jueves, 16 de febrero de 2023

El modelo mexicano de la innovación

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 984. Febrero16, 2023)

 

El plan todavía no está en marcha, espera una exención de impacto regulatorio que probablemente le será concedida, pero en breve podría estar vigente. Se trata del Plan Nacional para la Innovación, una iniciativa más en la atípica planeación del actual periodo gubernamental y, además, dice su proyecto, seguirá un Modelo Mexicano de Innovación.

 

La primera vez que se mencionó la intención de llevar la innovación al campo científico y tecnológico, en este periodo de gobierno, fue en julio del 2019. En esa fecha se presentó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del sexenio y, seguramente usted lo recuerda, suscitó una amplia controversia, tanto por la estructura y duplicidad de documentos del plan, como por el desencuentro que causó entre el ejecutivo federal y el entonces titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Al final este último renunció al cargo.

 

En fin, el caso es que el PND incluyó un párrafo de un par de líneas sobre lo que debía realizarse en el sexenio en materia de ciencia y tecnología. Ahí se anotaron tres acciones: promover las actividades del sector; apoyar a estudiantes y académicos con becas; y, lo más relevante para lo que ahora interesa, Conacyt debía coordinar un “Plan Nacional para la Innovación en beneficio de la sociedad y del desarrollo nacional con la participación de universidades, pueblos, científicos y empresas” (DOF. 12.07.2019).

 

No obstante, concluyó el 2019, le siguieron dos años más y no se volvió a mencionar el Plan Nacional para la Innovación (PNI). Seguramente porque el programa sectorial (el Peciti), ese documento que debería desdoblar el mandato sobre innovación, tampoco estuvo listo cuando debió estarlo. Finalmente, casi el último día del año 2021, fue publicado el programa y sí incluyó la elaboración del PNI como parte de las estrategias para asegurar que el conocimiento científico se pudiera traducir en soluciones sustentables (DOF. 28.12.2019: 482).

 

Transcurrió el año 2022 y el asunto no se volvió a tocar. Ahora, apenas la semana pasada, el Conacyt envió su proyecto de PNI a la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer). Esta última es la instancia encargada de valorar las regulaciones y promover la simplificación administrativa, por lo cual las entidades administrativas deben remitirle cualquier nueva iniciativa de marco normativo.

 

Las dependencias administrativas también pueden pedirle a la Conamer la  exención de análisis de impacto regulatorio, si estiman que el plan o programa que proponen no tiene costos para el ciudadano. El Conacyt solicitó exención para el PNI porque, dice en su justificación, no representará trámites adicionales: “se hará mediante la vinculación de lo ya existente, aprovechando al máximo lo que se invirtió en el pasado” (Proyecto-Conamer).

 

A la fecha de escribir este texto no estaba la respuesta de la Conamer, pero lo más probable es que le conceda la exención, en cuyo caso no habrá análisis regulatorio ni demora para que entre en vigor el PNI al publicarse en el Diario Oficial de la Federación . Pero ¿qué propone el nuevo plan de innovación?

 

Uno de los principales componentes, dice el proyecto, para alcanzar la encomienda de llevar la innovación en beneficio de la sociedad y el desarrollo nacional, es la “implementación del “Modelo Pentahélice, el Modelo Mexicano de Innovación, con el que será posible construir los andamiajes necesarios para transitar de la generación del conocimiento a la implementación del mismo” (p. 8).

 

El diagnóstico es relativamente similar a las líneas de otros planes y programas: durante el dominio del neoliberalismo las políticas científicas y la innovación se dirigieron principlamente a la productividad y competitividad “y en menor medida en generar impactos directos para favorecer el bienestar social o el ambiente”. Y más o menos lo mismo sobre el presupuesto: “no se invirtió de manera adecuada”.

 

¿Cuál es el modelo pentahélice, el modelo mexicano? En realidad es una variación de uno muy popular en la literatura de política científica, denominado “modelo de innovación de triple hélice”, conceptualizado por Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff en los años noventa, cuyo planteamiento era que el potencial para la innovación y el desarrollo económico provenía de un modelo impulsado por las interacciones entre universidades, industria y gobierno (una hélice por cada uno), pero donde las universidades jugaban un papel destacado.

 

El modelo mexicano, propone el PNI, consistiría en sumarle dos hélices al modelo original: el ambiente y la sociedad. El primero porque lo considera “un actor activo” que es impactado por todo lo que hace la sociedad y la segunda porque el Plan considera sus necesidades, problemas y recibe los resultados de todos los esfuerzos.

 

Ojalá fuera tan fácil construir un modelo, tan sencillo como añadir uno, dos o tres componentes, sin afectar sus bases conceptuales, su representación, capacidad analítica y el sentido mismo de modelo. No lo es. Volveremos en una siguiente entrega.

 

El tema de la innovación como política ya tiene sus décadas entre nosotros, ha tenido sus ajustes en este tiempo, pero no será con improvisaciones como podremos aprovechar las posibilidades que ofrece.

 

Pie de página: La controversia sobre el glifosato se tornará más álgida y el gobierno federal ya publicó está semana el decreto para restringir la adquisición e importación de maíz genéticamente modificado y también de glifosato. Pendientes.

jueves, 9 de febrero de 2023

Probar y discutir la inteligencia artificial

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio. No. 983. Febrero 9, 2023. Pág. 4)

 

El acceso público a ChatGPT apenas tiene un par de meses, pero el furor ya es notable en todos los ámbitos y regiones; el asombro va en aumento y la herramienta de inteligencia artificial resulta tan prometedora como inquietante. No es para menos. Se trata de un sistema de inteligencia artificial que puede elaborar textos en segundos de muy alta calidad sobre los más variados temas.

 

Lo inquietante es que la fluidez, estructura y calidad de los textos producidos por la herramienta no se puede diferenciar de aquellos elaborados por una persona. Aunque, ciertamente, lo que hace es completar lo que se le pregunta, porque el sistema, el modelo de lenguaje que utiliza, está diseñado para responder de forma articulada y semánticamente correcta.

 

No obstante, se ha dicho, no hay garantía de que la información que arroje sea veraz y correcta. Las respuestas obtenidas pueden ser incorrectas porque la herramienta tiene dificultades para distinguir la realidad física y la social o se advierten sesgos para coincidir con la persona que le pregunta. Además, sus respuestas no consideran acontecimientos posteriores al año 2021 o lo hacen de forma muy limitada

 

Algunos piensan que no hay mucha diferencia con las respuestas que se pueden obtener a través de los actuales motores de búsqueda en internet o con otros modelos de lenguaje que se han ensayado en los últimos años. Sin embargo, tanto por su rapidez, como por su autoaprendizaje, calidad, acumulación de información y disposición pública gratuita, no hay duda de que estamos ante una nueva y poderosa herramienta que podría modificar de forma sustancial nuestra vida cotidiana y prácticas académicas.

 

Las siglas en inglés GPT se han popularizado rápidamente y corresponden a Generative Pre-trained Transformer, un modelo de lenguaje autorregresivo, tercera generación, creado por una compañía de investigación de inteligencia artificial (OpenAI). La propia compañía dice que su misión es asegurar que la inteligencia artificial general beneficie a toda la humanidad, pero lo cierto es que está financiada en gran medida por Microsoft y pusieron a disposición pública la herramienta el último día de noviembre del año pasado.

 

Resulta relativamente sencillo utilizar la herramienta, solamente hay que dirigirse a la página electrónica de la compañía (chat.openai.com), registrar un correo electrónico, una palabra clave de contraseña y listo. La página es sencilla e ilustrativa, solamente hay que preguntar o darle indicaciones de lo que queremos de forma clara. El servicio es gratuito, pero también hay otro de paga con mayores beneficios.

 

Los resultados y los textos obtenidos a través de ChatGPT nos pueden sorprender satisfactoriamente. A la par, sin embargo, afloran las preocupaciones por la relativa facilidad con la que se podrían generar hechos alternativos, información engañosa o errónea, controversias por los derechos de propiedad intelectual o la atribución de autoría de los textos que fueron elaborados por un sistema. Este último, no cabe duda, es un tema altamente sensible en el desempeño laboral y en los procesos formativos de las instituciones educativas.

 

No es fortuito que recientemente la revista Nature diera cabida a una colaboración de académicos que urgen a establecer prioridades ante el inexorable avance de los sistemas de inteligencia artificial. Las puntualizaciones han tenido una amplia aceptación en el mundo académico y científico porque reflejan preocupaciones compartidas.

 

Por ejemplo, señalan que se debe insistir en mantener la verificación humana sobre el trabajo científico, elaborar reglas para una auténtica rendición de cuentas sobre su uso en la práctica académica, así como pugnar por inversiones para crear sistemas de inteligencia artificial realmente abiertos. Porque, prevén, la nueva herramienta seguramente estará en toda la cadena del trabajo científico, desde el diseño del experimento hasta la publicación del trabajo.

 

Tal vez lo más importante es, como lo plantean los académicos en su colaboración para Nature, participar en el debate de esta tecnología disruptiva porque su presencia y uso serán inevitables. En primer lugar, recomiendan que todos los grupos de investigación se reúnan para conversar y probar por sí mismos la nueva herramienta, un encuentro en el que podrían tener un papel sobresaliente los líderes y profesores responsables para acordar algunas reglas básicas de compromiso para un uso íntegro, honesto y transparente de la herramienta.

 

Además, en segundo lugar, solicitan un amplio foro internacional inmediato y continuo acerca del desarrollo y uso responsable de la nueva tecnología para la investigación. Por último, plantean una decena de preguntas a discutirse en el eventual foro, en donde la diversidad y desigualdad en la investigación es un asunto clave.

 

El tema apenas está despuntando y pronto veremos más ángulos de la discusión. ¿Usted ya utilizó la nueva tecnología? Si no es el caso, debería hacerlo.

 

Pie de página: La propuesta de ley general de ciencia del gobierno federal sigue generando consenso, pero en su contra. El Conacyt no tiene una definición de ciencia neoliberal, esa fue la respuesta dada a Juan Pablo Pardo-Guerra, obtenida a través de la plataforma nacional de transparencia.

jueves, 2 de febrero de 2023

Que “no quede ni una coma”

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 982. Febrero2, 2023)

La semana inició con una nueva agrupación en el campo de la política, sonaba fuerte en los pasillos desde tiempo atrás, se especulaba sobre los nombres que la cobijaban y se decía que traía propuestas novedosas. Sin embargo, hoy parece estar en vilo, la perspectiva está trunca y no están todos los que iban a acompañarla; lo más tangible es su documento de arranque.

 

Todavía no se sabe bien a bien qué nombre tiene el grupo, se autonombra “Méxicolectivo”, se entiende la intención, pero no está fácil que las audiencias retengan la denominación. Tal vez por eso muchos lo refieren como “Colectivo México” e incluso hay quien lo llama “Punto de Partida”, como el título del documento de su presentación pública.

 

Mal comienzo si no está claro cómo se llama la agrupación y peor si tampoco se sabe cuántos y quiénes la integran. Al parecer suman más de medio millar las personas que participan en la iniciativa, pero aspiran a convertirse en un movimiento masivo, aunque hasta ahora los nombres más mencionados son una docena de personalidades públicas.

 

Además, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, uno de los personajes más populares asociado al impulso de la iniciativa, no asistió a la presentación pública del lanzamiento y al día siguiente emitió un comunicado público para explicar su ausencia. Por cierto, él la denomina asamblea y reunión “Punto de partida”.

 

El ingeniero acepta que conoció el “desenvolvimiento” del documento con el que se dio a conocer la agrupación, pero aclaró que él no convocó a nada ni a nadie. Y su comunicado finaliza lacónicamente diciendo que les había hecho saber, a quienes lo invitaron, que: “a partir de consideraciones de carácter político, no seguiría participando más”. Solamente el ingeniero sabrá cuáles fueron esas consideraciones, especulaciones puede haber muchas, pero las razones no están en su comunicado.

 

Los promotores de la iniciativa han dicho que tienen más de un año trabajando en la organización y en el documento. De hecho, diversas filtraciones desde hace meses habían llamado la atención sobre el movimento en ciernes y levantado muchas expectativas. Después de todo, en la actual gestión, los tiempos de la contienda por la presidencia de la República se anticiparon por el propio presidente de la República desde la mitad de su periodo, así que lo raro era que no hubiera aparecido antes un movimiento organizado en el escaparate político.

 

En fin, el caso es que aunque los integrantes de la nueva iniciativa dicen que tienen más de un año de trabajo, a juzgar por los primeros resultados, tal parece que el tiempo invertido no ha sido suficiente. Muchos son los cabos sin atar y los que estaban atados se están soltando.

 

Así las cosas, a menos que en las siguientes semanas la agrupación muestre algo novedoso, por ahora lo que hay es un documento inicial: “Punto de Partida”. Un texto de carácter preliminar de medio centenar de cuartillas en el que, en siete rubros, plantea un diagnóstico en trazos muy generales y aventura unas 50 propuestas. Algunos de los rubros son, por ejemplo, “Un México en paz y con desarrollo”, “Igualdad y calidad de vida” o “Pobreza y desigualdad”. Por cierto, el documento estaba disponible en la página web del colectivo, pero al día siguiente fue retirado, seguramente porque es un documento provisional que todavía tiene errores.

 

El documento invita al eventual lector a sumarse a un “espacio ciudadano, a un nuevo tiempo ciudadano”, plural, a concurrir a pesar de las divergencias, en un texto que, dice, es un punto de partida. Y previene: “Puede que, de él, al final, no quede ni una coma, porque lo importante es pensar y conversar en colectivo un México posible y diferente, unido en un propósito superior a toda parcialidad: demostrar que México no tiene una sola voz y que su representatividad es plural e inabarcable” (pág. 6).  

 

En particular, en el rubro “Igualdad y calidad de vida”, en un par de páginas diagnóstica los males. El rubro incluye la problemática más aguda de los sectores de salud, educación y cultura, Por ejemplo, sobre el ámbito educativo anota: “La educación en México hoy es de mala calidad y no facilita la movilidad social. La instrucción y las estancias infantiles han sido desatendidas, y la escuela de tiempo completo ha sido cancelada. Hoy se pasa de año escolar por inercia, no por conocimientos” (p. 22).

 

Finaliza ese mismo rubro indicando que “son sectores lastimados y en el olvido, con pocos recursos públicos y disminuidas perspectivas” (pág. 23). Una afirmación con la que se puede o no estar de acuerdo, pero que claramente precisa de un mayor y mejor diagnóstico.

 

En consecuencia, como propuestas, o “temáticas a ponderar” para la eduación, plantea que se podrían: Transformar  todas las escuelas básicas en escuela de tiempo completo; Revisar a fondo planes de estudio y libros de texto, con un enfoque de conocimientos y habilidades; Impartir capacitación permanente a los maestros y establecer estímulos por desempeño y antigüedad;  Diseñar políticas públicas para cultura, ciencia y tecnología, con presupuesto consecuente y voluntad política

 

La estrategia que ha seguido la nueva agrupación no ha sido nada afortunada y, como lo han anticipado, tal vez de su diagnóstico y propuestas no quedará ni una coma. Elementos de diagnóstico hay muchos y muy diversos, pero lo que más se necesita son propuestas y espacios de deliberación e interlocución.

 

Pie de página: Inició el periodo ordinario de sesiones en el Congreso y aunque la discusión de la nueva ley general de ciencia no encabeza la agenda legislativa, se había dicho que los legisladores trabajarían en conferencia. La iniciativa seguramente pronto pasará al pleno. Pendientes.

jueves, 26 de enero de 2023

Científicos: Exoneración, casualidad y reparación

 Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio. No. 981. Enero 26, 2023. Pág. 4)

 

Después de un año y medio de zozobra, tal parece que paulatinamente serán cerrados en definitiva los expedientes judiciales de los 36 científicos y exfuncionarios del Conacyt. Las recientes resoluciones no incluyen a todos los acusados, apenas va media docena, pero pronto podría concluir uno de los capítulos más lamentables y vergonzosos de la relación entre autoridad y comunidad científica. 

 

El desencuentro entre unos y otros lleva lo que va del actual periodo de gobierno y ha sido ampliamente documentado en los medios. Sin embargo, otra fue su escala cuando en agosto del año 2021 la Fiscalía General de la República (FGR) solicitó ordenes de aprehensión para 31 científicos y exfuncionarios del Conacyt; el fundamento era su participación en cinco delitos y los de mayor gravedad fueron operar con recursos de procedencia ilicita y delincuencia organizada. 

 

Las acusaciones eran desporpocionadas porque ameritaban prisión preventiva oficiosa y el punto del conflicto era si el financiamiento que recibió en administraciones anteriores el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) había sido o no legal. Las autoridades del Conacyt, han sostenido que era ilegal, mientras que los acusados han dicho que la operación fue conforme el marco normativo vigente. 

 

Los científicos o exfuncionarios, como cualquier otro profesionista, persona o servidor público, no están o no deben estar exentos de la aplicación de la ley. Si actúan de forma indebida o cometen ilícitos deben responder por sus actos y ser llamados a cuentas. La titular del Conacyt, la doctora Álvarez Buylla, en su momento, dijo que ella había cumplido con presentar la denuncia, pero lo grave fue que las indagatorias de la FGR parecían revelar otras motivaciones.

 

En efecto, precisamente, poco antes de presentar los cargos en contra de científicos y exfuncionarios de administraciones previas, el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, después de una década de tratar de ingresar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) fue admitido en la actual gestión. 

 

Una comisión especial designada por las autoridades del Conacyt resolvió que el fiscal “había recibido un daño reiterado y acumulado a lo largo de 10 años, por lo que éste debía ser reparado con la asignación del nivel 3” (Comunicado 12.06.2021). O sea, no solamente fue admitido, quedó en el nivel más alto del programa. La relativa coincidencia en el tiempo sobre el ingreso del fiscal general al SNI y el tipo de acusaciones en contra de exfuncionarios del Conacyt no pasó desapercibida, aunque no hizo variar el talante de las autoridades del sector y tampoco de la fiscalía. 

 

Incluso, en septiembre del año 2021, a pesar de que un juez había rechazado por segunda ocasión las órdenes de aprehensión, el fiscal general volvió a la carga, dijo que no aceptaba el criterio del juez y anunció que solicitaría de nueva cuenta las órdenes de aprehensión (Comunicado 377/21. 22.09.2021). Además, la fiscalía general dobló la apuesta: amplió sus indagaciones a otras instancias e incrementó el número de científicos y exfuncionarios investigados. Si al inicio eran 31 personas, luego añadió cinco más, para sumar en total 36. El temor de los acusados a la ira del fiscal no era para menos y la probabilidad de terminar en la cárcel se incrementó. 

 

Las indagatorias continuaron su curso, aunque no hubo mayor información en los medios. Sin embargo, recientemente hubo otra coincidencia relativa: precisamente cuando se ha especulado sobre la ausencia y el estado de salud del fiscal general Gertz Manero, han llegado las notificaciones de cancelación de expedientes judiciales de los científicos. 

 

La semana pasada, el portal de noticias Animal Político dio a conocer que un tribunal federal había ordenado desde el 13 de enero cancelar los cargos en contra de Julia Tagüeña Parga, José Franco, Gabriela Dutrénit Bielous, Teresa de León Zamora y Marcial Bonilla Marín. Los abogados encagados de la defensa, según la misma fuente, comunicaron que: “En otras palabras: finaliza de forma permanente para estos cinco científicos la persecución que existía en su contra” (21.01.2023). Unos días antes también se anunció la exoneración de tres personas más: Luis Mier y Terán, Regina María Alarcón Contreras e Inocencio Higuera Ciapara.

 

No deja de sorprender que sea la “casualidad” y el azar el principal factor para inculpar o exonerar. Sin embargo, no debiera ser motivo de sopresa, tendría que ser objeto de reclamo. Por una parte, las fallas y arbitrariedades del aparato de procuración de justicia son evidentes; aparecen una y otra vez. También resulta inquietante que el fiscal se puede ausentar sin ninguna comunicación pública y sin rendir cuentas. 

 

Por otro lado, cabe preguntarse qué procede en el caso de los científicos: una explicación pública detallada, un “ustedes disculparán” que nos equivocamos, una reparación del daño, el resarcimiento del esquema de financiamiento y del organismo motivo de la denuncia. Lo peor es que no pasará nada. 

 

Pie de página: El plagio académico será la piedra de toque en la relación de la UNAM con el gobierno federal. Pendientes.

jueves, 19 de enero de 2023

Nuevo consenso para la ley

 

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

Twitter: @canalesa99

 

(Publicado en la versión digital de Campus Milenio No. 980. Enero 19, 2023)

 

 

Tal parece que una demora de tres años no ha sido suficiente para aprender las lecciones de cómo no proceder y qué sí hacer para diseñar una nueva ley para el sector. Los ánimos de los sectores interesados siguen encrespados, poca o ninguna variación se registra en las posiciones y los errores se vuelven a repetir. Estamos en el pemúltimo año del sexenio, el mes próximo iniciará el periodo ordinario de sesiones en el Congreso y ya sería hora de contar con una ley.

 

La idea de un nuevo marco normativo para el sector comenzó con el actual periodo de gobierno y, luego, con la reforma aprobada del artículo 3ro constitucional de mayo de 2019, quedó establecida la necesidad de una nueva ley general de ciencia. El artículo sexto transitorio de aquella reforma expresamente señaló que se deberían promulgar, a más tardar en diciembre del 2020, dos leyes generales: una de Educación Superior y otra de Ciencia, Tecnología e Innovación.

 

Sin embargo, como lo hemos dicho una y otra vez, solamente quedó lista la Ley General de Educación Superior. Una ley que fue aprobada por consenso, tras un trabajo sistemático con las agrupaciones del sector, la discusión colectiva sobre el diseño técnico, el convencimiento de las autoridades sobre las orientaciones básicas, la inclusión de los rectores y la labor de los legisladores, entre otros ingredientes. El caso mostró que sí es posible el entendimiento y la negociación en la elaboración de una ley general.

 

El sector de la educación superior y el de la ciencia y la tecnología no son iguales, aunque comparten áreas de interés y tienen puntos de convergencia, difieren en propósitos, organización, dinámica y regulación. También es verdad que el trabajo para elaborar una nueva norma para la educación superior venía de tiempo atrás, porque la ley a sustituir tenía un rezago de cuatro décadas, lo cual aceitó los acuerdos y facilitó el diseño.

 

En cambio, la ley de ciencia no solamente experimentó una reforma mayor hace dos décadas y multiples modificaciones en los años siguientes sobre los que hay controversia, en este periodo se han acentuado las discrepancias entre la autoridad y comunidades del sector. Así que a la fecha todavía no hay una discusión en el Congreso y mucho menos un acuerdo sobre cómo debe ser esa ley.

 

El pasado 13 de diciembre el gobierno federal ingresó, por fin, su proyecto de Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (LHCTI) en la Cámara de Diputados. La iniciativa difiere, relativamente, de las versiones que se habían filtrado con anterioridad, pero conserva las bases y principios de lo que el gobierno ha expresado que busca para el sector.

 

La polémica y el desacuerdo con el proyecto de ley gubernamental ha sido visible en los medios. Las expresiones públicas de inconformidad de las comunidades y de diferentes academias y asociaciones han hecho patente que no cambió significativamente el contenido de ese proyecto, tampoco el procedimiento y los mecanismos de consulta de la autoridad. Imposible pensar que su aprobación es inminente.

 

La nueva ley debe regular las competencias y responsabilidades entre el gobierno federal y los gobiernos de las entidades federativas porque es una ley general. También, entre otros aspectos, debe hacer efectivo lo que ahora dice el artículo 3ro constitucional sobre el derecho de toda persona a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia y la tecnología; garantizar el acceso abierto a la información que se derive de la investigación e innovación científica, humanística y tecnológica; y “proveer recursos y estímulos suficientes”.

 

A la fecha, junto con el proyecto de ley del gobierno federal, en el Congreso hay otros cuatro proyectos más, con diferencias sustantivas en la definición de competencias y responsabilidades entre la federación, los gobiernos estatales y las comunidades. También con otras bases de cómo integrar el sistema científico y tecnológico, quiénes y cómo deben participar en las decisiones del sector, así como cuánta inversión debe destinarse a la materia, entre muchos otros temas. Podrían incluirse aspectos relevantes de todas las iniciativas.

 

El próximo mes de febrero inicia el periodo ordinario de sesiones en el Congreso y seguramente será el turno de discutir la nueva ley general. Lo hemos dicho en estas mismas páginas: los legisladores podrían no moverle ni una coma a la ley del gobierno federal y aprobar la iniciativa así como está (Campus No. 978). El partido gobernante tiene los votos suficientes en el Congreso para aprobar cualquier ley secundaria.

 

Sin embargo, probablemente provocaría un encono mayor en el sector, con largas disputas a resolverse en los tribunales y casi nadie quedará conforme. No solamente. Lo más grave es que, nuevamente, diferiremos la oportunidad de conservar los avances que se han logrado en el sector y modificar lo que no ha funcionado. No será sencillo, pero todavía es posible construir un consenso para la nueva ley.

 

Pie de página: A pesar de que se han resuelto favorablemente cuatro de las 36 causas penales en contra de científicos y exfuncionarios del Conacyt, la mayoría de acusaciones sigue en pie.


jueves, 12 de enero de 2023

Becas: números faltantes y reglas por confirmar

Alejandro Canales

UNAM-IISUE/PUEES

@canalesa99

 

(Publicado en Campus Milenio. No. 979. Enero 12, 2023. Pág. 4)

 

La controversia sobre las becas de posgrado se ha centrado en si hoy se otorga un mayor volumen o, por el contrario, más bien han disminuido. La cantidad es relevante y vale la pena tener certeza, pero también está en marcha una nueva forma de distribución que podría representar un cambio de mayores proporciones. 

 

Tal vez usted recuerde que hace poco más de un mes, en este mismo espacio, dijimos que no cuadraban las cifras de becas para estudiantes de posgrado y para investigadores (Campus No. 975). Una cosa era lo que decía el presidente de la República, otra la que reportaban los anexos estadísticos de los informes de gobierno y otra más la que indicaba el propio Conacyt, aunque todas ellas podían considerarse como fuentes oficiales. 

 

El ejecutivo federal anunció que en el año 2022 se habían entregado, en cifras redondas, 129 mil becas para posgrado e investigadores; alrededor de tres mil becas más respecto del año previo. El problema es que los datos del mismo anexo estadístico del informe de ese año, no respaldaban ese volumen de apoyos. 

 

A su vez, el Conacyt reiteró, especialmente a partir del comienzo del año 2022, que de ninguna manera se entregaban menos becas de posgrado, pero sí habría un cambio relevante en su otorgamiento: se harían llegar directamente a los beneficiarios; no habría más intermediarios. 

 

El mismo Conacyt anunció que sustituiría el Padrón Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) por un Sistema Nacional de Posgrados, aunque no precisó cuáles serían sus características. Las coordinaciones de posgrado de las instituciones tampoco supieron bien a bien qué tanto debían intervenir con el cambio de reglas y en dónde terminaban sus responsabilidades. Eso ocurrió el año pasado y se supone que este año las cosas deben estar más claras. 

 

Veamos primero las cifras. Para efectos prácticos, la fuente con datos más desagregados y mayor exactitud debe ser el propio Conacyt, no solamente porque es el organismo rector de la política que concentra y distribuye los apoyos, principalmente porque, como lo dice la norma vigente, debe elaborar anualmente un informe general sobre el estado del sector.

 

El problema es que ese informe casi nunca está a tiempo. El mes pasado el Conacyt publicó el informe más reciente, aunque corresponde al año 2020 (Aquí lo puede ver: t.ly/nHLW). Ahí están los datos sobre las becas. Bueno, es un decir.

 

Porque algo sigue sin cuadrar con el número de becas: el informe reporta que los apoyos han disminuido por una estrategia deliberada (pág. 185), pero la información está incompleta. El apartado sobre becas del año 2020 muestra una clara disminución respecto del 2019, las becas al extranjero disminuyeron casi a la mitad (pasaron de 1,254 a 621) y muy ligera para las becas nacionales (de 22 mil 710 a 22 mil 481). 

 

El problema es que no está la serie histórica ni la desagregación de becas por tipo, nivel educativo (maestría y doctorado) ni entidad y país. La información debería estar en el anexo estadístico del informe general, aunque, si usted la busca, notará que las tablas correspondientes no están, la seriación de tablas simplemente se saltan esos números (tablas IV.6 y de la IV.9 a la IV.16). ¿El informe es una versión preliminar y luego será sustituirá o es un error deliberado? Mala señal. 

 

Sobre el cambio de reglas para el otorgamiento de becas, el mismo Conacyt ha expresado que el PNPC es un mecanismo que ha favorecido una distribución opaca de los apoyos y una privatización del posgrado. Así que, ha dicho, está en marcha un convenio de colaboración entre ese organismo y la Secretaría de Educación Pública para una transición hacia un nuevo Sistema Nacional de Posgrado.

 

Efectivamente, el Consejo Nacional para la Coordinación de la Educación Superior (Conaces), ese nuevo espacio de encuentro de titulares y representantes de la educación superior, en su sesión de septiembre del año pasado presentó una propuesta de política nacional de evaluación y acreditación para el nivel.

 

Una de las acciones fue la creación de un comité técnico del Sistema de Evaluación y Acreditación Nacional, instancia responsable de elaborar los lineamientos para la operación del sistema, una de cuyas tareas será la formulación de “orientaciones e indicadores para la acreditación de los posgrados por parte de la SEP”. 

 

El planteamiento de mejora, han establecido, incluye la simplificación de procesos, indicadores cualitativos y protocolos de ética. Además, proponen, consolidar “los procesos de transformación de los posgrados que incorporen formas de colaboración con los diferentes sectores de la sociedad, la pluralidad epistémica y el diálogo de saberes”.

 

Según las fechas previstas, la transición de un sistema a otro todavía se llevará este año, así que, propiamente, una evaluación y acreditación tal vez la veremos hasta el año próximo. El cambio es de proporciones mayores y la responsabilidad se traslada de entidad administrativa. No está nada mal que siga un proceso terso y gradual.

 

Sin embargo, la mesura no es suficiente, también se necesita información completa y precisa, tanto como una discusión pública amplia sobre nuevas reglas. No es mucho.

 

Pie de página: la agenda del sector para este año estará centrada en la promulgación de su nueva ley general. Atentos.