Alejandro Canales
UNAM-IISUE/PUEES
@canalesa99.bsky.social
(Publicado en Campus Milenio No. 1140, mayo 28 de 2026, pág. 4)
El gobierno federal publicó recientemente los diferentes programas nacionales y especiales que serán la guía de sus acciones para lo que resta del sexenio. Entre ellos está el Programa Especial en materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación 2026-2030 (DOF, 18.05.2026). Sí, el título está en plural.
El programa se añade al Programa Sectorial de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación 2025-2030 que presentó la ahora secretaría en septiembre del año pasado (sí, solamente una palabra está en plural) (DOF, 17.09.2025) y al Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 publicado en el mes anterior (DOF, 14.04.2026).
La situación es peculiar en los programas del sector científico y tecnológico. Por una parte, suma dos programas relativamente similares y, por otra, no precisa lo suficiente la relación con la Secretaría con la que tiene una mayor intersección y convergencia.
Pero vayamos por partes. ¿Por qué la actividad científica y tecnológica tiene dos programas? En primer lugar, porque cuando en 2025 el Conahcyt pasó de ser un organismo descentralizado a una secretaría de Estado, quedó obligada, como todas las dependencias de la Administración Pública Federal (APF), a presentar un programa sectorial y así lo hizo.
En segundo lugar, la ley general de ciencia vigente establece que el organismo rector de la política científica y tecnológica, debe elaborar un Programa Especial en la materia. El asunto es que se refería al Conahcyt que ya no existe, pero como no se ha reformado la ley, y no parece que vaya a reformarse en el corto plazo, persiste la obligación de elaborarlo.
La ley de planeación indica que los programas sectoriales deben considerar las propuestas de las entidades del sector y, sobre todo, desdoblar lo planteado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Por ejemplo, en este caso, el Plan propuso como objetivo: “convertir a México en una potencia científica y tecnológica soberana, orientada hacia un desarrollo con bienestar y prosperidad” (PND pág. 122)
Por su parte, según la misma ley de planeación, los programas especiales también toman como base lo que se indica en el PND, pero específicamente en lo refierente a las prioridades de desarrollo integral del país, o bien, a las actividades en las que están involucradas dos o más dependencias de la APF (Artículo 26).
El sector científico y tecnológico tiene relación con múltiples dependencias. Aunque, en realidad, la historia del programa especial viene desde la ley de fomento de ciencia de 1999, cuando se buscaba otorgarle al entonces Conacyt, una mayor autonomía y mejores capacidades de gestión.
En fin, el caso es que hasta antes del actual periodo de gobierno, se publicaba como única referencia el programa especial del sector (el Peciti) para establecer las coordenadas y acciones que se pondrían en marcha en la actividad científica y tecnológica. Ahora, además, también está el programa sectorial.
Cabría suponer que el programa sectorial se ajustaría mayormente a lo que debería realizar la actual secretaría de ciencia, mientras que el programa especial tendría un carácter más transversal y un mayor desplazamiento hacia la articulación intersectorial. Y sí, este último se plantea como uno de sus objetivos “Consolidar la coordinación intersectorial”.
Sin embargo, soslaya la relación con la SEP, y en especial con la Subsecretaría de Educación Superior, una de las dependencias de la APF con las que tiene mayores vínculos administrativos. Por ejemplo, sobre el posgrado sí indica un trabajo conjunto con diferentes entidades para diseñar nuevos programas de estudio de licenciatura y posgrado, así como para el otorgamiento de becas. Aunque no incluye ninguna meta o indicador.
Por el contrario, no hay ninguna mención sobre la coordinación de actividades en el caso de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC). Una institución que está en proceso de expansión y que probablemente tendrá un papel relevante en el subsistema nacional de educación superior.
De hecho, la única referencia a la UNRC y al trabajo conjunto con otras dependencias se refiere a la “incorporación de inmuebles destinados a funcionar como nuevas sedes” de la institución. Pero las dependencias son: las secretarías de Hacienda y la de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). La SEP, no.
Lo notable es que el Programa Nacional de Educación Superior (Prones) tampoco incluye a la UNRC en el trabajo intersectorial. Sí, una de sus estrategias es “Fortalecer la coordinación e integración intergubernamental e interinstitucional del Sistema Nacional de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación” (Estrategia 4.2).
Sin embargo, las líneas de acción únicamente se refieren a una coordinación para impulsar la investigación en la educación superior, o bien en los programas de posgrado o en las becas y cobertura para este mismo nivel educativo. Nada más.
En fin, en próxima entrega examinaremos los respectivos documentos programáticos; por lo pronto vale la pena notar que la coordinación intersectorial de la APF es y será parcial.
Pie de página: El Programa Nacional de Población 2026-2030 también tiene importantes implicaciones. Por ejemplo, las tendencias demográficas y su impacto en el Sistema Educativo Nacional. Pendientes.