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jueves, 15 de enero de 2026

El efecto Trump en la cooperación internacional

 

Alejandro Canales

UNA-IISUE/PUEES

canalesa99@bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1122. Enero 15, 2026)

 

El impacto más visible de las acciones desplegadas por el gobierno estadounidense es de orden político y económico. Pero, como lo anotamos aquí mismo la semana pasada, también incluye el campo educativo, así como el científico y tecnológico. Los efectos en estos campos no son altamente visibles, ni serán inmediatos; sin embargo, sus repercusiones serán hondas y derrumbarán el liderazgo de los Estados Unidos.

 

Desde hace un año, el presidente Trump expresó su intención de modificar el régimen y la organización de la cooperación internacional. ¿Lo recuerda? El 4 de febrero de 2025 expidió la Orden Ejecutiva 14199 para anunciar el escrutinio estadounidense de algunas instituciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la finalización de sus aportaciones financieras; también para hacer una revisión exhaustiva de su membresía en múltiples organismos intergubernamentales.

 

En particular, aparte de revisar su participación en la Comisión de Derechos Humanos y en el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, anunció que consideraría su membresía en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

 

La Unesco es una institución emblemática de cooperación internacional en la materia: desarrolla estándares internacionales; establece marcos normativos como punto de referencia; proporciona respaldo técnico; promueve el trabajo en red; y ofrece orientación de políticas públicas, entre otras actividades. Los argumentos para retirarse de la Unesco, según la Orden Ejecutiva, se debían a la incapacidad de la institución para reformarse, el sentimiento antiisraelí expresado a lo largo de la última década y su despreocupación ante sus crecientes retrasos.

 

El 22 de julio de 2025, transcurrido el plazo para revisar la participación de Estados Unidos en la Unesco, el gobierno le comunicó oficialmente a la directora de la institución, Audrey Azoulay, su separación “porque no redunda en el interés nacional” (Aquí se puede consultar: t.ly/wrX53).

 

A su vez, el mismo día de la comunicación, la directora de la Unesco y el secretario general de la ONU, António Guterres, lamentaron la decisión, pero también señalaron que era algo previsto y que se habían preparado para el acontecimiento. Por ejemplo, puntualizaron que la contribución financiera de Estados Unidos a la organización en 2017 representaba alrededor de una cuarta parte de los fondos, mientras que en el presente es de 8 por ciento.

 

El retiro estadounidense de la Unesco no es algo excepcional: es la tercera vez que ocurre. Lo hizo en 1984, durante la presidencia de Ronald Reagan, y de nueva cuenta en 2017, en el primer periodo del presidente Trump. Entonces, ¿no tendrá grandes efectos? Sí los habrá.

 

Por una parte, en el terreno geopolítico, está en marcha una disputa por la definición de las esferas de control y expansión regional, el reconocimiento como potencia hegemónica y la formación de bloques. Al final habrá una nueva agrupación de naciones, pero, sobre todo, habrá limitaciones a la cooperación internacional y a los intercambios de diverso tipo.

 

Por otra parte, no solamente está en juego la separación estadounidense de la Unesco. Al inicio de este mes, el presidente Trump dirigió un memorándum a los funcionarios consulares para indicarles que, una vez revisada la lista de organismos intergubernamentales en los que participa Estados Unidos, había decidido retirarse de forma inmediata de más de 60 organismos, porque seguir siendo miembro u ofrecerles respaldo financiero “es contrario a los intereses de los Estados Unidos” (Aquí se puede ver el memorándum: https://shorturl.at/XlFWx).

 

Suman 31 organismos de la ONU, adicionales a la Unesco, entre ellos la Cepal, el Instituto de Formación e Investigación y el Programa de Colaboración para la Reducción de Emisiones de la Deforestación y la Degradación Forestal en los países en desarrollo. Y otros 35 organismos que no pertenecen a la ONU, pero que realizan cooperación en diversas áreas, como la ecología, el cambio climático, la justicia, la formación terciaria o la investigación científica.

 

Es decir, Estados Unidos tiene un reconocido liderazgo en diversas materias, entre ellas, algunas áreas de investigación científica y tecnológica. Sin embargo, si renuncia a ese reconocimiento y se automargina de los esfuerzos colectivos, paulatinamente disminuirá su peso relativo. Incluso, como lo muestran los datos, China está en franco ascenso en los indicadores de productividad científica (volveremos sobre este tema).

 

Otro elemento más del efecto Trump en el ámbito académico y científico se refiere a la limitación de los flujos internacionales de estudiantes e investigadores. La medida inició el año pasado y se profundizará en lo que resta de su periodo de gobierno. Insistiremos sobre este tema con los datos correspondientes.

 

Por ahora, vale la pena destacar un reciente memorándum del Departamento de Estado –equivalente a una Secretaría de Relaciones Exteriores- que dio a conocer el portal de noticias “Fox News” (https://shorturl.at/1pB4s). Ahí se ordena a los funcionarios consulares que rechacen, o pongan en pausa, las visas de 75 países, “mientras el departamento reevalúa los procedimientos de detección y verificación de los solicitantes”.

 

La medida que entraría en vigor la semana próxima incluye, según la información de Fox News, a varios países de América Latina, entre ellos Belice, Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala, Nicaragua y Uruguay. La acción no está confirmada de forma oficial, pero si se implementa, tendrá un efecto notable en la reconsideración de Estados Unidos como polo de atracción de talentos y en la reconfiguración de la cooperación internacional. Retornaremos en próxima entrega sobre este asunto.

 

Pie de página: El rector de la Universidad Autónoma de Campeche, José Alberto Abud Flores, fue detenido por la policía estatal, acusado de posesión de drogas, precisamente cuando está por realizarse la elección para un siguiente periodo de titular. Está por verificarse el desenlace, pero el tinte político es inocultable. ¿Ocurrirá lo mismo que pasó en la Universidad Veracruzana? Lo constataremos. Atentos.

jueves, 8 de enero de 2026

La realidad aumentada de la doctrina Monroe

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

canalesa99@bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1121. Enero 8, 2026, pág. 4)

 

Después de dos siglos, una nueva versión de los principios de política exterior que formuló el entonces presidente estadounidense James Monroe en 1823 trastocará las relaciones entre naciones y el orden mundial.

 

El contexto de las primeras décadas del siglo XIX, cuando James Monroe buscaba afianzar la independencia de los Estados Unidos, estaba marcado por el anticolonialismo en este continente y el establecimiento de límites al intervencionismo europeo en América. Hoy, en el primer cuarto del siglo XXI el mundo es otro y otras son las implicaciones de las acciones en curso.

 

El 2 de diciembre de 1823, el presidente Monroe, en un largo discurso ante el Congreso (aquí se pueden ver los fragmentos: t.ly/rciFW), anotó el principio de no intervención: “En las guerras de las potencias europeas por asuntos de su incumbencia nunca hemos tomado parte, ni comporta a nuestra política el hacerlo. Solo cuando se invadan nuestros derechos o sean amenazados seriamente, responderemos a las injurias o prepararemos nuestra defensa”.

 

También previó la separación de hemisferios: “El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente diferente en este respecto al de América […] Debemos, por consiguiente, al candor y a las amistosas relaciones existentes entre los Estados Unidos y esas potencias, declarar que consideraremos cualquier intento por su parte de extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad”.

 

A la vez, advirtió sobre la independencia de las colonias: “Con las colonias o dependencias existentes de potencias europeas no hemos interferido y no interferiremos. Pero con los gobiernos que han declarado su independencia y la mantienen… no podríamos ver cualquier interposición para el propósito de oprimirlos o de controlar en cualquier otra manera sus destinos, por cualquier potencia europea, en ninguna otra luz que como una manifestación de una disposición no amistosa hacia los Estados Unidos”.

 

Desde entonces, los principios han sido reinterpretados y aplicados de forma distinta, según la época y las circunstancias, pero se conocen como la doctrina Monroe. En algunos casos se resumen con una frase: “América para los americanos”. Aunque algunos historiadores sostienen que el significado y los propósitos de la doctrina se elaboraron más bien a lo largo del siglo XIX.

 

La doctrina Monroe fue invocada de nueva cuenta, explícitamente, por el gobierno estadounidense el pasado mes de noviembre, en un documento de una treintena de páginas. El texto se titula National Security Strategy of the United States of America (Aquí se puede consultar: t.ly/NqnXo) y no pasó desapercibido para la mayoría de los observadores políticos.

 

Sin embargo, pocos anticiparon que sería la piedra de toque de la política exterior del país vecino y menos aún que en breve se pondría en marcha. Ahora, después de la insólita intervención estadounidense en Venezuela, la dimensión es otra.

 

En el documento, el presidente Trump anotó que se trata de una hoja de ruta y que su principal objetivo es la protección de los intereses nacionales fundamentales. Busca enmendar el camino seguido por las élites previas, porque: “Tomaron la decisión extremadamente errónea y destructiva de apostar por el globalismo y el llamado ‘libre comercio’, que han vaciado de contenido a la clase media y la base industrial en las que se sustenta la preeminencia económica y militar de Estados Unidos”.

 

Así, Estados Unidos renuncia a su liderazgo global y al libre comercio para volcarse sobre sí mismo, establecer una nueva separación hemisférica y un orden mundial distinto. Desde luego, busca el control estricto de sus fronteras, preservar su poderío militar y económico, incluyendo sus ventajas en materia científica, tecnológica y de innovación.

 

Lo notable es que su estrategia nacional descansa en su política exterior y anuncia de forma explícita lo que quiere en y del mundo: “En otras palabras, afirmaremos y aplicaremos un ‘corolario Trump’ a la doctrina Monroe”. Una estrategia que, apunta el documento, no está basada en una ideología política tradicional, más bien, impulsará lo que funcione y sea de interés nacional: “o, en dos palabras, Estados Unidos primero”.

 

La prioridad que encabeza la lista es el control migratorio y anuncia el final de la migración masiva. No es una novedad: desde los atentados terroristas de 2001 el tránsito internacional y los controles fronterizos se endurecieron. Pero Estados Unidos, desde el primer periodo del presidente Trump, vetó las visas de trabajo para algunos países y limitó el otorgamiento de visas de estudio. Ahora el control será más estricto.

 

Otra prioridad, entre otras, es la distribución y traslado de responsabilidades. Explícitamente, declara que “los días en que Estados Unidos sostenía por sí solo el orden mundial como Atlas han quedado atrás” (p.12). Tratará de que los aliados asuman sus respectivas responsabilidades en las regiones correspondientes, como el gasto en defensa de los países de la OTAN.

 

Por último, la estrategia precisa lo que espera de las regiones. La primera es el hemisferio occidental y, sin cortapisa, anuncia que “Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe con el fin de restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro acceso a zonas clave en toda la región” (p. 15-16). Otro tanto, señala para Asia, Europa, Oriente Medio y África, bajo el principio diplomático de “America First”.

 

En fin, estamos por presenciar el desenvolvimiento de la estrategia en marcha y cuánto de lo que se propone logrará. No es una realidad virtual que nos presenta otro mundo; es una  realidad aumentada que añade rasgos perturbadores al que ya tenemos. Lo evidente, como lo podemos atestiguar, es el interés político y económico, pero es indudable que tendrá amplias repercusiones en todos los órdenes, incluyendo la educación y la ciencia y la tecnología. En próxima entrega precisaremos estos componentes.

jueves, 24 de agosto de 2023

Transgénicos: la arena política y comercial

 

Alejandro Canales

UNAM-IISEU/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 1009. Agosto 24, 2023)

 

El presidente López Obrador, el 1 de diciembre de 2018, el primer día de su periodo de gobierno, anunció como compromiso número 74 que protegería la diversidad biológica y cultural de México y no permitiría “la introducción y el uso de semillas transgénicas”. Ahí quedó registrado.

 

La medida no estaba incluida en el Proyecto de Nación 2018 -2024 que presentó el entonces candidato López Obrador en diciembre de 2017 y tampoco estuvo en la Plataforma Electoral del partido Morena registrada en el INE. ¿Cómo fue que apareció como un compromiso de gobierno? ¿Qué cambió entre las vísperas de las elecciones federales del 2018 y la toma de posesión?

 

Solamente el presidente sabe porqué sumó ese compromiso, pero públicamente, lo visible en ese lapso, fue que anunció quien se encargaría de dirigir el Conacyt. Seguramente usted recordará que en el marco del tercer debate entre los candidatos a la presidencia de la República, el 12 de junio del 2018, López Obrador dijo que nombraría a la doctora María Elena Álvarez Buylla como titular del organismo.

 

Por cierto, en ese mismo debate el hoy presidente también dijo que habría más recursos para el sector, porque en gobiernos anteriores no se cumplía lo que decía la ley de destinarle el 1 por ciento del PIB a la ciencia y solo se alcanzaba la mitad de ese porcentaje. Lo sorprendente es que hoy, cinco años después, estamos todavía más abajo: 0.33 por ciento.

 

En fin, el caso es que cuando López Obrador propuso el nombramiento de la doctora Álvarez, también dijo que era una reconocida biotecnóloga y Premio Nacional de Ciencia 2017, como efectivamente lo era. Lo relevante del caso es que a los pocos días de aquella mención, la futura directora también presentó el Plan de reestructuración estratégica del Conacyt para adecuarse al Proyecto Alternativo de Nación (2018-2024).

 

El documento, como su nombre lo indica, era el plan con principios, lineamientos y medidas a poner en marcha en el Conacyt. Por cierto, en ese plan todavía no estaba la idea de añadirle una “h” al organismo, aunque sí fue el detonador de la inconformidad que llevó al cambio de nombre, porque ahí las ciencias sociales y las humanidades aparecieron como ciencias auxiliares (p. 5).

 

Pero volvamos al punto, el Plan de reestructuración, incluía entre varios aspectos, el fomento de la producción agroecológica de alimentos sanos y la evaluación de condiciones de crianza animal y el uso de químicos que afectan a la salud humana. De hecho, la doctora Álvarez Buylla, antes de ser funcionaria, era reconocida en el campo de la biotecnología por su defensa del maíz nativo y su oposición a los transgénicos. Entonces, si ella conduciría la política científica y los transgénicos eran un tema crucial, no parecía extraño que su prohibición apareciera como un compromiso del gobierno federal.

 

El tema tenía su complicación porque otros miembros del gabinete sostenían opiniones contrarias sobre los transgénicos y lo comentamos en su momento en este Acelerador de Partículas (Campus Milenio No. 880). Actualmente, la composición del gabinete ha cambiado, algunos de los que comenzaron ya no están, pero permanece el compromiso de rechazar los transgénicos y también continúa la titular del Conacyt. Todavía en al año 2020, cuando el ejecutivo federal hizo un corte de caja sobre su centenar de compromisos, lo consideró como meta cumplida y la evidencia era que “no había registro del uso de semillas transgénicas”.

 

Sin embargo, hoy, la medida salió del marco nacional y entró en colisión en el terreno comercial y político. El pasado 17 de agosto, la representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, notificó al gobierno mexicano su solicitud de instalación de un panel de resolución de controversias en el marco de Tratado de Libre Comercio (T-mec) para resolver las diferencias sobre la prohibición del gobierno nacional a la importación del maíz transgénico porque considera que viola el acuerdo comercial (Comunicado No. 032).

 

El gobierno de México y su Secretaría de Economía dicen que la regulación nacional sobre el maíz transgénico es compatible con el Tratado y no tiene afectaciones comerciales. Además, el presidente López Obrador dijo que se integrará un grupo de investigadores para saber a “ciencia cierta si se trata de maíz transgénico y si causa daño o no a la salud; nosotros sostenemos que sí” (Nota 18.08.2023).

 

Los resultados del panel podrían estar en medio año. Seguramente usted recuerda que en agosto del año 2022 México fue el solicitante de un panel para revisar las reglas de origen del sector automotriz y en enero de este año el panel le dio la razón. Ahora es Estados Unidos el que lo demanda, pero ¿también será favorable para México? Tal vez no.

 

El uso de los transgénicos es un tema controvertido, pero en el campo científico no hay evidencias duras sobre los daños que pueden causar, por lo menos no que sean concluyentes (Volveremos al tema en próxima entrega). Aunque las pruebas que se acumulen y lo que se resuelva en el panel le darán alta visibilidad a la discusión sobre los transgénicos.

 

Pero, sobre todo, el panel será un escaparate que mostrará esa intersección entre la política, el interés comercial y la actividad científica.

 

Pie de página: La inconformidad por la clasificación de los programas de posgrado y el recorte de becas va en aumento y podría ser el punto de inflexión. // El aspirante presidencial argentino Javier Milei propone suprimir algunos ministerios y entre ellos el de Ciencia y Tecnología.

jueves, 21 de enero de 2021

Joe Biden, fe pública en la ciencia y foro bilateral

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en la página electrónica del Suplemento CampusNo. 884. 21.01.2021--)

 

Joe Biden ya es el nuevo presidente de los Estados Unidos y las relaciones con México, después del inescrutable recorrido que tuvieron en el mandato de Donald Trump, ingresarán en una nueva fase. El contexto y los recientes desencuentros en materia de seguridad y energía entre ambos países presagian que el entendimiento no será nada terso. ¿Las cosas serán distintas en el terreno de la educación superior y en la ciencia y la tecnología? Tal vez sí y podría ser para bien.

 

El presidente Joe Biden tiene una larga carrera política, una trayectoria de 50 años que comenzó como consejero de condado, un par de años después arribó a un escaño en el Congreso --en su momento uno de los senadores más jóvenes--, reelecto en el Senado estadounidense en media docena de ocasiones, posición que ocupó hasta antes de pasar a la vicepresidencia en el periodo de Barack Obama. O sea que es un político profesional, altamente experimentado y conoce el ejercicio de la administración pública.

 

La diferencia con la improvisada y caótica incursión en la política del empresario Trump es más que evidente. ¿Eso sería suficiente para señalar que las cosas con él serán distintas en los sectores académico y científico? Sí, aunque no permite advertir cómo y en qué sentido lo sería.

 

El compromiso del presidente demócrata de presentar inmediatamente una iniciativa de ley en materia migratoria y las filtraciones sobre las características que tendría, anticipan que la reforma será “amplia y radical”. O sea, incluye opciones para la ciudadanización de inmigrantes sin documentos --lo cual beneficiaría directamente a los “Dreamers” del programa DACA--, cambio en el estatus de refugio y una política más flexible en la admisión de sus fronteras. Así que el cambio también será benéfico para la internacionalización de la educación.

 

Los intercambios académicos entre naciones y el tema de la internacionalización quedaron en pausa, cuando no en franco retroceso, en la administración trumpista. La rudeza en el otorgamiento de visas para personal calificado y los obstáculos migratorios desalentaron a muchos de los mejores cuadros calificados que querían visitar, estudiar o trabajar en los Estados Unidos. Eso seguramente se modificará en este periodo.

 

Otro elemento es el cambio en las instancias administrativas de las políticas científicas estadounidenses. Biden elevó la Oficina de Ciencia y Tecnología a rango del gabinete. Esto es: “el puesto de asesor de ciencia al nivel del gabinete, algo que sucede por primera vez en la Casa Blanca” (Los Angeles Times. 18.01.2021). Porque, en marcado contraste con la administración previa que alentó el fanatismo y subestimó las verdades científicas, el demócrata anunció que pondrá por delante la actividad científica para “reforzar la fe pública en la ciencia”.

 

Al frente de la Oficina nombró a Eric Lander, un científico reconocido en el campo de la genómica, líder del Proyecto Genoma Humano, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y también fue asesor de ciencia y tecnología del presidente Barack Obama.

 

La carta que dirigió Joe Biden a Lander es elocuente de lo que espera de él (is.gd/VqEHGi). En el primer párrafo evoca la solicitud que le hizo Roosevelt en 1944 al científico Vannevar Bush para impulsar el desarrollo nacional a través de la ciencia y la tecnología. Bush, el célebre ingeniero y científico que comandó el Proyecto Manhattan, precursor de la informática y de la Red e igualmente director de la Oficina de Ciencia y Tecnología, dio respuesta a través del influyente informe “Science The Endless Frontier” que luego daría paso a la creación de la National Science Foundation.

 

Ahora Biden le solicita a Lander un hacer un esfuerzo similar y le pide recomendaciones para cinco grandes desafíos: los aprendizajes de la pandemia para atender las necesidades de salud pública; qué se podría hacer para abordar el cambio climático sin limitar el desarrollo; cómo liderar las tecnologías e industrias del futuro; cómo beneficiar a todos con los avances científicos y tecnológicos; y cómo garantizar la preservación de la ciencia y la tecnología a largo plazo en los Estados Unidos y su condición de polo de atracción. Las respuestas tendrán mayor importancia para los estadounidenses pero sus repercusiones podrían ser para todo el mundo.

 

Por último, vale la pena recordar que en septiembre de 2013, al comienzo del segundo periodo de Obama y el inicio de la presidencia de Peña Nieto, el entonces vicepresidente Biden visitó México para la realización del “Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación” (FOBESII). Una iniciativa trunca para materializar la idea de incrementar la formación de jóvenes latinoamericanos en los Estados Unidos y de multiplicar por un factor de ocho a los becarios mexicanos en el país vecino del norte, entre otras propuestas. Hoy en la presidencia será más fácil concluir esa tarea.

 

La agenda de discusión y la cooperación entre México y Estados Unidos tiene temas espinosos a la cabeza, como la migración, los asuntos fronterizos, los tratados en seguridad, energía, las normas del T-Mec y muchos otros, antes que los académicos y científicos. No obstante, estos últimos podrían ser más susceptibles de resolverse de forma favorable para ambas naciones.

 

Pie de página: El presidente López Obrador encomendó al Conacyt, junto con otras dependencias gubernamentales, una tercera misión: buscar alternativas a las redes sociales conocidas para que no haya censura. Ya veremos en qué termina .

jueves, 5 de noviembre de 2020

Elecciones en EU. México no tendrá “cooperación subordinada”

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio No. 874. Noviembre 5, 2020. Pág. 4)

 

A partir de los resultados de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos se redefinirá, seguramente, la política y la cooperación internacional en esta tercera década del siglo XXI. En el caso de México ¿sostendrá el mismo vínculo en materia científica y tecnológica con Estados Unidos o se modificará notablemente?

 

La relación cambiará, pero poco o nada tiene que ver con el desenlace electoral del país vecino, es una decisión anticipada.

 

Tal vez cuando usted lea este texto ya conozca el saldo de la contienda electoral, lo escribo en las vísperas de los comicios, cuando las encuestas marcan claras diferencias a favor del candidato demócrata Joseph R. Biden, respecto del republicano y todavía presidente Donald J. Trump.

 

Sin embargo, por el sistema de elección indirecta estadounidense y como fue claro en la contienda de 2016, las encuestas no necesariamente muestran lo que al final ocurrirá. En cualquiera de los casos, el resultado de las elecciones estadounidenses marcará una diferencia para el mundo, sea porque se profundizarán inconcebibles iniciativas en marcha del actual mandatario o porque intentarán girar 180 grados si gana Joe Biden.

 

No todo está por definirse en el marco nacional. La relación comercial de Estados Unidos, Canadá y México, desde fines del año pasado, quedó acotada en las renegociaciones de su tratado comercial. En este año ya fue debidamente publicado el Diario Oficial de la Federación el decreto de sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte por el T-Mec (DOF. 29.06.2020).

 

Otro tanto ocurre con el siempre complicado tema migratorio, las medidas que la administración Trump ha puesto en marcha, como la construcción de su ominoso e inacabable muro en su frontera sur o las condiciones de sus centros de deportación. O bien, la posición de México ante las caravanas de migrantes que públicamente intentan cruzar el territorio nacional y llegar a Estados Unidos.

 

No obstante, menos claro es lo que ocurrirá con la cooperación académica, el retorno de migrantes, las restricciones de visas académicas o tal vez un nuevo intento de deportación masiva de los “Dreamers”. En este año el intento fue bloqueado por una resolución de la Corte Suprema estadounidense porque la administración Trump no observó la ley, pero podría intentarlo de nueva cuenta.

 

El gobierno mexicano, sin embargo, tiene la intención de dar un giro a sus lazos de cooperación. Al menos Conacyt, el organismo rector de la política científica y tecnológica nacional, ha planteado su convicción de que había subordinación anteriormente y ahora piensa extender su cooperación a otras regiones.

 

En el Programa Institucional 2020-2024 del organismo, como parte de su análisis de la situación actual, dice: “El Conacyt privilegió un modelo de cooperación subordinada con los países de la Unión Europea y con los Estados Unidos de América. En este nuevo régimen se promoverán vínculos concretos con países del entorno latinoamericano y de El Caribe, así como con países de Asia y del este de Europa con avances indudables en CTI” (DOF. 23.06.2020: 21).

 

Es una posición del Conacyt, se dirá. Y sí, es del organismo, pero es la cabeza del sector y como lo hemos reiterado en múltiples oportunidades, no existe y, por lo que se advierte, no habrá un Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (Peciti) en este periodo. O sea, no esperemos convergencia de presupuesto y coordinación de las diferentes secretarías en materia científica y tecnológica.

 

Tampoco olvidemos que el Fondo Nacional de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Foncid), fue otro de los fideicomisos eliminados por el Senado mexicano el 21 de octubre. El Foncid, en el momento de su extinción, tenía 38.6 millones de pesos y fue la base financiera que permitía radicar recursos externos y también transferir recursos a otras secretarías para conducir la cooperación internacional. Ahora la asignación, si hay presupuesto, será decida de forma directa por el Conacyt.

 

La agenda gira hacia América Latina. El pasado 30 de octubre, la directora del organismo, Elena Álvarez Buylla, informó a través de su cuenta personal de twitter que había co-presidido la Reunión de Altos Funcionarios de la Iniciativa Conjunta de Investigación entre la Comisión Europea de Innovación y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Una reunión en la que también participó el secretario de Relaciones Exteriores.

 

Posteriormente examinaremos, cuando se firme, la “Hoja de Ruta Estratégica 2021-2023” de esa reunión. Por lo pronto, vale la pena notar que no está mal, nada mal, que México extienda sus redes de cooperación científica hacia otras regiones y más con América Latina. Sin embargo, ¿eso supondría cortar lazos de colaboración ya establecidos con polos dominantes de generación de conocimiento? Esperemos que no, sería otro grave error. Lo importante será diversificar y expandir la colaboración; no restringir y autoexcluirse.

 

Pie de página: Gloria Soberón Chávez ganó el juicio de amparo indirecto para ser reconocida como integrante de la Mesa Directiva del Foro Consultivo Científico y Tecnológico. ¿Qué hará Conacyt? Pendientes. Y sí, crece el respaldo a miembros del SNI que laboran en instituciones particulares.