Alejandro Canales
UNAM-IISUE/PUEES
@canalesa99.bsky.social
(Publicado en Campus Milenio No. 1153, septiembre 3 de 2026, pág. 4)
A la memoria de Roberto Rodríguez
El primer día de su mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum enlistó un centenar de compromisos para su periodo de gobierno. Después alineó el Plan Nacional de Desarrollo y las metas de los programas sectoriales.
En materia de educación superior se comprometió a abrir: 300 mil nuevos espacios. La meta está al alcance y es perfectamente posible, salvo que ocurriera algo extraordinario. Incluso si se añaden los 30 mil lugares que luego distribuyó la presidenta.
Hace casi dos años mencionó: “Son 330 mil lugares nuevos para universitarios en todo el país, y se van a distribuir de esta manera: en la Universidad Nacional ‘Rosario Castellanos’ —así le vamos a nombrar—, son 150 mil espacios nuevos a lo largo del sexenio; en la Universidad de la Salud, 25 mil lugares nuevos; en las Universidades para el Bienestar ‘Benito Juárez’, al menos 40 mil, aunque tiene posibilidad de más; el Tecnológico Nacional de México, 85 mil y en el Politécnico Nacional, 30 mil” (Comunicado 23.10.2024).
De hecho, si en lugar de restringirse a las instituciones mencionadas por la presidenta, se suman todas las instituciones públicas de educación superior (IES), lo más probable es que al finalizar el sexenio, el número de nuevos lugares será mayor al compromiso fijado. ¿Por qué?
Por una parte, considérese que el sistema de educación superior incorporó entre el ciclo escolar 2023-2024 y 2024-2025 a casi 130 mil estudiantes adicionales, tanto en instituciones públicas como privadas. La participación relativa de las primeras es de poco más de la mitad, así que, si se suma al conjunto de instituciones públicas, no solamente las mencionadas por la presidenta, una cifra de 65 mil o 70 lugares anuales sobrepasará los 350 mil al finalizar el sexenio.
Por otra parte, la presidenta en diferentes oportunidades y en distintos lugares, ha insistido en que las universidades públicas deben hacer un mayor esfuerzo para incrementar sus cupos de primer ingreso. Y al menos dos de las principales universidades federales han acusado recibo de la demanda.
Desde el año pasado la UAM estableció un mecanismo de admisión para los egresados del Bachilleres y recientemente declaró que atenderá la convocatoria gubernamental para ampliar la cobertura y “en pleno ejercicio de su autonomía” realizará un proceso extraordinario de admisión para el trimestre 27-1 (Comunicado 24.08.2026).
La UNAM, después de la grave falla con su examen de admisión en línea y casi a la par de la difusión de los resultados del examen de control –cuyas cifras de aceptados difieren de las anticipadas al inicio–, informó que “ofrecerá 2 mil 24 lugares en 66 distintos programas de licenciatura –de las cuatro áreas de conocimiento– a los 16 mil 543 aspirantes que, habiendo presentado el examen de control, no resultaron admitidos en la opción de su preferencia” (Boletín 516/30.08.2026).
Entonces, con un horizonte de cuatro años más, no habrá sorpresa si los nuevos lugares en la educación superior rebasan el compromiso de la presidenta. No obstante, la cobertura y las políticas públicas tienen su complejidad e implican documentos programáticos que cumplir.
El Programa Sectorial de Educación 2025-2030, en lo referente a la educación superior, planteó pasar de una tasa neta de escolarización de 29.3 por ciento en el ciclo escolar 2023-2024 a una de 33 por ciento para el ciclo 2030-2031 (DOF 05.09.2025, pág. 138). Nótese que son casi cuatro puntos porcentuales y se refiere a la “tasa neta”.
A su vez, el Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 (Prones) propone como meta llevar la tasa bruta de cobertura de 45.1 que tenía en 2024 a 55 por ciento para el año 2030. Son casi 10 puntos porcentuales. A diferencia de lo que establece el programa anterior, aquí se trata de la tasa bruta.
¿Da lo mismo una que otra? No. La tasa bruta, como se sabe, se refiere al porcentaje de la población matriculada en educación superior –con independencia de su edad–, con respecto a la población en edad típica de cursarla. Por el contrario, la tasa neta únicamente considera a los jóvenes matriculados que están entre los 18 y 22 años, respecto de ese mismo grupo de edad. Esta última es una medida más precisa de inclusión y por la misma razón tiende a ser menor que la tasa bruta.
Lo sorprendente es que el gobierno federal, para la misma meta, en un programa se refiere a la tasa neta de cobertura y en otro a la tasa bruta. Y todavía es más notable que el reciente informe de labores de la SEP muestra que, al concluir el primer tercio del periodo, no vamos bien. Para el ciclo escolar 2025-2026 la tasa bruta de cobertura es de 46.8 por ciento (SEP, 2026). El cálculo era que este año debía llegar a 48.4 por ciento.
Total, el rezago podría explicar la presión del gobierno federal hacia las instituciones públicas para la admisión de un mayor número de jóvenes y, al mismo tiempo, exhibir las inevitables consecuencias de la falta de recursos financieros para la educación superior.
Se puede persistir en el mismo camino y habrá más lugares. Pero el deterioro en la educación impartida será inevitable, poque los espacios no es lo único.
Pie de página: Aquí mismo examinaremos los otros dos compromisos presidenciales y las cifras del 2do informe de gobierno. Pendientes.