jueves, 17 de julio de 2014

La formación de recursos de alto nivel

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
canalesa@unam.mx Twitter: @canalesa99


El programa de becas del Conacyt, desde su misma instauración, ha permitido la formación de la mayoría de investigadores en México. Lo hemos dicho en numerosas ocasiones: la política de becas del organismo ha sido invaluable, amplia y muy benevolente.

También es cierto que el programa ha tenido sus inconsistencias a lo largo de sus más de cuarenta años, un cierto desorden administrativo, el cual apenas se corrigió en la última década, y altibajos en el volumen de apoyos otorgados. Variaciones que en buena medida han respondido a la variable de los recursos financieros y a las obsesiones de los titulares del programa.

En esta administración, con la iniciativa del Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación (Fobesii), ese convenio marco firmado entre el gobierno estadounidense y el mexicano en mayo del 2013, al parecer habría un renovado impulso a la movilidad estudiantil y a la formación de recursos humanos.

Sin embargo, el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 (Peciti) –cuya anomalía jurídica persiste porque a la fecha no se ha publicado el decreto correspondiente—, no considera el caso del Fobesii ni tampoco alguna iniciativa particularmente destacada al respecto.

El Peciti, en lo concerniente al capital humano, señala que el volumen de becas (nuevas y vigentes) otorgadas por el gobierno mexicano sumaron poco más de 60 mil para estudios de posgrado en el 2012, en su mayoría fueron para estudiar en instituciones nacionales y Conacyt es el principal respaldo de tales becas (otorga ocho de cada diez becas del gobierno mexicano).

Según el Informe general del estado de la ciencia, la tecnología y la innovación 2012, el más reciente disponible, Conacyt otorgó para ese año 46 mil 314 becas, de las cuales el 59 por ciento fueron para maestría, 37 por ciento para doctorado y el 4 por ciento restante paraposdoctorado y estancias.

Del total de becas otorgadas por Conacyt, poco más de la mitad son nuevas becas, nueve de cada diez son para estudios en instituciones nacionales y más o menos se conserva la misma proporción de asignación para las nuevas becas.

El mismo Peciti, a manera de diagnóstico sobre el programa de becas, reitera lo que en administraciones anteriores también se ha indicado: “no se ha contado con una estrategia de focalización clara, puesto que la mayoría de los apoyos otorgados sigue una política poco orientada hacia áreas prioritarias o estratégicas” (p. 23).

Un diagnóstico que en administraciones anteriores ha conducido a modificaciones poco afortunadas del programa. En esta ocasión, el Peciti no señala explícitamente que se vaya a tomar alguna medida, aunque el diagnóstico lo anticipa.

De hecho, en lo que corresponde al rubro de “cooperación internacional”, en el Peciti se reitera más o menos el mismo diagnóstico: los esfuerzos han sido más bien dispersos. Por tanto, indica que a través de un “mapeo” se han identificado países y regiones que ofrecen oportunidades de cooperación para México.

Los países que menciona son: “son Estados Unidos y Canadá, en América del Norte; Argentina, Brasil, Chile y Colombia, en América del Sur; Alemania, España, Francia y el Reino Unido, en Europa; y China, Corea del Sur, India, Israel y Japón, en Asia” (p. 39).

Igualmente, en las estrategias y en las líneas de acción incluidas en el Peciti se anota y reitera la idea de alinear la formación de recursos humanos a las áreas emergentes y a las prioridades del sector a nivel nacional, estatal y regional.

No obstante, a diferencia de otros componentes, el tema de la formación de recursos no forma parte de la descripción de indicadores incluidos en el Peciti que señalan claramente una meta a lograr. Entonces, resulta difícil anticipar hasta dónde piensa llegar en esta materia.

Por otra parte, según ha informado el mismo Conacyt, está en marcha un ejercicio de evaluación de becarios nacionales. El propósito anunciado es “conocer la percepción de becarios vigentes del Conacyt sobre el Programa de Becas Nacionales a fin de generar posibles acciones de mejora en el mismo” (comunicado 41/14).

El caso, como se podrá notar, es que el Peciti no incluye alguna previsión particular que lo conecte con lo que se había planteado en el Fobesii. ¿Se confirma que este último no tiene futuro o son iniciativas divergentes? Seguramente lo primero. Tampoco está claro que habrá un mayor número de becas. Solamente está el propósito de focalizar y concentrar. Veremos si no se vuelven a repetir errores del pasado.

(Publicado en Campus Milenio No. 568. Julio 17, 2014, p.5)

jueves, 10 de julio de 2014

Las cifras y los convenios para abatir el rezago educativo

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
canalesa@unam.mx Twitter: @canalesa99


El analfabetismo, a estas alturas del siglo XXI ya no debiera ser un problema, pero persiste. Es uno de los grandes pendientes del Estado mexicano con los sectores más vulnerables y tal vez la muestra más reveladora de las fallas de los programas de atención educativa.

La actual administración, como también ha ocurrido en el pasado, se ha planteado atender el problema y hacerlo con la participación específica de otros sectores. No es la primera vez que se recurre a la colaboración explícita;tampoco sería raro que los resultados coincidieran.

Las estadísticas más recientes sobre analfabetismo y rezago educativo muestran que el reto es mayúsculo. Loscálculos del Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA), dependientes de bases oficiales, son relativamente variables.

Al cierre de diciembre del año pasado, las estimaciones de INEA indicaban que el volumen global de personas mayores de 15 años analfabetas o que no habían concluido la primaria o secundaria (rezago educativo) sumaban 32,092,865. De ese total: 5,115,854 eran analfabetas; 10,052,846 no habían concluido la primaria; y 16,924,165 no terminaron la secundaria.

Las cifras de este año del INEA, cuando todavía no concluye el año ni se pone en marcha ningún  programa especial, muestran una reducción importante sobre las de diciembre de 2013. Ahora el número de personas registradas que no saben leer ni escribir es de 4,795,459 y las del rezago total 31,784,016. Esto es, serían 320 mil personas analfabetas menos y 309 mil menos en rezago total.

Sin embargo, respecto de diciembre de 2013, la reducción es de llamar la atención por dos razones. Por una parte, en promedio, en ciclos anteriores, el número de personas alfabetizadas por año son poco más de 100 mil; ahora, enun semestre, van poco más de 300 mil. Por otra parte,respecto de los datos del 2013, aunque la reducción del analfabetismo puede ir a un ritmo mayor que la de quienesconcluyen la primaria o secundaria, el primero está incluido en las cifras del rezago, por lo que sus cifras no pueden ser menores a las de este último. ¿Entonces?

La información es del mismo organismo y las bases de cálculo son las mismas. Tal vez el índice de mortandad de la población adulta aumentó repentinamente o alguna de las fuentes es diferente y eso explica las variaciones.Claro, otra posibilidad es el ajuste de las cifras para ir proyectando la reducción. Si los compromisos de la administración son muy puntuales, valdría la pena tener claridad y precisión en las cifras que se alcanzarán.

Las metas comprometidas para el 2018 en el programa institucional del INEA son: disminuir del actual 38 a 33 por ciento el rezago educativo y del 6 al 3.4 por ciento el analfabetismo. En términos absolutos significa que poco más de 5 millones concluirán la primaria o secundaria y2.5 millones de personas serán alfabetizadas.

Es decir, anualmente, durante los próximos cuatro años, deberán alfabetizarse poco más de 600 mil personas (unas 1,700 diariamente; incluyendo días inhábiles) y más de un millón, también cada año, tendrían que concluir su educación básica que dejaron pendiente. Al mismo tiempo, habría que cuidar
que ningún niño o adolescente abandonara la escuela para que no se sumara como nuevo rezago. Nada menos.

La tarea parece difícil, requiere de múltiples y muy variados esfuerzos y por ello parece razonable la campaña que se piensa emprender. Pero tampoco es una novedad. Anteriormente se han celebrado  convenios con las propias dependencias gubernamentales y con organismos particulares para que los trabajadores en situación de rezago logren culminar sus estudios. Sin embargo, los resultados han sido francamente modestos.

Lo que ha sido menos frecuente es la participación de organismos particulares como proveedores, no como usuarios, del servicio educativo. En la administración 2000-2006, precisamente cuando se integró el Conevyt y se planteaba abatir el rezago educativo, se firmaron convenios con empresas nacionales y transnacionales, tanto para el desarrollo de software como para infraestructura en comunicaciones. Y, otra vez, los resultados no fueron los que se esperaban.

Recientemente, para la campaña que arrancará en agosto, se anunció la firma de un nuevo convenio entre el INEA y la empresa Microsoft. ¿Ahora será diferente de lo que fue en el pasado? Todo puede ser posible, pero la experiencia no ha sido nada alentadora.
Sin embargo, sin duda, debe atenderse sin demora el impreciso, grave y penoso problema del rezago educativo y requiere la participación de los diferentes sectores.
(Publicado en Campus Milenio No. 567. Julio 10, 2014, p.4)

jueves, 3 de julio de 2014

El anómalo PECITI 2014-2018

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
canalesa@unam.mx Twitter: @canalesa99

Un tanto extraña e irregular ha sido la publicación del Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 (Peciti). No apareció en la fecha que debió, ahora ya se presentó oficialmente pero el documento no tiene base legal.

Normativamente, todos los programas especiales considerados en el Plan Nacional de Desarrollo, como el Peciti y ocho más, debieron ser publicados a más tardar el último día de abril de este año. Todos aparecieron alrededor de esa fecha, pero no el correspondiente a ciencia y tecnología.

Al parecer el programa ya estaba elaborado, pero la demoraen publicarse era porque faltaba la autorización expresa del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, el organismo que preside el ejecutivo federal y que muy difícilmente se reúne por la complicada agenda de sus integrantes.

Sin embargo, a propósito de las reformas a la ley en materia de acceso abierto a la información científica y tecnológica, el Consejo General se reunió el pasado 20 de mayo, aprobó las reformas correspondientes y también el Peciti. De hecho, el director de Conacyt, Enrique Cabrero, en el mismo foro sobre acceso abierto a la información científica, afirmó que el Peciti se publicaría al día siguiente en el Diario Oficial de la Federación; se refería al 21 de mayo pasado (Comunicado No. 36/14).

No obstante, a pesar de lo que indicó Enrique Cabrero, una vez más, el Peciti no apareció publicado; ni ese día nidespués. Tampoco hubo ninguna explicación al respecto, al menos oficialmente no hubo ningún pronunciamiento.  

Finalmente, Conacyt informa que el Peciti se presentó elpasado viernes 27 de junio y, efectivamente, el documentoya está en su página web. Pero, nuevamente, el Programa no aparece en el Diario Oficial. Ni el día que se presentó oficialmente y tampoco en los días siguientes.

La Ley de Ciencia y Tecnología (LCT) especifica claramente que: “Una vez aprobado (el Peciti), su observancia será obligatoria para las dependencias y entidades participantes, en los términos del decreto presidencial que expida el titular del Ejecutivo Federal” (artículo 21). El asunto es que no existe tal decreto y la existencia del documento programáticosin ese respaldo es más bien una anomalía jurídica.

Tal vez, como lo hemos indicado aquí en otras oportunidades, la relevancia del Peciti se ha relativizado, como la mayoría de los programas sectoriales, regionales y especiales de esta administración.

Frente a la importancia que se le ha concedido a la negociación, los acuerdos con las diferentes fuerzaspolíticas, los compromisos formulados por la actual administración desde el comienzo del periodo, algunas de lasdecisiones anunciadas e incluso a iniciativas que ya están en marcha, los programas se han visto como un asunto secundario, menor y quizás hasta prescindible.

La misma situación, en distinto grado, se advierte endiferentes programas, como el sectorial de Educacion, Energía o de Comunicaciones y Transportes, aunque el caso del Peciti es el más ilustrativo. Lo que importa es acordar, persuadir y presupuestar; ya llegará la hora de preocuparse por el desdoblamiento de las acciones, los resultados y la rendición de cuentas.

En el campo de la ciencia y la tecnología, las propuestas más relevantes, la de invertir el uno por ciento respecto al PIB en investigación y desarrollo experimental o las cátedras Conacyt para jóvenes doctores, entre otras, fueronformuladas desde el comienzo del periodo y desde luego antes de la elaboración del Peciti.

¿El gobierno en turno debe cruzarse de brazos y esperar hasta que esté lista la orden de salida de un meticuloso trabajo de planeacion de su periodo? Definitivamente no. Los problemas públicos son apremiantes y la línea base de cada administración no comienza de cero. No se puede estar improvisando cada tanto y las soluciones tampoco se generan de forma espontánea.

No obstante, lo sorprendente es la escasa importancia que se le confiere a la observación de las 
normas en todos los niveles y sectores. Tal vez sea mucha ingenuidad y una minucia la causa, pero parece no tener importancia ni consecuencias trangredir un precepto, al cabo que solamente es “tantito” o sus efectos ni se notan en el panorama caótico en el que tiene lugar o frente a los verdaderos y grandes males.

En fin, seguramente, en algún momento, será publicado el Peciti en el órgano correspondiente y ¿obligatorio para las dependencias y entidades correspondientes? Tal vez, sólo tal vez


(Publicado en Campus Milenio No. 566. Julio 3, 2014, p.4)


viernes, 27 de junio de 2014


Los números de América del Sur

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

A diferencia de los números del fútbol, los indicadores de las actividades científicas y tecnológicas son parsimoniosos y menos sorpresivos. En la primera fase de la Copa Mundial de la FIFA 2014, una de las grandes sorpresas fue el bajo desempeño de estrellas del fútbol y de algunos de los grandes equipos europeos, notablemente de los seleccionados de España y Francia. En contraste, llamaron la atención los resultados de las selecciones sudamericanas de Chile y Colombia; también de Costa Rica y México.

Ahora viene la segunda fase del torneo de fútbol, un mayor nivel de competencia, otro tanto de azar, pero una mayor decantación de los equipos y resultados que seguramente ya no serán tan inciertos. Ahora se asemejarán más, en cierto nivel comparativo, con las tendencias de los indicadores de ciencia y tecnología. Cifras más predecibles.

Tal vez, estimado lector, recordará que hace quince días, en este mismo lugar, a propósito de la ceremonia inaugural de la competencia futbolística, anotamos que logros y rezagos de Brasil estaría altamente expuestos. Efectivamente, en la víspera del inicio de la competencia futbolística, la prestigiosa revista Nature dedicó un número especial al panorama de la ciencia en América del Sur (doi:10.1038/510188a). No incluye América Central y tampoco a México.

La idea, indicó la revista, fue destacar algunas de las historias de éxito de la región, pero también sus mayores retos. En las primeras, destaca el rápido desarrollo y creciente interés del caso chileno por la astronomía. Un desarrollo que apenas comenzó hace tres décadas, con un involucramiento casi personal, como suele ocurrir con el florecimiento de algunas disciplinas, pero que ahora tiene un grupo importante de recursos humanos y un amplio respaldo gubernamental.

Otro caso es el papel de la Fundación de Apoyo a la Investigación de Sao Paulo (FAPESP). En buena medida responsable de los grandes números de ese estado brasileño, el más próspero y el de mayores y mejores indicadores de ese país. En Sao Paulo se publican más de la mitad del total de artículos científicos de todo Brasil.

El año pasado, se indica en la revista, la FAPESP invirtió 512 millones de dólares en financiamiento científico. Nada menos, un volumen casi equiparable al presupuesto total del organismo federal del sector (el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, CNPq,  que destinó 650 millones de dólares). Alrededor del 37 por ciento del financiamiento de la FAPESP es para investigación básica.

También se mencionan logros agrícolas de Colombia, particularmente los convenios de colaboración con el Centro Internacional de Agricultura Tropical. Igualmente se anotan los esfuerzos de Argentina, en condiciones adversas y presupuestos limitados, en áreas de conocimiento como la biología molecular.

En lo que se refiere a los retos, la referencia son los recursos financieros, la productividad y las actividades colaborativas. En cuanto al volumen de gasto, Brasil es el único país de la región latinoamericana que destina más del uno por ciento del PIB a investigación y desarrollo experimental. De hecho, la inversión del país sudamericano es casi el triple de los recursos que destina México.

Brasil también es, en la región sudamericana, la nación con el mayor número de artículos publicados en Scopus; su producción se ha quintuplicado en los últimos 20 años. En el 2013 sumaba poco más de 46 mil artículos, casi dos tercios del total de la región en esa base de datos. Pero si en lugar de considerar el volumen total, la comparación es per capita, las cifras de artículos publicados son relativamente similares a las de Argentina, Uruguay y Chile.

Perú, con poco más de un millar de artículos en Scopus, es el país con la producción más modesta. Sin embargo, destaca Nature, casi tres cuartas partes del total de sus artículos son en coautoría con científicos de otros países, por lo que se ha incrementado de forma importante su factor de impacto, principalmente en el campo de la prevención del VIH, tuberculosis y lupus. Por el contrario, Brasil es el de menor coautoría, con menos de un cuarto de su producción total.

Las cifras son múltiples y muy variadas. De hecho, como ya se ha hecho notar en ocasiones anteriores, la producción científica de la región puede estar subestimada, por las bases de datos que se utilizan para los cálculos. Sin embargo, las tendencias, como en la final de la Copa Mundial, no variarán de forma significativa. ¿O sí?

(Publicado en Campus Milenio No. 565. Junio 27, 2014, p.4)

 

jueves, 19 de junio de 2014


El modelo educativo mexicano

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

La tarea parecía complicada e irrealizable al inicio del año. Hoy, una vez concluidos los foros de consulta, el diseño para la revisión del modelo educativo se ve lógico, fácil e impecable, aunque sus resultados están por demostrarse.

El secretario de Educación, Emilio Chuayffet, dice que “parecieran” claras las orientaciones para el modelo de educación básica. También para la media superior y Normal. Pero, con todo, falta el modelo mismo y, principalmente, el arribo a su destino: los recintos del sistema escolar.

La discusión sobre el modelo educativo no concitó tanto interés mediático. Los reflectores y las notas han sido para el encarcelamiento de la ex líder Elba Esther Gordillo, el ajuste en la estructura sindical (reconocida o no), lo mismo que para el articulado y la letra chiquita de la disposiciones legales de la reforma y su periplo en los congresos locales.

El asunto del modelo se ha circunscrito, básicamente, al espacio de los foros, a la letra y a la voz de sus participantes directos. En un intercambio que parece más propenso y reservado a la argumentación, con interlocutores interesados. Sin embargo, no hay duda de que la idea de modelo es central en el actual proceso de reforma.

Un modelo, según el diccionario de la Real Academia, es un “arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo”. Por consiguiente, un modelo educativo sería un arquetipo que representa las características deseables, ejemplares, a las que debiera orientarse explícita y claramente el sistema educativo.

Estamos hablando de un modelo educativo; no se trata solamente de un modelo pedagógico o de organización, gestión y liderazgo escolar. Es el modelo en búsqueda de la inasible y prometida calidad educativa. Se entiende que consideraría todo, prácticamente todo lo relativo a la educación (profesores, alumnos, contenidos, infraestructura, planes, programas, financiamiento, regiones, etcétera) pero a escala, de una forma condensada, en la que destacarían los rasgos más apreciados que funcionarían como punto de referencia para el conjunto.

Si es el caso, la iniciativa supondría que hasta ahora hemos funcionado sin modelo educativo o con uno más bien deficiente o anacrónico, causante, en buena medida, de la mayor parte de la mala educación y sus deplorables indicadores. En consecuencia, si todo marcha conforme a lo previsto, también implicaría que en adelante tendremos un nuevo modelo, uno que permitirá superar las fallas, mejorar los resultados y alcanzar la calidad. ¿El modelo educativo mexicano? Podría ser.

En el artículo tercero Constitucional, la reforma más reciente estableció que: “El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos” (tercer párrafo).

A su vez, en la ley general de educación (LGE), en artículo transitorio, quedó asentado: “A efecto de dar cumplimiento a la obligación de garantizar la calidad en la educación, las autoridades educativas deberán proveer lo necesario para revisar el modelo educativo en su conjunto, los planes y programas, los materiales y métodos educativos” (transitorio décimo segundo).

Ahí se localizó la iniciativa de revisar lo que se denominó “el modelo educativo” de la educación obligatoria, el cual va del preescolar hasta la media superior, aunque también incluyó a la educación normal. Pero, con la excepción del artículo transitorio de la LGE, el término no aparece en la legislación educativa.

Luego vino la estrategia. El diseño de los foros sobre tres tipos educativos: básica, media superior y educación normal, cada uno con cinco temáticas para realizar aportaciones. A su vez, cada uno de los tipos educativos incluyó un comité técnico (sin definirse su número en la convocatoria) y un consejo asesor integrado por cinco especialistas (15 en total). Los 18 foros regionales se realizaron de febrero a mayo y los tres nacionales (uno para cada tipo educativo) en este mes de junio.

Una secuencia y organización que al comienzo parecía poco promisoria. Actualmente, las consultas se llevaron a cabo, existen conclusiones provisionales y ya están claramente apuntadas las orientaciones. El asunto es si es el comienzo de lo que será la definición de un eventual modelo educativo o es solamente fue una estrategia exitosa del diseño de agenda del modelo mexicano. Pronto lo veremos.

 (Publicado en Campus Milenio No. 564. Junio 19, 2014, p.4)

jueves, 12 de junio de 2014


En la cancha de Brasil

 
Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

Hoy, precisamente este día, una buena parte de la atención pública internacional se concentra en Brasil. Ahí inicia la competencia por la Copa Mundial FIFA 2014, el máximo encuentro futbolístico que atrae no solamente a recalcitrantes aficionados a ese deporte, también a los indiferentes pero que están pendientes del escaparate que es el país sede.

La Copa Mundial, en la que ahora participan 32 selecciones nacionales, es uno de los juegos deportivos más vistos en el mundo y también uno de los más rentables. Algunos medios e indicadores sostienen que es el de mayor audiencia e ingresos, pero otros dicen que son los juegos olímpicos. No hay duda de que ambos son muy importantes.

La revista Forbes ha documentado que el Mundial está entre los 10 deportes de mayor valor, solamente abajo del Super Bowl y los juegos olímpicos. Los derechos de comercialización de estos últimos de 2009 a 2012, ha sostenido la revista, se estiman en alrededor de 8 mil millones de dólares.

Según los datos oficiales de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), en el torneo anterior, el de Sudáfrica en 2010, solamente por derechos televisivos recaudaron 2 mil 408 millones de dólares y 1 mil 072 millones de dólares por derechos de comercialización. Alrededor del 90 por ciento de los ingresos totales del organismo.

El volumen de las cifras nos da una idea de la relevancia del encuentro deportivo, pero quizás la rentabilidad y los aspectos financieros no sea lo más destacado del evento que ahora se realiza. Más importante es la exposición mediática que ha tenido y tendrá Brasil en estas semanas.

Las noticias previas a la Copa fueron poco alentadoras. Enfatizaron las manifestaciones de inconformidad por los costos excesivos que implicó la organización del encuentro, particularmente por el número de estadios deportivos que se construyeron y los recortes en gasto social; los problemas laborales que se han generado; la organización y logística; y el tema de seguridad pública.

Una imagen negativa que se sumó al declinante desempeño de la economía brasileña en los últimos tres años y a las posibilidades de continuar en el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. Ahora, la realidad del país estará capturada y amplificada por miles y miles de testimonios, cámaras fotográficas y videograbaciones. Fragmentos de una realidad que tal vez no es la que quieren proyectar los gobernantes.

La semana pasada, en un foro organizado por el diario español El País sobre desarrollo e innovación, el ex presidente brasileño Lula da Silva, no solamente argumentó y defendió logros de su propio gobierno (2003-2011) y de su sucesora, Dilma Rousseff (2011-2014), también hizo comparaciones desfavorables sobre México.

Por ejemplo, según el rotativo español, destacó los avances de Brasil a partir del 2003 y aseguró que no habrá retroceso para Brasil. Lo notable fue que criticó a la prensa, nacional y extranjera, por elegir a México como la nación en ascenso y destacó: “Me fui a enterar [de los fundamentos económicos mexicanos] y todo es peor que en Brasil… Lo que hacen mejor, nosotros ya lo hicimos con Petrobras hace 20 años" (El País 07.06.2014).

El discurso del ex mandatario brasileño abona a cierta rivalidad soterrada que han sostenido ambos países de forma alternada, dependiendo de las posiciones que ocupan en las tendencias de los indicadores. Al final de los años noventa México parecía la nación prometedora y Brasil no; al término de la década pasada las posiciones se invirtieron.

En el contexto de las elecciones del próximo mes de octubre en Brasil, los datos desfavorables para ese país en los últimos tres años, la baja de popularidad de la presidenta Rousseff y la incertidumbre sobre su posible reelección, las palabras de Lula da Silva parecen comprensibles.

México y Brasil concentran el mayor volumen de población en la región, el primero con poco más de 100 millones y el segundo ligeramente arriba de los 200 millones; ambos representan más de la mitad del total de población en el área. Lo mismo ocurre con el tamaño de sus economías: el PIB de Brasil es casi el doble que el de México. Pero el crecimiento anual del PIB de México fue superior al de Brasil en los últimos tres años (casi tres o cuatro veces más). Tal parece que otra vez las posiciones se han invertido.

En definitiva, como dijo el alcalde de Río de Janeiro, “Brasil no era un país tan exitoso como se decía hace tres años, ni es un país tan defectuoso como dicen que somos ahora”. Y están en su cancha. Los indicadores los veremos próximamente.
 
(Publicado en Campus Milenio No. 563. Junio 12, 2014, p.4)

 

viernes, 6 de junio de 2014


PECITI 2014-2018: ¿laberinto de las normas o desinterés?

 
Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

Ni en abril como debió ser, ni en mayo como cabría esperar, se publicó el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014 – 2018 (PECITI). Incluso han transcurrido los primeros días de junio y sigue sin aparecer oficialmente.

Algunos dicen que la publicación del PECITI, en tiempo y forma, no tiene mayor importancia, puesto que casi desde el primer día de ejercicio de la administración se establecieron compromisos y se pusieron manos a la obra para lograrlos.

Y sí, quedó registrado el compromiso de alcanzar el uno por ciento, respecto al PIB, de inversión en investigación y desarrollo experimental, así como algunas acciones para expandir y fortalecer capacidades, como las Cátedras Conacyt para jóvenes investigadores.

Entonces, ¿carece de relevancia el PECITI? No. El programa es la expresión desagregada de anticipación de resultados y una forma de rendir cuentas, no solamente una disposición legal de un vetusto sistema de planeación democrática que, ni antes ni ahora, parece funcionar para las tareas de gobierno y para marcar el rumbo del desarrollo del país.

Los programas, sectoriales, regionales, institucionales o especiales, concentran los objetivos, estrategias, acciones y metas que se propone alcanzar el gobierno en turno. Pero, cada vez más, con la incorporación de metas cuantitativas e indicadores claros, permiten valorar la viabilidad de las acciones y exigir resultados.

En el caso de los programas especiales, como el PECITI, se supone que lo son porque se refieren a prioridades de desarrollo nacional contenidas en un plan y también, aunque habrá una sola entidad coordinadora, porque sus actividades están relacionadas con varias dependencias gubernamentales. Los programas sectoriales nada más se refieren a una sola área de la administración, como educación, salud energía o desarrollo social, aunque puedan tener relación con otras dependencias.

Lo notable es que, como corresponde, los programas sectoriales fueron publicados en diciembre del año pasado; los programas especiales, según los lineamientos de la Secretaría de Hacienda, debieron publicarse a más tardar el último día del mes de abril. Sin embargo, no todos aparecieron en la fecha prevista.

En el Plan Nacional de Desarrollo se plantearon una decena de programas especiales: Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable; de Cambio Climático; de Cultura y Arte; de Cultura Física y Deporte; de los Pueblos Indígenas; de Migración; de Producción y Consumo Sustentable; para Democratizar la Productividad; y de Ciencia, Tecnología e Innovación. Solamente el último no se ha publicado.

En su momento, en este mismo espacio, señalamos que seguramente la demora en la publicación se debía al complicado y jerarquizado esquema de organización para aprobar el programa, dado que la autorización dependía del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación (CGICDTI), el máximo órgano de gobierno y de política del sector. El Consejo es presidido por el ejecutivo federal y participan los titulares de las secretarías que tienen más relación con la ciencia y la tecnología, pero muy rara vez se reúnen.

No obstante, el pasado 20 de mayo, a propósito de la aprobación de las reformas a la leyes de ciencia y tecnología, educación y Conacyt, en materia de acceso abierto a la producción científica, se reunió el CGICDTI y aprobó el PECITI.

Las reformas legales sobre acceso abierto fueron publicadas el mismo día en el Diario Oficial de la Federación y la mayor parte de los asistentes, incluyendo a los titulares del sector, indicaron que al día siguiente, como debía ser, sería publicado el PCITI. No fue así.

Al parecer no se trata de que el documento esté inacabo. Una versión preliminar del PECITI, de cerca de un centenar de páginas, fue remitida el 14 de abril a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), esa instancia creada en el año 2000 para promover la política de mejora regulatoria, para que dictaminase si el Programa estaba exento o no de una manifestación de impacto regulatorio. La Cofemer lo dictaminó al día siguiente.

Si el PECITI ha sorteado las dificultades para que se reuniera el Consejo General, el mayor obstáculo para su aprobación, y no se presenta oficialmente, a pesar de que cumplió las reglas para su publicación en el Diario Oficial de la Federación. Entonces, tal parece que el programa ni es tan especial, tampoco muy intersectorial y menos ligado al desarrollo nacional. ¿Seguimos improvisando?

(Publicado en Campus Milenio No. 562. Junio 6, 2014, p.4)