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viernes, 5 de diciembre de 2025

La Corte y la ilusión rota de la gratuidad de la educación superior

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1118. Diciembre 4, 2025, pág. 4)

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), en su nueva etapa y composición, confirmó un amparo promovido por una estudiante de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que se inconformó por el cobro de inscripción en un programa de maestría.

 

Una resolución que no solamente implica la protección jurídica del derecho a la educación superior en una institución pública, como lo indicó la Corte (Comunicado 270/2025). El asunto también nos recuerda que sigue pendiente cómo garantizar ese derecho y la delimitación del alcance de la gratuidad en el nivel superior.

 

El antecedente normativo es la reforma del artículo 3º constitucional de mayo del 2019 que, a la gratuidad y obligatoriedad de la educación básica y media superior, añadió la educación superior. Desde entonces, según la Constitución, todas las personas tienen derecho a la educación en todos los niveles educativos.

 

A su vez, la Ley General de Educación Superior (LGES), para el caso de la gratuidad, precisó que la referencia era a todas las acciones promovidas por el Estado para “eliminar progresivamente los cobros de las instituciones públicas de educación superior a estudiantes por conceptos de inscripción, reinscripción y cuotas escolares ordinarias, en los programas educativos de técnico superior universitario, licenciatura y posgrado, así como para fortalecer la situación financiera de las mismas, ante la disminución de ingresos que se observe derivado de la implementación de la gratuidad” (artículo 6, fracción VIII).

 

Además, la misma ley previó un mecanismo para compensar la pérdida de ingresos de las instituciones derivada de la eliminación del cobro de cuotas: la creación de un Fondo Federal Especial en el Presupuesto de Egresos de la Federación para asegurar los recursos económicos para la obligatoriedad y gratuidad, así como la plurianualidad de la infraestructura institucional (artículo 64).

 

A este mecanismo se le conoce como el fondo de la gratuidad e incluso, en previsión de interpretaciones erróneas sobre esos recursos adicionales, la ley puntualizó que esos montos serían anuales y no se podían considerar “en ningún caso, como sustitutivos, parcial o totalmente, de los montos correspondientes a los recursos ordinarios” (artículo 64, segundo párrafo).

 

De hecho, anticipándose a las posibles dificultades presupuestales, la norma precisó que sería una transición gradual hacia la gratuidad, pero no se incumpliría lo establecido en el artículo 3º constitucional, ni se afectarían las finanzas de las instituciones públicas de educación superior.

 

La intención y el cálculo parecían correctos. Sobre todo porque los mecanismos o recursos para “dar cumplimiento progresivo a la obligatoriedad del Estado” y a la implementación de la gratuidad de la educación superior tendrían lugar a partir del ciclo escolar 2022-2023 (artículo tercero transitorio, fracciones I y II).

 

En este marco legal, con justa razón, Nelly Mariella Reyna Mendoza, estudiante de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), promovió un juicio de amparo indirecto el 17 de marzo del 2022 en contra del cobro de su inscripción a la Maestría en Metalurgia e Ingeniería de Materiales impartida en esa institución.

 

Las autoridades de la Universidad argumentaron que tenían facultades para ese cobro porque correspondía al ciclo escolar 2021-2022 y la ley indicaba que la progresión de la gratuidad sería implementada a partir del ciclo 2022-2023. Sin embargo, un juez de distrito le concedió el amparo a la alumna.

 

A su vez, los funcionarios universitarios interpusieron un recurso de revisión, el litigio se alargó y, al final, un tribunal colegiado concluyó que el asunto debía ser remitido a la Suprema Corte para que resolviera en definitiva.

 

La ponencia del amparo en revisión quedó a cargo de la ministra Yasmín Esquivel Mossa y la resolución fue a favor de la alumna Reyna Mendoza (Proyecto 305/2025). El pleno de la Corte, salvo los votos en contra de los ministros Irving Espinosa Betanzo y Giovanni Figueroa Mejía, confirmó el amparo.

 

(No es la primera vez que la Corte debe pronunciarse al respecto; en febrero de este año dictaminó en sentido opuesto un caso similar en la UNAM, pero tiene otras derivaciones que abordaremos en otra entrega).

 

Hasta aquí todo parece correcto y apegado al marco legal. El mayor problema es que no todo siguió lo que marca la ley. En especial, el gobierno federal soslayó su responsabilidad porque nunca creó el fondo especial para la gratuidad: no lo hizo en el 2022 y no lo ha hecho hasta hoy.

 

La pinza se cierra por el lado de las instituciones de educación superior, pero queda abierta por el lado gubernamental. El efecto será doble: afectará las finanzas institucionales y la garantía constitucional de gratuidad de la educación superior seguirá siendo una ilusión rota.

 

Pie de página: El conflicto suscitado en el CIDE escaló rápidamente y se apagó de la misma forma, el primer descolocado debió ser el propio director del Centro. ¿Se habrá enterado de que el Conahcyt no existe más? // Falta constatar la distribución de los 2 mil 500 millones de aumento en el presupuesto para ciencia y tecnología del año próximo, pero no compensarán el déficit que arrastra el sector.

jueves, 23 de mayo de 2024

La ley en su laberinto

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio. No. 1044. Mayo 16, 2024. Pág. 4)

 

El asunto concluirá cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se pronuncie al respecto, pero la Corte tiene sobre el escritorio más de 300 acciones de inconstitucionalidad acumuladas que debe resolver y el expediente de la ley general de ciencia es uno más.

 

La situación es peculiar con la Ley General en Materia de Humanidades Ciencias, Tecnologías e Innovación (LGMHCTI): está vigente desde hace un año, pero la disputa sobre su validez constitucional persiste y todo parece cada vez más enredado. Unos festejan el aniversario, otros exhortan a resolver la impugnación y nada se resuelve.

 

Al inicio, el diseño de la ley ciencia parecía un trámite sencillo que solamente requería algo de capacidad técnica, sensibilidad y ciertas habilidades de operación política. Nada extraordinario. Sin embargo, de mayo de 2019 a diciembre del 2020, un lapso de un año y medio, no fue suficiente para tener lista ley. El periodo lo estableció un artículo transitorio de la reforma del artículo 3º constitucional del 2019, tanto para la ley de educación superior como para la de ciencia.

 

La Ley General de Educación Superior estuvo lista en tiempo y forma. Otro fue el caso con la ley de ciencia. Los conflictos entre autoridad y comunidad fueron recurrentes, las posturas se radicalizaron, el plazo se venció y no hubo ningún acuerdo sobre la nueva ley. Todavía más, se sumaron otros dos años y medio más para acordar la nueva ley, pero tampoco fue suficiente.

 

Al final quedó aprobado el proyecto de la autoridad sectorial y ese es el que está en vigor desde el 8 de mayo del 2023 (DOF 08.05.23). Sin embargo, la inconformidad no desapareció y es una ley que no tuvo ni tiene el consenso de la comunidad. Todavía peor, a la falta de respaldo se añadieron serias irregularidades en el proceso legislativo que llevó a su aprobación.

 

Aquí mismo dimos cuenta de lo que ocurrió en esa atropellada y extendida sesión del Congreso, justo al cierre del periodo de sesiones el año pasado (Campus 1008). De ahí se derivó la impugnación a la nueva ley y la acción de inconstitucionalidad que presentaron legisladores de oposición.

 

Sin embargo, un año después, la Corte no ha dicho nada. Hace dos semanas un despacho de abogados y miembros de la comunidad científica presentaron una excitativa a la SCJN, para “poner de nuevo en la agenda de la Suprema Corte la deliberación de si precisamente la ley es inconstitucional o constitucional” (Milenio 01.05.2024).

 

La autoridad, con independencia de lo que pudiera decir la Corte, organizó un foro para celebrar el primer aniversario de la nueva ley, según dijo, para “ahondar sobre las oportunidades y perspectivas a futuro que envuelven las políticas de humanidades, ciencias, tecnologías e innovación soberana para el bienestar (HCTI), fundamentadas en dicho marco jurídico que ubica a México a la vanguardia internacional en la materia” (Comunicado 526/2024).

 

En el foro también participó la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, quien pasó a forar parte de la junta de gobierno del Conahcyt a raíz de lo que ahora dispone la nueva ley general de ciencia. Pidra Ibarra dijo, entre otros aspectos que la norma se presenta “ante la ausencia de políticas públicas efectivas para la promoción y ejercicio del dereho a la ciencia por y para el pueblo, y que han no se han superado por completo los retos de presencia de desinformación o de noticias falsas” (Comunicado 154/2024).

 

La Corte no ha declarado nada, ni sobre la reciente excitativa recibida ni sobre el año que ya transcurrió desde que le fue presentada la acción de inconsttiucionalidad. Incluso tampoco se dio por enterada cuando Santiago Creel, en agosto del año pasado, expresidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, le solicitó que atendiera el expediente de la ley de ciencia con “carácter prioritario”.

 

El problema es que la Corte tiene 319 casos que resolver sobre acciones de inconstitucionalidad, el de la ley general de ciencia es el número 225 y no hay ninguna certeza de cuando podría hacerlo. La ley de ciencia forma parte de un paquete, pero si fuera por orden de presentación hay un centenar de expedientes antes y el de mayor antigüedad es uno del 2018 sobre límites territoriales entre Jalisco y Nayarit.

 

En fin, si la Corte se pronunciara en las próximas semanas o meses, lo más probable es que deba reponerse el proceso legislativo y seguramente no lo hará esta legislatura con su Comisión Permanente, sino la próxima legislatura a partir del mes de septiembre. ¿Qué harán los legisladores? Eso dependerá del laberinto de integración del próximo Congreso. Y la puerta de salida será uno de los resultados de las elecciones del mes próximo. Nada más y nada menos.

 

Pie de página: Mal inició esta semana: falleció el profesor Olac Fuentes Molinar, un referente indudable en el campo de la educación. Brillante, políticamente muy sagaz, incomparable su sentido del humor y formador de muchas generaciones, la mía entre ellas. Un verdadero maestro. Descanse en paz.

viernes, 19 de enero de 2024

La Corte, los pendientes y la prioridad de la ley general de ciencia

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 1027. Enero 11, 2024)

Al menos desde hace dos meses la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha centrado la atención pública. Los vértices de la discusión son muy variados, está el equilibrio de poderes, los desacuerdos con las decisiones de la Corte, los procesos de designación de los ministros o sus sueldos y prestaciones, entre otros.

 

Sin embargo, la materia misma de la Corte y los asuntos pendientes de resolución no parecen preocupar mucho ni reciben la atención debida. Suman miles y uno de ellos es la legalidad o no de la nueva ley general del sector científico y tecnológico que fue aprobada en mayo del año pasado.

 

El reciente interés sobre la Corte inició con la carta de renuncia que le presentó el ministro Arturo Zaldívar al presidente López Obrador, cuando le restaba todavía un año para su retiro, misiva hecha pública el pasado 7 de noviembre (Milenio Diario. 10.11.2023). Luego apareció el diferendo entre ministros por los pendientes y las cargas de trabajo asignadas.

 

¿Usted lo recuerda? La ministra Loretta Ortiz Ahlf, al final del mes de noviembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara dijo que el ministro Arturo Zaldívar había dejado muchos asuntos pendientes en la Primera Sala (Milenio Diario. 27.11.2023).

 

En respuesta, a través de la red social “X”, antes Twitter, el ministro Zaldívar sostuvo que esa afirmación era “incorrecta”, porque, afirmó, a él le turnaron “más de una cuarta parte de los asuntos de la Sala, esto es 411 asuntos, 102 asuntos más que al ministro que me sigue en números de casos turnados” y añadió que más bien la ministra Ortiz, cuando cambió de Sala, dejó 14 expedientes más de los que él había dejado pendientes a su renuncia. (“X” 27.11.2023).

 

La ministra Loretta Ortiz replicó por la misma red social que, en realidad, con base en información de las cargas estadísticas de la propia Corte, ella tenía 89 asuntos a su cargo y solamente había dejado 32 asuntos sin proyecto cuando cambió de Sala, mientras que el ministro Zaldívar, de los 169 expedientes, había dejado pendientes 148. Y finalizó: “no dejé 14 expedientes más que el ministro, sino 116 menos” (“X” 27.11.2023).

 

Nos podemos extraviar en seguir los números, pero sí dan una idea del volumen de asuntos y distribución de trabajo y la Corte publica sus estadísticas. Las 11 ministras y ministros que integran la Corte laboran en dos Salas; cinco en una y cinco en la otra. La persona que se hace cargo de la presidencia no se integra a ninguna de las Salas. La ministra Ortiz cambió de Sala a la renuncia de Zaldívar.

 

 

Actualmente, después de que el Senado no eligiera a ninguna aspirante de dos ternas sucesivas enviadas por el ejecutivo federal, este último designó directamente como ministra a Lenia Batres. Tal vez, por el número de asuntos pendientes, en una de sus primeras declaraciones a la prensa, cuando tomó posesión del cargo el 4 de enero del 2024, la nueva ministra se quejó sobre los 93 expedientes que le fueron turnados. Más o menos una carga promedio.

 

Uno de los cientos de casos a resolver por la Corte son las dos demandas de acción de inconstitucionalidad de la Ley General en materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, para determinar si es una ley válida o no. Según información oficial, la primera demanda fue interpuesta el 6 de junio del 2023 por senadores opositores y una segunda, al día siguiente, por el bloque de diputados de oposición (SPR. 21.08.2023).

 

Además, como lo indicamos en su momento, el anterior presidente de la Mesa Directiva de los diputados, Santiago Creel, en agosto pasado, antes de abandonar su posición y en uso de sus atribuciones, solicitó a la Corte resolver de forma prioritaria el asunto de la ley general de ciencia (Boletín 4777).

 

El procedimiento implicaba que, una vez enterada de la solicitud, la Corte primero tenía que determinar si lo atendería de forma prioritaria y luego vendría la elaboración de la correspondiente resolución. El primer trámite quedó asignado al entonces ministro Zaldívar y ese fue uno de los tantos asuntos pendientes que dejó al renunciar. ¿El expediente pasó a manos de la ministra Ortiz o de la ministra Batres?

 

No se ha hecho público qué expedientes tienen asignados una y otra ministra. Sin embargo, lo cierto es que el expediente no ha tenido prioridad y no se ve cuándo podría quedar resuelto. La Corte tiene miles de casos para dictaminar y también sigue sus tiempos.

 

Además, si la Corte resolviera pronto sobre la ley de ciencia y resulta que se debe reponer el proceso legislativo, el periodo ordinario de sesiones del Congreso termina en abril y luego en junio son las elecciones federales. La composición parlamentaria cambiará. En resumidas cuentas, es posible que la incertidumbre sobre la ley general de ciencia tampoco se disipe en este año. No, no parece un asunto prioritario.

 

Pie de página: el pasado 29 de diciembre se publicaron en el DOF las nuevas reglas de operación del programa de becas de posgrado y del Sistema Nacional de Investigadores. Son disposiciones normativas para precisar a quién se dirigen y cómo se distribuyen esos programas.