UNAM-IISUE/PUEES
@canalesa99.bsky.social
(Publicado en Campus Milenio No. 1142, junio 11 de 2026, pág. 4)
Una cierta percepción generalizada sobre los jóvenes destaca que leen poco, son frágiles emocionalmente, no les interesan los temas políticos y la mayor parte del tiempo se la pasan conectados a sus computadoras o pegados a sus teléfonos celulares.
La situación es paradójica: la población más joven y con altos niveles de escolaridad ha experimentado una inmersión tecnológica, una gran exposición a cúmulos de información y, al mismo tiempo, es la que parece menos encantada con los avatares cotidianos.
Lo cierto es que, en el actual contexto tecnológico, hay un desconocimiento e incomprensión sobre qué les interesa a los jóvenes y cómo ha cambiado su consumo cultural. El Instituto Reuters para el estudio del periodismo publicó, el pasado mes de marzo, un reporte sobre comportamientos y actitudes de los jóvenes en torno a las noticias y cómo se relacionan con ellas.
El informe se titula “Comprender a las audiencias jóvenes en una época de cambios veloces” y aquí se puede consultar: t.ly/kOd7g. La población a la que se refiere está entre los 18 y 24 años -precisamente el grupo de edad que corresponde a los estudios superiores- y reúne datos de encuestas en línea realizadas entre 2015 y 2025.
Aunque el rango de países es variable (nueve al inicio del periodo y 45 en el último año, México incluido), permite apreciar cambios generacionales. Por ejemplo, hace una década los jóvenes se informaban a través de las páginas web y las aplicaciones de los medios; ahora prioritariamente se dirigen a las redes sociales.
Pero no todas las redes sociales, Facebook ya no está entre las dominantes. Actualmente, las redes preferidas de los jóvenes son las plataformas audiovisuales, como TikTok, Instagram y YouTube. No obstante, las noticias y la política no están en su catálogo de preferencias; apenas el 35 por ciento de jóvenes muestra mucho interés en las noticias.
En cambio, dicen las encuestas, tienen una mayor preferencia por los contenidos divertidos y entretenidos. Además, los hombres tienden a inclinarse más por la ciencia y la tecnología; las mujeres, por la salud mental. También se confirma un mayor uso de la inteligencia artificial (IA) y los chatbots como medio de información.
La evolución en el uso de dispositivos tecnológicos, internet y redes sociales ha sido vertiginosa en todo el mundo. Algunas tendencias y patrones de comportamiento del reporte de Reuters son coincidentes con los datos de México.
Los resultados de la “Encuesta nacional de usos y percepciones sobre la inteligencia artificial generativa en la educación superior mexicana”, realizada el año pasado, indican que el 60 por ciento de docentes y el 66 por ciento de alumnos utilizan la IA de forma cotidiana.
También, el trabajo de Alejandro Moreno, titulado “La evolución cultural en México. Cuatro décadas de cambio de valores 1982-2023”, destaca que en las últimas dos décadas se expandió el uso del teléfono celular, hasta alcanzar el 86 por ciento de la población, y dos tercios utiliza smartphone. Lo mismo ocurrió con internet; pasó de 16 a 77 por ciento en el mismo periodo.
A pesar de las inocultables brechas digitales, sea por regiones geográficas, deciles de ingreso, niveles de escolaridad o grupos de edad, sin duda el crecimiento tecnológico ha sido muy veloz y en muy corto tiempo. Alejandro Moreno lo denomina como la “internetización” de la sociedad mexicana (p. 264).
Los centennials (o generación Z), jóvenes que nacieron entre 1997 y 2012, constituyen la primera cohorte que creció sumergida en internet, las redes sociales y los dispositivos tecnológicos; por eso se les refiere como nativos digitales. Tal vez las implicaciones para su consumo cultural o para los procesos de formación académica son más notorios, pero el impacto de la internetización no se limita a una generación ni a un ámbito.
Un editorial reciente de la prestigiada revista Nature, advierte que los investigadores y las editoriales científicas necesitan comprender mejor lo que está ocurriendo, porque el flujo de información se ha vuelto cada vez más rápido, más visual y más personal (Vol. 654. 02.06.2026).
Y sí, como lo anota la revista, lo que está en juego es el futuro de la comunicación basada en hechos, incluida la comunicación científica. Podemos atestiguar la dificultad cada vez más frecuente para distinguir cuándo estamos ante la realidad y cuándo ante una ficción. O bien, para trazar los límites entre una opinión, un hecho o un entretenimiento.
El cambio de formatos es inminente, pero tampoco hay que abrazar los nuevos modelos sin más. Lo grave sería que el rigor académico, la seriedad de la comunicación y los mínimos de calidad se vayan en el tren de la inmediatez tecnológica y el deslumbramiento de las redes sociales.
Pie de página: No estaría nada mal que el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo hiciera notar los niveles de inversión de los países participantes. // El prototipo de Olinia, el vehículo eléctrico nacional, ya está. Seguramente no fue fácil. Pero falta lo más complicado: la producción y comercialización. Veremos si sobrepasa el carril de las intenciones. Atentos.
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