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viernes, 22 de agosto de 2025

Giro tecnológico: inversión privada y cuadros profesionales

 

Alejandro Canales

UNAM-IISEU/PUEES

@canalesa99.bsky.social

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 1103. Agosto 21, 2025)

 

La presidenta Claudia Sheinbaum, desde su campaña electoral, planteó hacer de México una potencia científica y tecnológica. Una propuesta arriesgada, desmesurada, sobre todo si se considera el bajo nivel de inversión en la materia y el tamaño del sistema. Pero la iniciativa tuvo eco en la plaza pública y fue un guiño para una encrespada comunidad científica que había roto los puentes de comunicación con la autoridad del sector a lo largo del sexenio que estaba por concluir.

 

Una vez declarada presidenta electa, Sheinbaum anunció que convertiría al entonces Conahcyt en una secretaría de Estado. La propuesta parecía caminar en la misma dirección de fortalecer al sector y de atraer de nuevo a la comunidad. Y sí, la nueva secretaría quedó instaurada casi a la par del inicio del periodo de gobierno (DOF. 28.11.2024).

 

Sin embargo, respecto de su anterior estatus, la nueva estructura pocos cambios registró. Uno de ellos fue su personalidad jurídica: ahora el organismo rector de la política científica y tecnológica forma parte de la administración pública centralizada, ya no es una instancia paraestatal.

 

En la jerga administrativa, la estructura central, como su nombre lo indica, representa el nivel más cercano a la persona titular del poder ejecutivo federal, lo que se conoce como el gabinete legal. La paraestatal, un círculo concéntrico más alejado, está formada por los organismos descentralizados y empresas de participación estatal.

 

Pero la nueva estructura administrativa de la secretaría de ciencia siguió, más o menos, con el mismo tamaño que heredó del organismo anterior. Otro tanto ocurrió con los recursos financieros asignados: recibió 33 mil 296 millones de pesos nominales, mientras que a su antecesor, el año previo, se le asignaron 33 mil 171 millones de pesos. Es decir, en términos corrientes, un ligero aumento de menos de un punto porcentual, pero menor en términos reales, si se considera el efecto de la inflación de más de 4 puntos porcentuales.

 

No obstante, la propuesta de convertir a México en potencia científica y tecnológica persistió y pasó a los documentos programáticos. La presidenta Sheinbaum la anotó como uno de los pasos en su manual de campaña electoral (“100 pasos para la transformación”). Y, en términos idénticos, apareció como su compromiso 33 en el centenar que pronunció al tomar posesión: “Haremos de México una potencia científica y de la innovación. Para ello, apoyaremos las ciencias básicas, naturales y las Humanidades” (Compromiso31. 01.10.2024).

 

El Plan México, presentado al inicio de este año, también recuperó la intención de fortalecer el desarrollo científico, tecnológico y la innovación. El Plan, como se sabe, es la estrategia de desarrollo económico del gobierno federal y busca, entre otros propósitos dinamizar el mercado interno, incentivar los productos nacionales y el empleo.

 

Pero fue en los lineamientos del Plan Nacional de Desarrollo 2024-2030 (PND) donde aparece con mayor precisión la inclinación tecnológica. En primer lugar, como parte del eje Desarrollo con bienestar y humanismo, se consigna como principio: “México se propone ser potencia tecnológica y de innovación y contará con un programa tecnológico para el desarrollo nacional” (DOF. 15.04.2025: 25).

 

Después, en el eje transversal Innovación pública para el desarrollo tecnológico nacional, se anota como objetivo: “Impulsar la investigación colaborativa, el desarrollo tecnológico y la innovación en sectores estratégicos, con el objetivo de convertir a México en una potencia científica y tecnológica soberana, orientada hacia un desarrollo con bienestar y prosperidad. Este enfoque promoverá la formación científica, la generación de conocimiento y la transferencia tecnológica con visión humanista, contribuyendo al progreso integral del país” (p. 57).

 

De hecho, los proyectos intersectoriales publicitados que ha puesto en marcha el gobierno federal son fundamentalmente de desarrollo tecnológico. Ahí están los planes para instaurar el Centro de Diseño de Semiconductores, el denominado “Kutsari”. O bien, la fabricación de un auto eléctrico, cuyo modelo y logotipo se llama “Olinia”. Lo relevante en estos y otros proyectos es la participación de la inversión privada para el logro de metas, como lo examinaremos posteriormente.

 

Otro aspecto, nada menor, son los cuadros calificados que podrían o no participar en los planes gubernamentales. El Plan México, tiene como una de sus metas el logro para el año 2030 de “150 mil profesionistas y técnicos anuales con formación continua alineada a sectores estratégicos y 100 por ciento de educación dual en media superior técnica” (Plan México). Un tema que lo hemos mencionado en este Acelerador de Partículas (Campus Milenio No. 1080), pero que será necesario analizarlo con mayor detenimiento, sobre todo respecto al sistema educativo y el desarrollo económico, lo haremos en una próxima entrega.

 

En fin, faltan los programas sectoriales que seguramente incluirán mayores lineamientos y probablemente serán publicados el próximo mes. Pero, como se podrá advertir, si la inversión pública no se incrementará –el aumento estará a cargo de los particulares— y se alentará un tipo de cuadros profesionales, experimentamos un énfasis distinto en el sector científico y educativo. Así que tal vez estamos ante el inicio de un giro en las políticas del gobierno federal, restará por comprobar su recepción y el comportamiento del sistema.

 

Pie de página: A propósito de inversión pública, la Anuies presentó 30 medidas de lo que llamó “Política integral de austeridad y ahorro para las universidades públicas” (18.08.2025) y el secretario general de la misma Asociación adelantó que solicitará al Congreso 4 por ciento de incremento para el presupuesto de 2026 (19.08.2025). Ya se podrá prever lo que ocurrirá con el funcionamiento de las universidades. Pendientes.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Innovación mexicana: ¿y el Modelo Pentahélice?

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1014. Septiembre 28, 2023. Pág. 4)

 

¿Qué anotó el presidente López obrador en su Plan Nacional de Desarrollo en materia de ciencia y tecnología? No mucho, la verdad. Únicamente dijo: “El gobierno federal promoverá la investigación científica y tecnológica; apoyará a estudiantes y académicos con becas y otros estímulos en bien del conocimiento. El CONACYT coordinará el Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas” (DOF. 12.07.2019: 18).

 

Lo más sobresaliente de esos lineamientos, como se podrá notar, fue la coordinación de un Plan Nacional de Innovación (PNI); un plan dentro de otro plan. El tema tenía su relevancia porque parte del diagnóstico, reiterado una y otra vez en esta administración, fue que en el periodo previo, entre el 2013-2018, se habían destinado recursos financieros cuantiosos a la innovación y los resultados habían sido contraproducentes.

 

Incluso quedó por escrito en el programa sectorial. Ahí dice: “El Índice Global de Innovación, instrumento basado en datos de la OMPI, a través del que se miden resultados de las capacidades y el éxito en innovación de las economías a nivel mundial, demuestra que de 2013 a 2018 México ganó 7 lugares, pasando del lugar 63 al 56. No obstante y paradójicamente, en el mismo periodo perdió 16 lugares en materia de eficiencia, pasando del 56 al 72. Es decir, a pesar de que el gobierno anterior destinó mayores recursos para el apoyo a la innovación del país, la eficiencia fue menor: con más se hizo menos” (DOF. 28.12.2021: 438).

 

A su vez, el mismo programa sectorial, recuperó el párrafo del PND y planteó como uno de sus objetivos prioritarios, la articulación de capacidades para asegurar que el conocimiento se traduzca en soluciones sustentables a través del desarrollo tecnológico y la innovación. Nótese que el programa sectorial fue publicado después de más de dos años de que apareció el PND

 

El programa sectorial, como una estrategia para alcanzar el objetivo referido planteó: “Diseñar el Plan Nacional para la Innovación que disminuya la dependencia tecnológica impulsando la construcción de agendas estratégicas de desarrollo tecnológico e innovación para atender de manera eficaz, eficiente y articulada las demandas nacionales” (p. 482).

 

Además, en la nueva ley general de ciencia aparece una sección dedicada a la elaboración de un Programa Nacional de Innovación. La ley estará cuestionada y, según lo que resuelva la Suprema Corte, tal vez sea declarada inconstitucional, pero hoy por hoy sigue vigente.

 

Según la ley, como parte de los mecanismos e instrumentos de fomento y apoyo del gobierno federal, se prevé la elaboración del Programa Nacional de Innovación, coordinado por el Conahcyt y diseñado con la participación de universidades, instituciones de educación superior y centros de investigación, “así como del sector social y privado, en el marco del Sistema Nacional de Planeación Democrática” (artículo 48)

 

No solamente, la ley también indica que el Conahcyt debe consolidar un “ecosistema nacional de innovación abierta sustentado en la articulación de empresas de base científica y tecnológica, en todas sus etapas de crecimineto y consolidación y con cualquier tipo de financiamiento…” (artículo 49).

 

¿Hay un plan y un programa de innovación? El Conahcyt envió una propuesta de Plan Nacional para la Innovación a la Conamer en febrero de este año, solicitando exención de análisis de impacto regulatorio y se suponía que, una vez superado ese trámite, el Plan estaría listo. Pero no, a la fecha no se ha publicado ningún plan en el Diario Oficial de la Federación y ni siquiera se sabe si le otorgaron o no exención. Usted puede constatarlo en este sitio: t.ly/Lqhkj

 

Así que para efectos oficiales y prácticos no hay PNI. ¿Y qué decía el borrador que ingresó el Conahcyt a la Conamer? El documento tiene alrededor de 70 páginas y su principio básico era instaurar el Modelo Pentahélice, o sea, un Modelo Mexicano de Innovación. Es decir, al popular modelo de innovación de Etzkowitz y Leydesdorff, basado en la industria, las universidades y el gobierno, denominado modelo de triple hélice, el Conahcyt propuso dos hélices más: el ambiente y la sociedad.

 

En los últimos dos informes de gobierno se reportan como productos destacados de ese Modelo Pentahélice, los ventiladores mecánicos desarrollados durante la pandemia, la vacuna Patria en curso y los proyectos para sustituir el glifosato.

 

Así que no hay Plan, el programa no se conoce y los productos… usted los podrá juzgar.

 

Pie de página: Fuertes, muy fuertes las imágenes que circularon sobre la agresión que sufrieron los jóvenes de la Universidad Autónoma de Hidalgo el pasado 19 de septiembre y, muy en especial, el ataque a los estudiantes del Instituto de Artes (IDA). Lo que se ve es apenas la superficie de lo que ocurre en las turbias y profundas aguas de la institución. La renuncia de la directora del IDA es un paso, pero no será suficiente para apaciguar los ánimos y tranquilizar al alumnado.// Y los acontecimientos alcanzan el noveno aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la herida que no cierra del 2 de octubre.

jueves, 16 de febrero de 2023

El modelo mexicano de la innovación

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 984. Febrero16, 2023)

 

El plan todavía no está en marcha, espera una exención de impacto regulatorio que probablemente le será concedida, pero en breve podría estar vigente. Se trata del Plan Nacional para la Innovación, una iniciativa más en la atípica planeación del actual periodo gubernamental y, además, dice su proyecto, seguirá un Modelo Mexicano de Innovación.

 

La primera vez que se mencionó la intención de llevar la innovación al campo científico y tecnológico, en este periodo de gobierno, fue en julio del 2019. En esa fecha se presentó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del sexenio y, seguramente usted lo recuerda, suscitó una amplia controversia, tanto por la estructura y duplicidad de documentos del plan, como por el desencuentro que causó entre el ejecutivo federal y el entonces titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Al final este último renunció al cargo.

 

En fin, el caso es que el PND incluyó un párrafo de un par de líneas sobre lo que debía realizarse en el sexenio en materia de ciencia y tecnología. Ahí se anotaron tres acciones: promover las actividades del sector; apoyar a estudiantes y académicos con becas; y, lo más relevante para lo que ahora interesa, Conacyt debía coordinar un “Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas” (DOF. 12.07.2019).

 

No obstante, concluyó el 2019, le siguieron dos años más y no se volvió a mencionar el Plan Nacional para la Innovación (PNI). Seguramente porque el programa sectorial (el Peciti), ese documento que debería desdoblar el mandato sobre innovación, tampoco estuvo listo cuando debió estarlo. Finalmente, casi el último día del año 2021, fue publicado el programa y sí incluyó la elaboración del PNI como parte de las estrategias para asegurar que el conocimiento científico se pudiera traducir en soluciones sustentables (DOF. 28.12.2019: 482).

 

Transcurrió el año 2022 y el asunto no se volvió a tocar. Ahora, apenas la semana pasada, el Conacyt envió su proyecto de PNI a la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer). Esta última es la instancia encargada de valorar las regulaciones y promover la simplificación administrativa, por lo cual las entidades administrativas deben remitirle cualquier nueva iniciativa de marco normativo.

 

Las dependencias administrativas también pueden pedirle a la Conamer la  exención de análisis de impacto regulatorio, si estiman que el plan o programa que proponen no tiene costos para el ciudadano. El Conacyt solicitó exención para el PNI porque, dice en su justificación, no representará trámites adicionales: “se hará mediante la vinculación de lo ya existente, aprovechando al máximo lo que se invirtió en el pasado” (Proyecto-Conamer).

 

A la fecha de escribir este texto no estaba la respuesta de la Conamer, pero lo más probable es que le conceda la exención, en cuyo caso no habrá análisis regulatorio ni demora para que entre en vigor el PNI al publicarse en el Diario Oficial de la Federación . Pero ¿qué propone el nuevo plan de innovación?

 

Uno de los principales componentes, dice el proyecto, para alcanzar la encomienda de llevar la innovación en beneficio de la sociedad y el desarrollo nacional, es la “implementación del “Modelo Pentahélice, el Modelo Mexicano de Innovación, con el que será posible construir los andamiajes necesarios para transitar de la generación del conocimiento a la implementación del mismo” (p. 8).

 

El diagnóstico es relativamente similar a las líneas de otros planes y programas: durante el dominio del neoliberalismo las políticas científicas y la innovación se dirigieron principlamente a la productividad y competitividad “y en menor medida en generar impactos directos para favorecer el bienestar social o el ambiente”. Y más o menos lo mismo sobre el presupuesto: “no se invirtió de manera adecuada”.

 

¿Cuál es el modelo pentahélice, el modelo mexicano? En realidad es una variación de uno muy popular en la literatura de política científica, denominado “modelo de innovación de triple hélice”, conceptualizado por Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff en los años noventa, cuyo planteamiento era que el potencial para la innovación y el desarrollo económico provenía de un modelo impulsado por las interacciones entre universidades, industria y gobierno (una hélice por cada uno), pero donde las universidades jugaban un papel destacado.

 

El modelo mexicano, propone el PNI, consistiría en sumarle dos hélices al modelo original: el ambiente y la sociedad. El primero porque lo considera “un actor activo” que es impactado por todo lo que hace la sociedad y la segunda porque el Plan considera sus necesidades, problemas y recibe los resultados de todos los esfuerzos.

 

Ojalá fuera tan fácil construir un modelo, tan sencillo como añadir uno, dos o tres componentes, sin afectar sus bases conceptuales, su representación, capacidad analítica y el sentido mismo de modelo. No lo es. Volveremos en una siguiente entrega.

 

El tema de la innovación como política ya tiene sus décadas entre nosotros, ha tenido sus ajustes en este tiempo, pero no será con improvisaciones como podremos aprovechar las posibilidades que ofrece.

 

Pie de página: La controversia sobre el glifosato se tornará más álgida y el gobierno federal ya publicó está semana el decreto para restringir la adquisición e importación de maíz genéticamente modificado y también de glifosato. Pendientes.