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jueves, 16 de febrero de 2023

El modelo mexicano de la innovación

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 984. Febrero16, 2023)

 

El plan todavía no está en marcha, espera una exención de impacto regulatorio que probablemente le será concedida, pero en breve podría estar vigente. Se trata del Plan Nacional para la Innovación, una iniciativa más en la atípica planeación del actual periodo gubernamental y, además, dice su proyecto, seguirá un Modelo Mexicano de Innovación.

 

La primera vez que se mencionó la intención de llevar la innovación al campo científico y tecnológico, en este periodo de gobierno, fue en julio del 2019. En esa fecha se presentó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del sexenio y, seguramente usted lo recuerda, suscitó una amplia controversia, tanto por la estructura y duplicidad de documentos del plan, como por el desencuentro que causó entre el ejecutivo federal y el entonces titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Al final este último renunció al cargo.

 

En fin, el caso es que el PND incluyó un párrafo de un par de líneas sobre lo que debía realizarse en el sexenio en materia de ciencia y tecnología. Ahí se anotaron tres acciones: promover las actividades del sector; apoyar a estudiantes y académicos con becas; y, lo más relevante para lo que ahora interesa, Conacyt debía coordinar un “Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas” (DOF. 12.07.2019).

 

No obstante, concluyó el 2019, le siguieron dos años más y no se volvió a mencionar el Plan Nacional para la Innovación (PNI). Seguramente porque el programa sectorial (el Peciti), ese documento que debería desdoblar el mandato sobre innovación, tampoco estuvo listo cuando debió estarlo. Finalmente, casi el último día del año 2021, fue publicado el programa y sí incluyó la elaboración del PNI como parte de las estrategias para asegurar que el conocimiento científico se pudiera traducir en soluciones sustentables (DOF. 28.12.2019: 482).

 

Transcurrió el año 2022 y el asunto no se volvió a tocar. Ahora, apenas la semana pasada, el Conacyt envió su proyecto de PNI a la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer). Esta última es la instancia encargada de valorar las regulaciones y promover la simplificación administrativa, por lo cual las entidades administrativas deben remitirle cualquier nueva iniciativa de marco normativo.

 

Las dependencias administrativas también pueden pedirle a la Conamer la  exención de análisis de impacto regulatorio, si estiman que el plan o programa que proponen no tiene costos para el ciudadano. El Conacyt solicitó exención para el PNI porque, dice en su justificación, no representará trámites adicionales: “se hará mediante la vinculación de lo ya existente, aprovechando al máximo lo que se invirtió en el pasado” (Proyecto-Conamer).

 

A la fecha de escribir este texto no estaba la respuesta de la Conamer, pero lo más probable es que le conceda la exención, en cuyo caso no habrá análisis regulatorio ni demora para que entre en vigor el PNI al publicarse en el Diario Oficial de la Federación . Pero ¿qué propone el nuevo plan de innovación?

 

Uno de los principales componentes, dice el proyecto, para alcanzar la encomienda de llevar la innovación en beneficio de la sociedad y el desarrollo nacional, es la “implementación del “Modelo Pentahélice, el Modelo Mexicano de Innovación, con el que será posible construir los andamiajes necesarios para transitar de la generación del conocimiento a la implementación del mismo” (p. 8).

 

El diagnóstico es relativamente similar a las líneas de otros planes y programas: durante el dominio del neoliberalismo las políticas científicas y la innovación se dirigieron principlamente a la productividad y competitividad “y en menor medida en generar impactos directos para favorecer el bienestar social o el ambiente”. Y más o menos lo mismo sobre el presupuesto: “no se invirtió de manera adecuada”.

 

¿Cuál es el modelo pentahélice, el modelo mexicano? En realidad es una variación de uno muy popular en la literatura de política científica, denominado “modelo de innovación de triple hélice”, conceptualizado por Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff en los años noventa, cuyo planteamiento era que el potencial para la innovación y el desarrollo económico provenía de un modelo impulsado por las interacciones entre universidades, industria y gobierno (una hélice por cada uno), pero donde las universidades jugaban un papel destacado.

 

El modelo mexicano, propone el PNI, consistiría en sumarle dos hélices al modelo original: el ambiente y la sociedad. El primero porque lo considera “un actor activo” que es impactado por todo lo que hace la sociedad y la segunda porque el Plan considera sus necesidades, problemas y recibe los resultados de todos los esfuerzos.

 

Ojalá fuera tan fácil construir un modelo, tan sencillo como añadir uno, dos o tres componentes, sin afectar sus bases conceptuales, su representación, capacidad analítica y el sentido mismo de modelo. No lo es. Volveremos en una siguiente entrega.

 

El tema de la innovación como política ya tiene sus décadas entre nosotros, ha tenido sus ajustes en este tiempo, pero no será con improvisaciones como podremos aprovechar las posibilidades que ofrece.

 

Pie de página: La controversia sobre el glifosato se tornará más álgida y el gobierno federal ya publicó está semana el decreto para restringir la adquisición e importación de maíz genéticamente modificado y también de glifosato. Pendientes.

viernes, 8 de julio de 2022

SNI: modificación profunda

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio No. 955. Julio 7, 2022. Pág. 4)

 

El plazo se venció y la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer) no dijo si autorizaba o no la exención de análisis de impacto regulatorio (AIR) a la propuesta de nuevo reglamento del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). La Comisión recibió la solicitud el 23 de junio, debió resolver el pasado jueves 30 de junio, pero todavía este 4 de julio no emitía ningun pronunciamiento al respecto.

 

La convocatoria de este año del SNI no saldrá hasta que se resuelva el tema normativo, una presión adicional para otorgar o no la exención. La aceptación llevaría a la aplicación imediata del reglamento y un rechazo prolongaría la espera alrededor de un mes. El problema es que la propuesta sí tiene un impacto regulatorio y es de alto voltaje. La eliminación del apoyo económico del SNI a los investigadores de instituciones particulares está en el cálculo y tal vez es uno de los principales motivos de la demora de la Conamer.

 

Sin embargo, la exclusión de particulares no es nueva. Desde abril del año pasado la Conamer aprobó sin mayores reparos la reforma que eliminó el beneficio de los incentivos económicos para investigadores del sector privado (DOF. 20.04.2021). Aunque los perjudicados no se quedaron cruzados de brazos, interpusieron amparos y actualmente el asunto se dirime en los tribunales. El conflicto no es sencillo de resolver.

 

Pero la norma propuesta tiene otro impacto regulatorio importante: valorará no solamente un periodo de productividad para otorgar el incentivo, ahora dice que privilegiará toda la trayectoria y, todavía más importante, propone alargar la permanencia en un nivel, al menos por dos periodos, antes de que un miembro del SNI pueda ser ascendido al siguiente nivel.

 

El SNI, como se sabe, distribuye sus distinciones en tres categorías: a) candidato; b) investigador nacional con nivel I, II o III; y c) investigador emérito. La distinción se conserva por un periodo que va de los tres a los cinco años, según categoría y nivel, y en cada caso le corresponde un determinado monto de incentivo económico. Al término de ese periodo, todas las categorías, pero en mayor volumen para los investigadores que están en los niveles I y II, previa evaluación, pueden ascender, descender o salir del programa.

 

Ahora, la nueva norma propone que los periodos para todos sean de cinco años (excepto para los candidatos) y para pasar del nivel I al II, el investigador debe permanecer al menos en dos ocasiones en el primer nivel antes de aspirar a un ascenso y el mismo caso sería para pasar del II al III. O sea, esperar al menos 10 años en un nivel para pasar al siguiente y alrededor de 24 años para pasar de candidato a investigador nivel III.

 

La exclusión de investigadores de instituciones particulares y el alargamiento de plazo para alcanzar el máximo nivel han suscitado las mayores críticas. La primera incoformidad proviene de algunos de los cerca de 2 mil investigadores de ese sector (alrededor del 6 por ciento del total de miembros del SNI) que no recibirían el correspondiente incentivo económico; la segunda deriva del pujante número de jóvenes que ve cómo se aleja el trayecto para alcanzar los niveles máximos del sistema. Una muestra de comentarios se pueden leer en la plataforma de la Conamer.

 

En estas circuntancias, es claro que la propuesta de nuevo reglamento sí tiene un impacto regulatorio y tal vez por eso la Conamer no se ha pronunciado al respecto. Pero hay otras modificaciones. Lo dijimos aquí mismo la semana pasada: estamos ante un cambio en la finalidad del programa, ya no será evaluada la calidad de los investigación a secas, ahora se le añade cumplir con ciertas condiciones para recibir la distinción.

 

La actual administración modificó los objetivos del SNI y los cambió desde la reforma al reglamento de abril del año pasado. No lo hizo en la actual propuesta, como erróneamente dije aquí en la entrega anterior y me lo hicieron notar. La diferencia es que, antes, el cambio de finalidad estaba pero no tenía dientes, permanecía en el terreno de las intenciones porque no estaba acompañada de los instrumentos para hacerla efectiva.

 

Ahora no solamente se alargan los plazos de evaluación, también cambia la selección, organización y funcionamiento de las comisiones dictaminadoras. Estas últimas son el instrumento clave en la valoración del desempeño y cada una eligirá sus criterios.

 

Ya suman cinco reformas al reglamento y si los principales vectores del cambio se han añadido de forma improvisada y sin un plan, como la exclusión de investigadores de establecimientos particulares, el alargamiento de periodos para ascender en el programa y condiciones adicionales para recibir el reconocimiento, tal vez de lo que estamos hablando son de diques para contener la expansión y el presupuesto del programa.

 

No se puede tener un programa de la dimensión del total de investigadores y menos uno como el SNI. O, como decía Borges, un mapa del imperio que tiene el tamaño del imperio. El cambio profundo y el punto de inflexión al extendido crecimiento del SNI llegó por el lado de la limitación de recursos financieros.

 

Pie de página: La huida de personal académico del CIDE sigue en aumento, una lástima por la institución y por los centros públicos de investigación.