jueves, 8 de enero de 2026

La realidad aumentada de la doctrina Monroe

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

canalesa99@bsky.social

 

(Publicado en Campus Milenio No. 1121. Enero 8, 2026, pág. 4)

 

Después de dos siglos, una nueva versión de los principios de política exterior que formuló el entonces presidente estadounidense James Monroe en 1823 trastocará las relaciones entre naciones y el orden mundial.

 

El contexto de las primeras décadas del siglo XIX, cuando James Monroe buscaba afianzar la independencia de los Estados Unidos, estaba marcado por el anticolonialismo en este continente y el establecimiento de límites al intervencionismo europeo en América. Hoy, en el primer cuarto del siglo XXI el mundo es otro y otras son las implicaciones de las acciones en curso.

 

El 2 de diciembre de 1823, el presidente Monroe, en un largo discurso ante el Congreso (aquí se pueden ver los fragmentos: t.ly/rciFW), anotó el principio de no intervención: “En las guerras de las potencias europeas por asuntos de su incumbencia nunca hemos tomado parte, ni comporta a nuestra política el hacerlo. Solo cuando se invadan nuestros derechos o sean amenazados seriamente, responderemos a las injurias o prepararemos nuestra defensa”.

 

También previó la separación de hemisferios: “El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente diferente en este respecto al de América […] Debemos, por consiguiente, al candor y a las amistosas relaciones existentes entre los Estados Unidos y esas potencias, declarar que consideraremos cualquier intento por su parte de extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad”.

 

A la vez, advirtió sobre la independencia de las colonias: “Con las colonias o dependencias existentes de potencias europeas no hemos interferido y no interferiremos. Pero con los gobiernos que han declarado su independencia y la mantienen… no podríamos ver cualquier interposición para el propósito de oprimirlos o de controlar en cualquier otra manera sus destinos, por cualquier potencia europea, en ninguna otra luz que como una manifestación de una disposición no amistosa hacia los Estados Unidos”.

 

Desde entonces, los principios han sido reinterpretados y aplicados de forma distinta, según la época y las circunstancias, pero se conocen como la doctrina Monroe. En algunos casos se resumen con una frase: “América para los americanos”. Aunque algunos historiadores sostienen que el significado y los propósitos de la doctrina se elaboraron más bien a lo largo del siglo XIX.

 

La doctrina Monroe fue invocada de nueva cuenta, explícitamente, por el gobierno estadounidense el pasado mes de noviembre, en un documento de una treintena de páginas. El texto se titula National Security Strategy of the United States of America (Aquí se puede consultar: t.ly/NqnXo) y no pasó desapercibido para la mayoría de los observadores políticos.

 

Sin embargo, pocos anticiparon que sería la piedra de toque de la política exterior del país vecino y menos aún que en breve se pondría en marcha. Ahora, después de la insólita intervención estadounidense en Venezuela, la dimensión es otra.

 

En el documento, el presidente Trump anotó que se trata de una hoja de ruta y que su principal objetivo es la protección de los intereses nacionales fundamentales. Busca enmendar el camino seguido por las élites previas, porque: “Tomaron la decisión extremadamente errónea y destructiva de apostar por el globalismo y el llamado ‘libre comercio’, que han vaciado de contenido a la clase media y la base industrial en las que se sustenta la preeminencia económica y militar de Estados Unidos”.

 

Así, Estados Unidos renuncia a su liderazgo global y al libre comercio para volcarse sobre sí mismo, establecer una nueva separación hemisférica y un orden mundial distinto. Desde luego, busca el control estricto de sus fronteras, preservar su poderío militar y económico, incluyendo sus ventajas en materia científica, tecnológica y de innovación.

 

Lo notable es que su estrategia nacional descansa en su política exterior y anuncia de forma explícita lo que quiere en y del mundo: “En otras palabras, afirmaremos y aplicaremos un ‘corolario Trump’ a la doctrina Monroe”. Una estrategia que, apunta el documento, no está basada en una ideología política tradicional, más bien, impulsará lo que funcione y sea de interés nacional: “o, en dos palabras, Estados Unidos primero”.

 

La prioridad que encabeza la lista es el control migratorio y anuncia el final de la migración masiva. No es una novedad: desde los atentados terroristas de 2001 el tránsito internacional y los controles fronterizos se endurecieron. Pero Estados Unidos, desde el primer periodo del presidente Trump, vetó las visas de trabajo para algunos países y limitó el otorgamiento de visas de estudio. Ahora el control será más estricto.

 

Otra prioridad, entre otras, es la distribución y traslado de responsabilidades. Explícitamente, declara que “los días en que Estados Unidos sostenía por sí solo el orden mundial como Atlas han quedado atrás” (p.12). Tratará de que los aliados asuman sus respectivas responsabilidades en las regiones correspondientes, como el gasto en defensa de los países de la OTAN.

 

Por último, la estrategia precisa lo que espera de las regiones. La primera es el hemisferio occidental y, sin cortapisa, anuncia que “Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe con el fin de restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro acceso a zonas clave en toda la región” (p. 15-16). Otro tanto, señala para Asia, Europa, Oriente Medio y África, bajo el principio diplomático de “America First”.

 

En fin, estamos por presenciar el desenvolvimiento de la estrategia en marcha y cuánto de lo que se propone logrará. No es una realidad virtual que nos presenta otro mundo; es una  realidad aumentada que añade rasgos perturbadores al que ya tenemos. Lo evidente, como lo podemos atestiguar, es el interés político y económico, pero es indudable que tendrá amplias repercusiones en todos los órdenes, incluyendo la educación y la ciencia y la tecnología. En próxima entrega precisaremos estos componentes.

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