reducido el presupuesto. Y ella respondió: “No hay reducción… no hay disminución”. El problema, como lo apuntó Roberto Rodríguez aquí, en Campus, es que el gasto público por alumno en educación superior pasó de “78 mil 700 pesos anuales en 2018 a 46 mil pesos en 2024, una reducción cercana al 42 por ciento”. Nada más.

 

jueves, 15 de enero de 2026

El efecto Trump en la cooperación internacional

 

Alejandro Canales

UNA-IISUE/PUEES

canalesa99@bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1122. Enero 15, 2026)

 

El impacto más visible de las acciones desplegadas por el gobierno estadounidense es de orden político y económico. Pero, como lo anotamos aquí mismo la semana pasada, también incluye el campo educativo, así como el científico y tecnológico. Los efectos en estos campos no son altamente visibles, ni serán inmediatos; sin embargo, sus repercusiones serán hondas y derrumbarán el liderazgo de los Estados Unidos.

 

Desde hace un año, el presidente Trump expresó su intención de modificar el régimen y la organización de la cooperación internacional. ¿Lo recuerda? El 4 de febrero de 2025 expidió la Orden Ejecutiva 14199 para anunciar el escrutinio estadounidense de algunas instituciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la finalización de sus aportaciones financieras; también para hacer una revisión exhaustiva de su membresía en múltiples organismos intergubernamentales.

 

En particular, aparte de revisar su participación en la Comisión de Derechos Humanos y en el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, anunció que consideraría su membresía en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

 

La Unesco es una institución emblemática de cooperación internacional en la materia: desarrolla estándares internacionales; establece marcos normativos como punto de referencia; proporciona respaldo técnico; promueve el trabajo en red; y ofrece orientación de políticas públicas, entre otras actividades. Los argumentos para retirarse de la Unesco, según la Orden Ejecutiva, se debían a la incapacidad de la institución para reformarse, el sentimiento antiisraelí expresado a lo largo de la última década y su despreocupación ante sus crecientes retrasos.

 

El 22 de julio de 2025, transcurrido el plazo para revisar la participación de Estados Unidos en la Unesco, el gobierno le comunicó oficialmente a la directora de la institución, Audrey Azoulay, su separación “porque no redunda en el interés nacional” (Aquí se puede consultar: t.ly/wrX53).

 

A su vez, el mismo día de la comunicación, la directora de la Unesco y el secretario general de la ONU, António Guterres, lamentaron la decisión, pero también señalaron que era algo previsto y que se habían preparado para el acontecimiento. Por ejemplo, puntualizaron que la contribución financiera de Estados Unidos a la organización en 2017 representaba alrededor de una cuarta parte de los fondos, mientras que en el presente es de 8 por ciento.

 

El retiro estadounidense de la Unesco no es algo excepcional: es la tercera vez que ocurre. Lo hizo en 1984, durante la presidencia de Ronald Reagan, y de nueva cuenta en 2017, en el primer periodo del presidente Trump. Entonces, ¿no tendrá grandes efectos? Sí los habrá.

 

Por una parte, en el terreno geopolítico, está en marcha una disputa por la definición de las esferas de control y expansión regional, el reconocimiento como potencia hegemónica y la formación de bloques. Al final habrá una nueva agrupación de naciones, pero, sobre todo, habrá limitaciones a la cooperación internacional y a los intercambios de diverso tipo.

 

Por otra parte, no solamente está en juego la separación estadounidense de la Unesco. Al inicio de este mes, el presidente Trump dirigió un memorándum a los funcionarios consulares para indicarles que, una vez revisada la lista de organismos intergubernamentales en los que participa Estados Unidos, había decidido retirarse de forma inmediata de más de 60 organismos, porque seguir siendo miembro u ofrecerles respaldo financiero “es contrario a los intereses de los Estados Unidos” (Aquí se puede ver el memorándum: https://shorturl.at/XlFWx).

 

Suman 31 organismos de la ONU, adicionales a la Unesco, entre ellos la Cepal, el Instituto de Formación e Investigación y el Programa de Colaboración para la Reducción de Emisiones de la Deforestación y la Degradación Forestal en los países en desarrollo. Y otros 35 organismos que no pertenecen a la ONU, pero que realizan cooperación en diversas áreas, como la ecología, el cambio climático, la justicia, la formación terciaria o la investigación científica.

 

Es decir, Estados Unidos tiene un reconocido liderazgo en diversas materias, entre ellas, algunas áreas de investigación científica y tecnológica. Sin embargo, si renuncia a ese reconocimiento y se automargina de los esfuerzos colectivos, paulatinamente disminuirá su peso relativo. Incluso, como lo muestran los datos, China está en franco ascenso en los indicadores de productividad científica (volveremos sobre este tema).

 

Otro elemento más del efecto Trump en el ámbito académico y científico se refiere a la limitación de los flujos internacionales de estudiantes e investigadores. La medida inició el año pasado y se profundizará en lo que resta de su periodo de gobierno. Insistiremos sobre este tema con los datos correspondientes.

 

Por ahora, vale la pena destacar un reciente memorándum del Departamento de Estado –equivalente a una Secretaría de Relaciones Exteriores- que dio a conocer el portal de noticias “Fox News” (https://shorturl.at/1pB4s). Ahí se ordena a los funcionarios consulares que rechacen, o pongan en pausa, las visas de 75 países, “mientras el departamento reevalúa los procedimientos de detección y verificación de los solicitantes”.

 

La medida que entraría en vigor la semana próxima incluye, según la información de Fox News, a varios países de América Latina, entre ellos Belice, Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala, Nicaragua y Uruguay. La acción no está confirmada de forma oficial, pero si se implementa, tendrá un efecto notable en la reconsideración de Estados Unidos como polo de atracción de talentos y en la reconfiguración de la cooperación internacional. Retornaremos en próxima entrega sobre este asunto.

 

Pie de página: El rector de la Universidad Autónoma de Campeche, José Alberto Abud Flores, fue detenido por la policía estatal, acusado de posesión de drogas, precisamente cuando está por realizarse la elección para un siguiente periodo de titular. Está por verificarse el desenlace, pero el tinte político es inocultable. ¿Ocurrirá lo mismo que pasó en la Universidad Veracruzana? Lo constataremos. Atentos.