jueves, 12 de marzo de 2026

La Corte: la gratuidad sin fondo de garantía y el deterioro

 

Alejandro Canales

UNAM-IISEU/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1130. Marzo 12, 2026)

 

Una vez más, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió el alcance de la gratuidad de la educación superior. Un alumno impugnó el cobro de un curso de idioma -una de las condiciones para obtener el título de licenciatura- y el máximo tribunal consideró que la gratuidad debe extenderse a ese requisito, así que le concedió el amparo correspondiente.

 

No está mal, nada mal, facilitar el camino para que un mayor número de jóvenes obtengan un título universitario. Y sí, la ley tenía prevista la eliminación progresiva de cobros adicionales en las instituciones públicas de educación superior. Además, la misma norma anticipó el establecimiento de un fondo para asegurar los recursos para la gratuidad y la obligatoriedad del nivel.

 

Sin embargo, el gran problema es que avanza la eliminación de cobros en las instituciones, pero no los fondos que permitan sostener y garantizar la gratuidad. Lo grave es que será inevitable el deterioro de la infraestructura, las fallas en el servicio y, al final, no habrá garantía de gratuidad.

 

Los antecedentes son relativamente conocidos: desde 2019, con la reforma del artículo 3º constitucional, quedó en firme el derecho a la educación en todos sus niveles para todas las personas, tanto como el carácter gratuito y obligatorio. Un cambio relevante y de justicia social.

 

Aunque, en el caso de la educación superior, como también lo precisó la Ley General de Educación, la obligatoriedad es y será para el Estado (artículo 48). A su vez, la Ley General de Educación Superior, otra norma secundaria, precisó que se eliminarían progresivamente los cobros por concepto de inscripción, reinscripción y cuotas escolares, tanto para los programas de técnico superior, como de licenciatura y posgrado (artículo 6).

 

La misma norma de educación superior añadió que para compensar la pérdida de ingresos que tendrían las instituciones públicas, se crearía un fondo federal en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Adicionalmente, en artículos transitorios, precisó que la implementación de la gratuidad sería progresiva a partir del ciclo escolar 2022-2023 y que el fondo especial sería instaurado en el ejercicio fiscal 2022.

 

No obstante, ni en el año previsto ni en los siguientes se creó el fondo de la gratuidad; tampoco sucedió en el año actual y lo más probable es que ni siquiera ocurra en los próximos ejercicios fiscales de este sexenio. Sin embargo, sí avanza la eliminación progresiva de costos adicionales.

 

Al final del año pasado, como en este Acelerador de Partículas lo anotamos, la Corte resolvió favorablemente el amparo de una alumna de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que impugnó el cobro de inscripción a una maestría en esa institución (Proyecto 305/2025). El razonamiento fue que la progresividad indicada en la ley debía respetarse y que la gratuidad incluye los estudios de posgrado.

 

Ahora, el pleno de la Corte concedió el amparo a un estudiante de la licenciatura en Derecho de la UNAM -en la modalidad del sistema abierto- que impugnó el cobro del "Curso de Comprensión de Lectura para liberar el requisito de titulación”.  

 

El proyecto de resolución, la ponencia presentada en el pleno de la Corte, fue  responsabilidad del ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz. Uno de los argumentos para otorgar el amparo fue: “sin soslayar que se debe fortalecer el fondo creado para contar con recursos económicos para la operatividad y la gratuidad de la educación superior, debe considerarse que el nivel de licenciatura impartido por instituciones estatales constituye el piso mínimo al analizar este derecho” (Amparo en revisión 527/2025)

 

Lo notable es que el ministro presidente indica que se debe “fortalecer el fondo”, cuando, en realidad, el fondo no existe y primero habría que instaurarlo. La discusión en el pleno no fue sobre la paradoja de una gratuidad sin fondo de garantía, más bien se centró en si la gratuidad debe incluir otras actividades complementarias de los estudios, es decir sobre su alcance, tanto como el tiempo estimado para hacer efectiva la progresividad para eliminar cobros.

 

La ministra María Estela Rios y el ministro Giovanni Figueroa se pronunciaron en contra de otorgar el amparo, precisamente porque, en su opinión, el cobro impugnado se refiere a una actividad extracurricular. Los otros siete ministros, con distintos argumentos, votaron a favor. Por ejemplo, la ministra Yasmín Esquivel anotó: “el cobro genera una distinción basada en la capacidad económica del alumnado […] Solo quienes tienen recursos pueden liberar el requisito de titulación, lo cual afecta gravemente el acceso a un plan de vida digno, basado en la educación superior gratuita”.

 

O bien, la ministra Lenia Batres que mencionó el presupuesto total de la UNAM y un gasto estimado por alumno de más de 86 mil pesos y argumentó: “Estos datos no son neutros, evidencian que la institución dispone de recursos públicos suficientes para absorber los costos de los componentes esenciales de la licenciatura, sin necesidad de trasladarlos a las y los estudiantes mediante cobros específicos que condicionen la titulación”. Una argumentación similar anotó la ministra Loreta Ortiz Ahlf.

 

Al final, con siete votos a favor -tres concurrentes- y dos en contra, la Corte se pronunció por otorgar el amparo al quejoso. Queda la jurisprudencia. El fondo de la gratuidad… ¿se creará en algún momento? Tal vez cuando el deterioro sea inocultable y la gratuidad sea cosa del pasado.

 

Pie de página: El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y la Universidad de la Salud firman convenio de colaboración. Veremos. // Cambia de titular la Subsecretaría de Desarrollo Tecnológico de la Secihti. Atentos. // Otro Día Internacional de la Mujer y sigue pendiente la asignatura STEM. Allá vamos.

domingo, 8 de marzo de 2026

El escollo de la informalidad laboral: desafío educativo y de género

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

(Publicado en Campus Milenio No. 1129. Marzo 5, 2026, pág. 4)

 

La informalidad laboral es uno de los factores a resolver si México busca sentar las bases para un crecimiento sostenido y de largo aliento. No es la única condición, pero sí es indispensable para crecer. El problema está relacionado con el sistema educativo y también con el papel que tienen las mujeres.

 

Desde noviembre del año pasado, a propósito de las cifras mensuales del Inegi sobre ocupación y empleo, hicimos notar algunas de las dificultades que vienen aparejadas con un alto volumen de empleo informal. No es menor: en México, más de la mitad de los empleos están fuera del sector formal (Campus Milenio No. 1114).

 

El reciente estudio económico de la OCDE (Economic Surveys: Mexico 2026) también enfoca el problema de la informalidad laboral. Por una parte, prevé un crecimiento del PIB para este año de 1.4 por ciento y de 1.7 por ciento para el año próximo. Y sí, los números parecen prometedores, sobre todo porque venimos de un crecimiento de 0.7 por ciento en el 2025.

 

Por otra parte, las cifras de crecimiento son coincidentes con los reportes iniciales del Banco de México y los primeros indicadores del Inegi de este año. Sin embargo, el desarrollo no será automático ni se producirá pase lo que pase.

 

El mismo estudio económico del organismo internacional sugiere poner en marcha iniciativas fiscales para atender el déficit que arrastramos, también reducir la informalidad laboral y acelerar una transformación digital, entre otros aspectos contingentes.

 

La informalidad laboral a nivel nacional está profundamente arraigada. Las recientes cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo sobre el mercado laboral mexicano muestran que alcanza una proporción de 54.9 de la población ocupada; esto representa más de la mitad del total y suma casi 33 millones de personas (Inegi. Boletín 26.02.2026).

 

México tiene la segunda posición en tasa de informalidad laboral en los países de la OCDE y, a nivel de América Latina, está entre los de mayor volumen, solamente debajo de Colombia y Perú. La aparición del problema es multifactorial, pero, como se anota en el estudio, una estrategia para tratar de reducirla debe incluir diferentes áreas de política pública.

 

La educación es un área insoslayable. Los datos muestran que las tasas de informalidad laboral son arriba del 60 por ciento para las personas que solamente tienen secundaria y todavía mayores para las que no completaron su educación básica. También es notorio que la informalidad es mayor en las entidades federativas con los mayores rezagos.

 

Pero la informalidad laboral no es privativa de las personas con baja escolaridad; los jóvenes con estudios universitarios tampoco escapan a las dificultades. Según los cálculos del estudio: alrededor del 30 por ciento de los egresados de la educación superior se desempeña en el sector informal (pág. 57).

 

Así que el problema es más complejo de lo que parece; implica la calidad y pertinencia de la educación, lo mismo que las habilidades y competencias adquiridas por los jóvenes o las especialidades profesionales. No solamente. También está el desempeño de los profesores y el comportamiento del mercado laboral.

 

La publicación de la OCDE recomienda no solamente ampliar el número de egresados de nivel superior -dado que las personas entre los 25 y 34 años con ese nivel no llegan al 30 por ciento-, sino también una mejor alineación entre los programas educativos y las demandas del mercado laboral.

 

Sin embargo, como desde los años noventa se ha documentado de forma reiterada, no han sido suficientes los rediseños curriculares ni la instauración de instituciones educativas con orientaciones específicas. En buena medida porque las señales del mercado se demoran, son contradictorias y cambian rápidamente.

 

Además, a pesar de que se conoce la saturación existente en una decena de carreras profesionales, los jóvenes orientan ahí sus preferencias vocacionales. La persistencia de este comportamiento se ha explicado por la flexibilidad laboral que les permite tales profesiones y por su mayor capacidad de adaptación.

 

Por su parte, las mujeres, en comparación con los hombres, enfrentan mayores obstáculos para el empleo formal, en buena medida debido a las dificultades para conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades no remuneradas que atienden, como el cuidado infantil o el de adultos mayores, o bien, por la ausencia de un respaldo sostenido para sortear la jornada laboral.

 

En fin, el problema no solamente está localizado en el terreno educativo, pero vale la pena trazar las coordenadas en las que se moviliza.

 

Pie de página: La Secihti negó un ciberataque a su sistema de pagos; pronto veremos si se confirma su versión o, por el contrario, la información que circula en redes sociales. // Por si hiciera falta, el gobierno estadounidense abrió otro frente de batalla, ahora con una compañía de IA.

viernes, 27 de febrero de 2026

La Corte y el desamparo de la ley de ciencia

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1128. Febrero 26, 2026)

 

Tal vez, estimada lectora, estimado lector, recordará que, al inicio de este mes, en este Acelerador de Partículas, comentamos las dificultades con la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencia, Tecnologías e Innovación (Lgmhcti). Dificultades tanto por lo que prescribe como por lo que omite; grandes agujeros normativos (Campus Milenio No. 1125).

 

El caso es que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (Scjn), después de casi tres años, se percata de que tiene en sus cajones el expediente sobre la controversia constitucional de la ley de ciencia -digámosle así a esta última para evitar las siglas y ese nombre tan largo como inútil- y los juicios de amparo no se resolverán mientras no se pronuncie al respecto.

 

Sin embargo, la Corte todavía no analiza la acción de inconstitucionalidad que pesa sobre la ley de ciencia y tampoco tiene previsto cuándo hacerlo: la Corte se tomará su tiempo, probablemente un largo tiempo, los tribunales no resolverán sobre los amparos que tienen en el escritorio y, por lo pronto, los tribunales y los quejosos seguirán esperando.

 

Porque el pleno de la Corte, a través de un acuerdo general publicado en el Diario Oficial de la Federación, les informa a los Tribunales Colegiados de Circuito que aplacen sus sentencias sobre los amparos en curso, hasta que el “Alto Tribunal establezca el o los criterios respectivos, y se emita el Acuerdo General Plenario que corresponda” (DOF. 16.02.2026). Es decir, hasta que resuelva lo concerniente a la ley de ciencia.

 

No es el primer aplazamiento que realiza, más bien lo hace por segunda ocasión. La primera vez fue en septiembre de 2023, a los tres meses de presentada la controversia de acción de inconstitucionalidad sobre la ley de ciencia y cuando la presidencia de la Corte estaba encabezada por la ministra Norma Lucía Piña (DOF. 18.09.2023).

 

Como se recordará, los legisladores de oposición presentaron una acción de inconstitucionalidad por el procedimiento seguido en la aprobación de la ley de ciencia. Por su parte, investigadores y organizaciones de académicos se ampararon en contra de la aplicación de la ley de ciencia, principalmente por su exclusión del Sistema Nacional de Investigadores.

 

En julio del año pasado, seguramente por la presión de los afectados, la Corte levantó el aplazamiento que había acordado en 2023. Según su propia información, recibió un escrito de la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (Fimpes), en el que se justificaba la importancia de resolver los juicios de amparo, lo valoró positivamente y determinó levantar el aplazamiento.

 

Sin embargo, medio año después, otra vez la Corte les indica a los tribunales que aplacen sus sentencias hasta que resuelva lo correspondiente (DOF01.08.2025). Esto a pesar de que la misma Corte, en agosto de 2023, recibió de parte del entonces presidente de la mesa directiva de los diputados, una “Solicitud de Atención Prioritaria” al tema. En resumen, no hay una fecha próxima para que la Corte atienda el asunto.

 

Además, como lo hemos anotado en este Acelerador de Partículas, la Corte tiene enlistados, antes del turno de la ley de ciencia, más de dos centenares de expedientes sobre controversias constitucionales.

 

Todavía más complicado es que la nueva Corte cambió la organización de su trabajo, ahora solamente opera con el pleno de nueve ministros -ya no existen las dos salas anteriores de revisión-, así que su productividad en 2025, en comparación con la integración anterior, disminuyó a menos de la mitad.

 

No hay precisión en el número de amparos en contra de la ley de ciencia. Al inicio, tres meses después de que la norma entró en vigor, se indicaba que sumaban 683 amparos (SPR 21.08.2023). Sin embargo, información más reciente señala que la cifra actual no alcanza el centenar.

 

En fin, el caso es que el fondo del asunto, la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la norma, sigue pendiente. El problema es que, aparte de la espera de los tribunales para darle trámite a los amparos, la actual ley de ciencia no es un marco de referencia para la organización y funcionamiento del sector.

 

Lo hemos dicho aquí mismo: la ley vigente se refiere al anterior Conahcyt, una entidad administrativa que ya no existe; la estructura que sigue no es la más apropiada para una ley de orden general; el modelo de organización que prevé tampoco es un referente para la operación de los principales programas del sector, ni para la relación con las entidades federativas.

 

Sin embargo, la Corte tiene otra organización, otros pendientes y un ritmo distinto, así que aplazó una vez más su resolución sobre la norma. Tampoco se advierte que el asunto sea una preocupación para los legisladores y que una eventual reforma esté en su agenda para el actual periodo, así que la solución tampoco saldrá por ese lado.

 

Total, lo más probable es que el problema no se resolverá en el corto plazo y tal vez ni siquiera en el mediano plazo. Los problemas seguirán filtrándose en los agujeros de la ley y los quejosos seguirán desamparados.

 

Pie de página: La información y las implicaciones siguen en curso sobre los recientes acontecimientos derivados de la muerte de uno de los principales narcotraficantes, pero sin duda ingresamos a una fase distinta en la estrategia de seguridad pública. Muy atentos. // También está en desarrollo la información de la Auditoría Superior de la Federación sobre las presuntas irregularidades de obra pública en la UAM. Pendientes.