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viernes, 21 de noviembre de 2025

Plataforma de plataformas: ¿formalidad de las microcredenciales?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1116. Noviembre 20, 2025, pág. 4)

 

El arranque de las microcredenciales de carácter público pasó relativamente desapercibido. Sin embargo, la iniciativa, si es algo más que un anuncio, tendrá fuertes repercusiones en la organización de la educación superior, en la oferta de estudios y en la certificación de conocimientos.

 

Al inicio de este mes, cuando el asesinato de Carlos Manzo, el presidente municipal de Uruapan, Michoacán, todavía era noticia destacada en la prensa nacional e internacional, fue desplazada por otro episodio reprobable: el acoso a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP). 

 

Los medios dieron cuenta, en tiempo real, de la vulnerabilidad y el acoso que sufrió la presidenta en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. Y, justo ese mismo 4 de noviembre la mandataria se dirigía, a pie, del Palacio Nacional al edificio de la SEP para presidir una reunión.

 

Se trataba de la “Primera Reunión Nacional de Universidades e Instituciones Públicas de Educación Superior para la Transformación de México”. La reunión fue lo de menos; las notas periodísticas de ese día y los siguientes se concentraron en el acoso a la presidenta.

 

Sin embargo, aunque opacado, el propósito de la reunión era anunciar el lanzamiento de la plataforma informática SaberesMx, encabezada por la SEP y en la que participarán diferentes instituciones nacionales de educación superior (IES), entre ellas la UNAM y el Poli.

 

Lo sorprendente es que el primer punto del mensaje de CSP hacia los directivos universitarios no fue sobre la plataforma, los convocó a realizar “un ejercicio de austeridad republicana”. En otras palabras: la estrechez presupuestal que inició en el sexenio anterior no tiene fin.

 

En este mismo lugar, Roberto Rodríguez y Ramírez del Razo no solamente han documentado el incumplimiento constitucional del fondo especial para garantizar la gratuidad del nivel superior, también han advertido que durante el periodo 2019-2026 el presupuesto federal para este nivel acumula una disminución de 32 puntos porcentuales en términos reales  (Campus Milenio No. 1107). Nada menos.

 

La presidenta también convocó a los titulares de las IES a participar en la plataforma SaberesMx. Un mecanismo para expedir microcredenciales. Estas últimas serán un documento físico o digital que acreditará resultados de aprendizaje obtenidos a través de cursos breves especializados, diseñados por las IES, orientados a facilitar la empleabilidad y la profesionalización de las personas.

 

Las microcredenciales no son desconocidas en el ámbito educativo, desde hace décadas se discuten a la par del aprendizaje a lo largo de la vida. Pero, ciertamente, en los años recientes han tenido un auge mayor, espoleado por la digitalización y la contingencia sanitaria. La plataforma Coursera, el Tec de Monterrey y la Utel, por ejemplo, ya lo hacían. Lo novedoso es que ahora será una política nacional, respaldada por instituciones públicas.

 

No hay un consenso sobre lo que representan las microcredenciales. La definición de la UNESCO destaca que el aprendizaje logrado corresponde a un tema específico, que se realiza una evaluación estandarizada por una institución certificadora reconocida y que el logro del estudiante es utilizable por sí mismo, aunque también es posible acumular múltiples microcredenciales (UNESCO. Short courses, micro-credentials, and flexible learning pathways: A blueprint for policy development and action, 2023).

 

El secretario de Educación, Mario Delgado, en la reunión de presentación, apuntó que la educación permanente debe ser un derecho. El video promocional destaca: “Lanzamos SaberesMx, la gran plataforma de plataformas, pública, gratuita, abierta a las personas de todas las edades”.

 

Por su parte, el subsecretario de Educación Superior, Ricardo Villanueva, en la misma reunión, anotó que SaberesMx busca ser un “instrumento de movilidad social y un ecosistema abierto de aprendizaje para democratizar el acceso al conocimiento” e interpeló a los directivos universitarios: “Ustedes pongan los contenidos y hacemos trato”.

 

Según lo anunciado, el primer curso debió iniciar este 17 de noviembre y sería sobre “Prevención de Adicciones”. Lo notable es que, al cierre de esta edición de Campus, la plataforma de plataformas era inexistente.

 

Solamente está en operación “El Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial” (www.labmexia.gob.mx) o la página electrónica de la SEP @prende.mx, con fines similares y que, por cierto, también ofrece el curso en línea de “Prevención de las Adicciones” (cursos.aprende.gob.mx/).

 

Lo más probable es que en algún momento SaberesMx estará disponible y tendremos mayores elementos para valorarla. Por lo pronto, la formalidad no es una de sus virtudes. Sin embargo, no cabe duda: la gratuidad de los títulos universitarios no está ni estará garantizada, pero sí las microcredenciales. Lo mejor es que el contenido de la opción “b” será responsabilidad de las mismas IES. Seguimos.

 

Pie de página: A partir del 2019, dice la ANUIES, el recorte presupuestal para las universidades ya suma más de 50 mil millones de pesos y contando…// La llamada marcha de la generación Z sigue retumbando.

jueves, 20 de febrero de 2025

Semiconductores: ¿el Castillo Kutsari y el retorno?

 

Alejandro Canales

UNM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1079. Febrero 2, 2025, pág. 4)

 

El motivo fue la presentación de lo que será el Centro de Diseño de Semiconductores. Un proyecto encomendado a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) que busca incursionar en toda la cadena de valor de los semiconductores. Es decir, diseñarlos, fabricarlos y llevarlos hasta el usuario final.

 

Ahí estaban, en Palacio Nacional, en la conferencia de prensa del pasado 6 de febrero, funcionarios y miembros de la comunidad científica nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum los anunció como un “grupo muy nutrido” que la acompañaba esa mañana.

 

Y sí, estaba el coordinador del proyecto de semiconductores y director de Innova Bienestar, Edmundo Gutiérrez Domínguez, pero también directivos y personal de instituciones académicas, como el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (Inaoe), el Centro de investigación en Materiales Avanzados (Cimav), la UNAM, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), el IPN, entre otros. En conjunto, sumaban poco más de una docena.

 

No tendría nada de particular la presencia de personas relacionadas con el ámbito científico y tecnológico en un proyecto gubernamental. Después de todo, se trataba de presentar una iniciativa tecnológica, y lo que cabría esperar era que los participantes fueran especialistas en la materia.

 

Sin embargo, su participación ya no era tan esperable si se recuerda que, en el gobierno anterior, el conflicto y las disputas entre la autoridad y miembros del sector fueron el común denominador.  El camino de la interlocución y la cooperación estaba empedrado de agravios; los puentes de entendimiento con la comunidad quedaron dinamitados.

 

Difícil, muy difícil que el entonces Conacyt, vuelto de espaldas a la comunidad que debía coordinar, pudiera poner en marcha diferentes iniciativas y mostrar buenos resultados. Tal vez ahí esté parte de la explicación de que, a estas alturas, la vacuna Patria contra el Covid-19 siga siendo una intención. Y más o menos ocurrió lo mismo con los diferentes proyectos planteados.

 

¿Ahora viene un punto de inflexión y estamos ante un eventual retorno de la comunidad académica y científica? El proyecto de semiconductores, tanto por su naturaleza como por las instituciones involucradas, es muy acotado para demostrarlo. Faltan las líneas estratégicas del programa sectorial y, muy especialmente, una reforma del marco normativo.

 

Sin embargo, los primeros pasos apuntan en la dirección de retrotraer al sector, como las reuniones con los jóvenes del programa Cátedras, las líneas de atención de la Secretaría, las iniciativas que se buscan impulsar a través de cooperación en red o los nuevos proyectos. Aunque, la fuerza centrípeta persistirá, mientras no se modifiquen las normas.

 

Los semiconductores, cuyo nombre le viene por su conductividad eléctrica intermedia y el tipo de materiales que utiliza para su fabricación, son mejor conocidos como chips. La industria de los semiconductores es fundamental para cualquier tecnología moderna, sea para el desarrollo de los dispositivos electrónicos o para los sistemas de comunicación.

 

La titular de la Secihti precisó que el proyecto se llama Programa Kutsari. La razón: “Porque quisimos utilizar una lengua originaria, por supuesto, y kutsari quiere

decir ‘arena’ en purépecha. Y, bueno, la arena es fundamental en este tema,

porque, por ejemplo, el silicio es uno de los materiales importantes en este

trabajo para crear los dispositivos” (06.02.2025).

 

México tiene una larga experiencia en el terreno de los semiconductores. Las primeras empresas internacionales de semiconductores se instalan desde finales de los años sesenta en Jalisco, como Siemens, Motorola, General Instruments, IBM. No es fortuito que el Centro Tecnológico de Semiconductores del Cinvestav se haya instalado ahí desde los años ochenta.

 

No obstante, una etapa es el diseño, en donde instituciones académicas nacionales tienen experiencia, pero otra es la fabricación y el ensamblaje. La industria de los semiconductores está en expansión y es altamente competitiva, con Taiwán, China, Corea del Sur y Estados Unidos a la cabeza; las exportaciones mundiales suman más de 600 mil millones de dólares y se espera que en este año sean de más de 700 mil. México no figura actualmente en la decena de países líderes en exportaciones de estos dispositivos.

 

El coordinador del Programa Kutsari planteó que se piensan enfocar en el sector de la tecnología tradicional –no en la de alto rendimiento--, en el mercado local y planean cubrirlo para el año 2030. El mismo coordinador tiene presente que para la etapa de fabricación, la más costosa de la cadena, tienen considerado la participación del sector privado para montar una fábrica.

 

En fin, el proyecto Kutsari puede ser un castillo de arena más en el paisaje nacional o un castillo con bases firmes de cooperación entre diferentes sectores. Lo insoslayable será el nivel de inversión para ponerlo en marcha. Ya lo constataremos en el periodo.

 

Pie de página: La iniciativa de reforma a los artículos 4º y 27 de la Constitución Política, sobre conservación y protección de los maíces nativos, seguriá en suspenso en el Congreso.

jueves, 3 de octubre de 2024

La responsabilidad universitaria y la velocidad del cambio tecnológico

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE

@canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1062. Octubre 3, 2024. Pág. 4)

 

Los avances tecnológicos nos sorprenden y nos inquietan cada vez más. La Inteligencia Artificial (IA) es la novedad más reciente, de forma especial cuando se abrió al público el famoso ChatGPT al final del 2022 y se convirtió en una herramienta que podía reemplazar el trabajo de los humanos. Pero no es la única y seguro no será la última.

 

El acelerado desarrollo tecnológico tiene sus apologistas que están pendientes de los desarrollos más recientes y piensan que nos conducen a un progreso sin retorno. También están los detractores, no son unos luditas del siglo XXI, pero sí tienen sus reservas sobre sus implicaciones y prefieren mantenerse relativamente al margen de estos dispositivos.

 

Sin duda la tecnología está cambiando nuestras vidas y no podemos sustraernos a sus efectos. Pero ¿la universidad tiene algo qué hacer o decir en esas circunstancias? El tema tiene múltiples aristas y todas ellas son relevantes. Tal vez la universidad podría plantearse dos grandes perspectivas sobre el tema. Una que enfatiza el tema desde el interior y para la propia institución, para orientar, adaptar, regular e innovar su desarrollo frente a los avances científicos y tecnológicos.

 

Aquí la universidad intenta responder qué herramientas tecnológicas son imprescindibles y cómo incluirlas en el desarrollo de sus actividades sustantivas para tener mejores resultados. O bien, qué innovaciones y cuáles contenidos tecnológicos no pueden estar ausentes en una formación profesional universitaria. Esta visión es necesaria, pero tal vez no es la que más le preocupa a la sociedad.

 

Otra perspectiva podría centrarse en las implicaciones que tiene el cambio tecnológico para la universidad, pero sobre todo para la sociedad en su conjunto. Una reflexión a este respecto es parte de la responsabilidad social que le corresponde a la universidad. Como lo indicó la Conferencia Mundial de Educación Superior en el 2009, la institución podría desempeñar un papel anticipatorio, “para prever y alertar a la sociedad sobre tendencias emergentes e, idealmente, ayudar a prevenir crisis importantes antes de que sucedan”.

 

La responsabilidad social universitaria no es una novedad, es consustancial a sus funciones, porque su principal actividad es razonar, pensar, criticar. Como decía Ortega y Gaset cuando planteó la misión de la universidad hace casi un siglo: “Necesita también contacto con la existencia pública, con la realidad histórica, con el presente, que es siempre un integrum”. O, como después se destacó: “la universidad como conciencia crítica de la sociedad”.

 

Sin embargo, con el desarrollo tecnológico ocurre algo contradictorio, sus cambios son cada vez más cortos y rápidos, y nosotros no vamos a la misma velocidad. Pero tal vez nosotros y la universidad no tendríamos ni deberíamos ir a la misma velocidad.

 

En el libro de Peter H. Diamandis y Steven Kotler “El futuro va más rápido de lo que crees”, explican por qué ahora el desarrollo tecnológico es más rápido y la aceleración es mayor. Los autores dicen que se debe a tres factores: 1) el crecimiento exponencial de la potencia de cálculo de las computadoras y de todas las tecnologías; 2) las tecnologías que se encuentran en plena aceleración y que convergen con otras tecnologías; y 3) una especie de amplificador de fuerzas (tiempo, capital, nuevos negocios, etc) que tiene un «efecto de segundo orden» para acelerar la innovación.

 

El problema es que, también dicen los autores, en términos históricos el cerebro humano evolucionó en un entorno local y lineal, pero ahora vivimos en un mundo global y esponencial. Son optimistas y sugieren anticiparnos a lo que viene, utilizar la convergencia de tecnologías en todos los ámbitos, sea el comercio, la publicidad, la educación, la medicina, etcétera. Incluso piensan que la aceleración tecnológica es como parte de un viaje continuo hacia la abundancia y será accesible para todos.

 

Sin embargo, lo cierto es que las cosas no son tan sencillas ni ocurre de la misma forma para todos, no solamente es progreso. La inescapable desigualdad está presente, la brecha digital entre los hiperconectados y los que no tienen acceso lejos de acortarse, cada vez se separa más. Pero no es lo único.

 

El desarrollo tecnológico también es un trastocamiento de nuestra vida cotidiana, los hábitos de consumo, de esparcimiento, laboral, de todo nuestro sistema de vida. Y aquí es donde las universidades pueden ser esa conciencia crítica de la sociedad, vigilante de los fenómenos emergentes y prever tendencias. Una labor que, sin embargo, debe realizarla en medio de varias tensiones, como la presión para que responda y cambie al mismo ritmo que la tecnología, o bien, la organización y el sistema en el que funciona la universidad. No es poco.

 

Pie de página: comienza el nuevo periodo de gobierno y la primera decisión es el nombre y la estructura administrativa de la nueva secretaría de ciencia. Atentos.

Nota:  

viernes, 4 de agosto de 2023

El vértigo de la tecnología en la educación

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1006. Agosto 3, 2023, pág. 4)

 

Un reciente informe de la Unesco dice que resulta difícil llevar a cabo una evaluación del uso de la tecnología en la educación. En parte por la velocidad con la que ocurren los cambios en ese terreno: actualmente los productos de tecnología educativa cambian alrededor de cada año y medio. Pero también porque los estudios que existen proceden de países de altos ingresos y son auspiciados por las propias empresas de tecnología.

 

Durante décadas, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la utilización de la televisión con fines educativos fue una de las mayores innovaciones tecnológicas. La experiencia en México y en otras partes del mundo fue exitosa. Luego, desde los años ochenta y con mayor énfasis en la década siguiente, la computadora hizo su aparición en las escuelas, primero en las de nivel superior y luego en los otros niveles.

 

A la par vino el desarrollo de software educativo, la digitalización de contenidos, los procesadores de texto, otros dispositivos tecnológicos, como los pizarrones electrónicos, los proyectores o el acceso a internet. La situación ya no fue tan sencilla. En aquel entonces se les denominó Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación. Hoy, tras más de dos décadas de circulación, ya muy pocos les llama “nuevas”, aunque siguen las novedades.

 

Algunos estudios sobre el impacto de las tecnologías en la educación destacaron sus efectos positivos; otros señalaron que no había diferencias sustanciales. Sin embargo, casi todos coincidían en dos aspectos: cualquier dispositivo tecnológico o programa no era relevante por sí mismo, lo importante era su vinculación con el aprendizaje y el papel del profesor; los sectores socialmente más desfavorecidos estaban en desventaja, el acceso no era igual para todos y todas.

 

La reciente contingencia sanitaria a nivel mundial nos mostró en tiempo real la desigualdad en el acceso a la tecnología en el ámbito educativo. Según el informe de Unesco  (Technology in education: a tool on whose terms?), el aprendizaje a distancia llegó a menos de la mitad del total de estudiantes en el mundo y quedaron fuera alrededor del 72 por ciento de los estudiantes más pobres. Las dificultades se concentraron principalmente entre la educación elemental y la media superior, tanto por la falta de una tecnología necesaria como por la ausencia de políticas para resolverlas.

 

Las estrategias que siguieron los países para continuar sus procesos educativos en el periodo de pandemia fueron variadas, la mayoría diferenciadas conforme el desarrollo económico de la nación y por nivel escolares. Las plataformas informáticas en línea fueron las más utilizadas --en especial por las naciones de mayores ingresos y principalmente en la educación superior--, luego la televisión, los materiales impresos, los teléfonos celulares y en última instancia la radio.

 

Las evidencias muestran que la contingencia sanitaria aceleró todavía más el uso de la tecnología en todos los ámbitos. Lo perturbador es que el ritmo de acceso a la tecnología no avanza de la misma forma para todos los sectores, las desigualdades se han hecho más notables y en el terreno educativo apenas vislumbramos sus efectos.

 

Algunas evidencias de evaluaciones a gran escala han mostrado que si se abusa de las TIC puede tener un efecto contraproducente en el aprendizaje. El uso creciente de computadoras, tabletas y teléfonos celulares en las aulas es irrefrenable y no necesariamente se utilizan con fines educativos. Según el mismo informe de Unesco, la evaluación de PISA del 2018 mostró que únicamente alrededor del 10 por ciento de los jóvenes de 15 años de medio centenar de naciones participantes, usaron dispositivos digitales por más de una hora a la semana para lecciones de matemáticas y ciencia (pág. 68).

 

En fin, como destaca el informe, la disposición de contenidos educativos en línea ha crecido desmesuradamente, pero sin mucho control sobre su calidad y diversidad. La educación superior es la que ha experimentado cambios más drásticos. El problema es la asimetría que generalmente se ha provocado, porque los beneficios de la tecnología en la educación son mayores para los países de altos ingresos y para quienes tienen el capital cultural necesario.

 

El problema es que no terminamos de conocer los efectos de la tecnología digital y programas anteriores, cuando ya están tocando a la puerta otras novedades. Lo más reciente es la utilización de la inteligencia artificial en las escuelas y las especulaciones de si podremos prescindir de las interacciones humanas en la educación. Sin embargo, el vértigo producido por la tecnología digital, en naciones como la nuestra, literalmente palidece frente al debate sobre la impresión rotunda de millones de libros de texto gratuitos.

 

Pie de página: Marc Tessier-Lavigne, titular de la Universidad de Stanford, abandonará su posición al final de este mes, luego de comprobarse irregularidades en su labor de investigación. // Al final del mes pasado, la Secretaría de la Función Pública cerró el expediente en contra del director del CIDE. // El amparo promovido por FIMPES obtuvo una resolución favorable de un juez y los investigadores de instituciones particulares continuarán recibiendo el apoyo del SNI.