sábado, 15 de enero de 2011

LA DILACIÓN DE LOS FONDOS

La demora ha sido parte consustancial en la gestión administrativa de los fondos competitivos en la década que recién concluyó y de muchas otras actividades de la administración pública. En el pasado la gestión no era mejor, pero eso no debiera ser razón para que en la década que está por comenzar las cosas sigan igual.

La instauración de los llamados fondos competitivos (sectoriales, mixtos, institucionales, entre otros) fueron una de las novedades que trajo la reforma a la normatividad científica y tecnológica de mayo de 1999. Esto es, la institucionalización de financiamiento concursable para realizar investigación orientada a la demanda de las secretarías de Estado, de las entidades federativas o del propio Conacyt.

Los fondos competitivos quedaron planteados, en la entonces reciente ley, como los nuevos instrumentos que habrían de reorientar la actividad científica y tecnológica. Pero trasladar los fondos al terreno de los hechos no fue tan fácil ni tan rápido como el decreto expedido.

Tal vez porque el cambio en las prácticas de financiamiento que suponían los fondos concursables era muy profundo o quizás porque se trataba del penúltimo año de la administración 1994-2000, pero el hecho es que los nuevos instrumentos no se pusieron en marcha en 1999, ni al año siguiente ni al otro.

Una nueva reforma a la ley de ciencia y tecnología tuvo lugar en el 2002 y con ello se realizaron otros ajustes legales a los fondos competitivos, a pesar de que todavía no se ponían en marcha. Solamente después del cambio normativo comenzaron a emitirse las convocatorias respectivas.

A partir del 2002, la operación de los fondos se fue expandiendo y sus recursos financieros fueron creciendo. En el caso de los fondos sectoriales, pasó de celebrar convenios con media docena de secretarías a más de una veintena de dependencias gubernamentales en la actualidad. A su vez, los recursos financieros pasaron de alrededor de 300 millones de pesos en el 2002 a un mil120 millones de pesos que reportó el más reciente informe de gobierno de Felipe Calderón. No obstante, debe advertirse que en el último año de la administración de Vicente Fox, según su mismo informe, los recursos para fondos sectoriales triplicaba esa cifra. Es decir, se inflaron y bajaron en menos de una década.

Los fondos mixtos también se ampliaron, pasaron de celebrar convenios con una docena de entidades a cubrir la totalidad de estados. El monto de recursos pasó de cerca de 300 millones de pesos en el 2002 a 331 millones de pesos que se reportaron en el informe de gobierno del año pasado. Sin embargo, al igual que con los fondos sectoriales, una cifra tres veces menor que la del 2006.

La gestión de los fondos concursables involucra múltiples fases e instancias. Desde la emisión de la convocatoria en la que se fijan requisitos y bases de participación, los términos de referencia, los comités, las evaluaciones, hasta la asignación de los recursos. El asunto es que por diversas circunstancias, las convocatorias no se emiten cuando debieran, las etapas se retrasan y ni se diga de la entrega de los recursos. Todavía no concluye el proceso de una convocatoria cuando ya debiera estar el del año siguiente.

Esto es, no solamente hubo retrasó en la puesta en marcha de los nuevos instrumentos previstos en la ley de 1999, también han tenido oscilaciones conforme los cambios de administración y, tal vez lo peor, han adolecido de fallas en los procesos de gestión.

En diciembre pasado, un grupo de investigadores se manifestaron públicamente para expresar su inconformidad --en las propias instalaciones del Conacyt--, por el retraso en el proceso del fondo sectorial de ciencia básica 2009, puesto que después de un año todavía no se sabían qué proyectos sería apoyados y menos cuándo se liberarían los recursos de otros fondos.

Las autoridades del organismo rector de las políticas científicas y tecnológicas informaron que: “la dilación se debió a que, como se estipula en las reglas de operación, se tuvo que esperar el nombramiento de funcionarios en puestos en los que radica esta responsabilidad y que estuvieron vacantes por algunos meses” (Comunicado 78/10).

La información no especificó si las vacantes eran de Conacyt o de SEP (dependencia firmante del convenio del fondo), pero en buena medida el problema se debe a la ausencia de un responsable. En estas mismas páginas advertimos que una constante inestabilidad en los equipos de trabajo o en las cadenas de mando, como ha sido el caso en Conacyt, parecía no tener consecuencias ni preocupar a nadie. Ahora es evidente que sí importa.

Es el penúltimo año de esta administración y difícilmente se podrán presentar iniciativas pujantes y novedosas en el terreno de la ciencia y la tecnología. No las hubo y no las habrá. Pero al menos podríamos esperar algo de consistencia en los planes que se propuso. Más importante: eficiencia, eficacia y transparencia en la gestión. Sí, solamente eso; como carta a los Reyes.

(Publicado en Campus Milenio. No. 399. Enero 13, 2011)

jueves, 16 de diciembre de 2010

FOMIN Y EL ESTADO DE MÉXICO

La importancia de algunas entidades federativas en materia de ciencia y tecnología ha sido creciente, aunque todavía poco visible. Los avances son recientes: apenas a partir del 2008 todos los estados cuentan con un consejo estatal del sector y desde el año pasado están los intentos por articular un sistema con el conjunto de consejos.

Algunas entidades, como el Estado de México, están tratando de avanzar con mayor rapidez y los recursos financieros parecen ser la clave. El Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (Comecyt) tiene relativamente poco tiempo de instaurado, se creó en el año 2000, y apenas en el 2004 se promulgó la ley respectiva.

La entidad federativa tiene una amplia oferta educativa de nivel superior con más de dos centenares de instituciones, 14 de ellas que ofrecen estudios de doctorado (el mayor número después del DF que tiene 29). También cuenta con más de una decena de centros de investigación y más de 800 investigadores nacionales, aunque su participación en los fondos mixtos ha sido relativamente modesta.

La extensión territorial del estado es relativamente pequeña (ocupa el lugar 25 a escala nacional), pero los más de 14 millones de habitantes representan la mayor concentración de habitantes de la República. Tal vez más importante, en la entidad se genera el 10 por ciento del PIB nacional y suma casi tres millares de Pymes.

Al igual que una buena parte de entidades federativas, el Estado de México ha mejorado sus indicadores en materia de ciencia y tecnología, pero han sido más notorios la instalación de centros digitales que recibieron recursos en el presupuesto de este año y sus planes recientes para la creación de un parque tecnológico, centrado en tecnologías de la información, como lo comentamos hace un par de meses en este mismo espacio.

Además, la semana anterior se anunció la firma de un convenio entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Comecyt para impulsar un sistema estatal de innovación (Reforma 08/12/2010). En realidad se trata de un proyecto aprobado desde el pasado mes de agosto, aunque restaba la creación de algunas instancias y la firma de algunos documentos.

El proyecto, según el documento firmado, tiene como objetivo principal “contribuir al aumento de la inversión en innovación por parte de las Pymes del Estado de México y fortalecer sus vínculos de colaboración con centros tecnológicos, universidades y entidades públicas locales que conforman el sistema estatal de innovación (SEI)”. Esto, en virtud de que, se advierte, las políticas sectoriales, “se han concentrado en gran medida en la investigación científica pública, y solo en los últimos años han comenzado a poner un mayor énfasis en el desarrollo tecnológico de las empresas y en la investigación aplicada”.

Si bien se reconocen algunos avances a nivel nacional en materia desarrollo regional, también se destaca que el concepto de sistema estatal de innovación no está “debidamente integrado en el marco de las políticas estratégicas de la mayoría de los estados”.

El proyecto, titulado “Desarrollo de Sistemas Estatales de Innovación en México”, tendrá una duración de tres años y su presupuesto global será de 1 millón 973 mil dólares que ejercerá el Comecyt. En el financiamiento participan: el BID con 920 mil dólares (no reembolsables); el Comecyt con 918 mil dólares; y Conacyt con 315 mil dólares.

Los recursos aportados por el BID provienen de su Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), creado al comienzo de los años noventa para el desarrollo innovador del sector privado de las micro y pequeñas empresas en la región latinoamericana. Una característica de los recursos de este fondo es que son no reembolsables, dado que se canalizan a proyectos piloto o innovadores.

De hecho, como lo expresa el documento ejecutivo del proyecto, se busca la puesta en marcha de un modelo para acercar a las Pymes a los agentes del sistema de innovación y, sobre todo, complementar el proyecto piloto del BID de fortalecimiento de los sistemas estatales de innovación que opera en tres estados de Brasil y de otras entidades de Chile, Colombia y México.

El desarrollo del proyecto tiene tres componentes. Uno, centrado en el fortalecimiento institucional para el diseño de planes de innovación, en el que debieran participar actores públicos y privados del sistema estatal para la definición de la agenda. Los recursos previstos para este componente son 198 mil dólares.

Otro componente es el apoyo a las inversiones de las Pymes en innovación. Esto es, respaldo para la identificación de problemas y soluciones tecnológicas, así como aumento de inversión para proyectos de innovación. Este apartado es el que absorberá la mayor cantidad de recursos: 1 millón 203 mil dólares. Un último componente es el de monitoreo, sistematización y difusión de la experiencia, es en donde se definirá el modelo a seguir o se identificarán “las mejores prácticas”. El monto financiero previsto es de 213 mil dólares y es en donde estará la aportación de Conacyt.

(Publicado en Campus Milenio No. 398. Diciembre 16, 2010)

viernes, 10 de diciembre de 2010

PECITI: VISIÓN DE LARGO PLAZO

Desde mediados de los años noventa, conforme disminuía el brillo de la figura presidencial y adquiría relieve el Congreso de la Unión en la toma de decisiones, también se comenzó a hablar con mayor insistencia de instaurar políticas de Estado para el desarrollo de México. El movimiento anunciaba el descentramiento de una responsabilidad unipersonal y el cambio en la temporalidad de las políticas públicas; pasar de las iniciativas sexenales centradas en el gobierno federal a las iniciativas de participación múltiple y bajo acuerdos intertemporales.

La reforma a la normatividad científica y tecnológica de 1999 --todavía con el PRI como partido en el gobierno-- entre los muchos cambios que formuló, también incluyó la necesidad de contar con una política de Estado y propuso la creación de instrumentos (de ahí vienen los fondos competitivos y los convenios de desempeño) e instancias para el diseño de la política (el Foro, el programa especial, por ejemplo). No obstante, en la ley no quedó enunciada de forma explícita la idea de política de Estado en el sector.

Al cambio de siglo y con la alternancia en el gobierno, la idea de políticas de Estado y de largo plazo cobró mayor relevancia. De hecho, el Plan Nacional de Desarrollo del primer gobierno federal panista, el de Vicente Fox, planteó por primera vez la idea de un escenario a 25 años de los programas sectoriales y otro escenario para el sexenio. La propuesta fue recogida en el Programa Especial de Ciencia y Tecnología y quedó como primer objetivo disponer de una política de Estado en ciencia y tecnología.

Una nueva reforma a la ley de ciencia y tecnología en el 2002, elevó a rango de ley el planteamiento de política de Estado. Efectivamente, en el artículo 2 de la entonces nueva ley se anotaron diferentes acciones que “Se establecen como bases de una política de Estado que sustente la integración del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología”. También consideró que el Consejo General sería quien definiría la política de Estado en esta materia (artículo 3).

Sin embargo, tal parece que las modificaciones normativas no eran completamente explícitas ni satisfactorias. La fracción del PRD en el Senado y particularmente el senador Francisco Javier Castellón Fonseca, quien preside la comisión de ciencia y tecnología, presentó en febrero del 2009 una iniciativa de reforma a la ley de ciencia y tecnología para darle mayor precisión al tema de la visión de largo plazo en el sector.

La propuesta consistía en modificar los artículos 20 y 21 de la ley de ciencia y tecnología para añadirle nuevas características al Programa Especial de Ciencia y Tecnología e Innovación (Peciti): una visión con proyección a 25 años; actualizable cada tres años, conforme el inicio de cada legislatura; y la definición de áreas prioritarias del conocimiento y la innovación tecnológica.

En la misma propuesta se especificaba que la aplicación de estos nuevos atributos debían estar bajo la responsabilidad del máximo órgano de gobierno del sector (el Consejo General que preside el ejecutivo federal) y de su secretario ejecutivo (el director de Conacyt).

Aunque con leves modificaciones, como las fracciones afectadas, el orden o la redacción de los cambios, el pleno del Senado aprobó la propuesta de reforma el primero de diciembre de 2009. Esto es, sobre el Peciti, además de establecer la responsabilidad del Consejo General, el artículo 20 indica que: El Programa incluirá una visión de largo plazo y proyección de hasta veinticinco años en los términos de esta Ley y de las disposiciones que deriven de la misma. El Programa será actualizado cada tres años. Las actualizaciones coincidirán con el inicio de cada nueva Legislatura del Congreso de la Unión”. Seguramente esto último para garantizar los recursos financieros.

La modificación del artículo 21 tampoco carece de importancia. Ahora, en su fracción III Bis, precisa que el Peciti debe contener “Las áreas prioritarias del conocimiento y la innovación tecnológica, así como los proyectos estratégicos de ciencia, tecnología e innovación por sectores y regiones”. Es decir, la definición de áreas y proyectos relevantes para el desarrollo nacional. Un componente que no es nuevo pero que ha sido poco sistemático y fuente de múltiples tensiones entre autoridades e investigadores.

La propuesta de reforma del Senado pasó a la Camára de Diputados hace casi un año y la semana anterior, el pasado 2 de diciembre, el dictamen fue presentado al pleno de la cámara. El diputado Reyes Tamez Guerra, exsecretario de Educación Pública y ahora coordinador de la fracción parlamentaria del Partido Nueva Alianza y presidente de la comisión de ciencia y tecnología, fundamentó el dictamen. Ningún orador se anotó para debatir la iniciativa, ni a favor ni en contra. Sin mayor trámite, la propuesta fue aprobada con 302 votos (de 500 posibles), 0 en contra y 0 abstenciones.

Bajo diferenes ritmos y lógicas el marco normativo se va edificando. Claro, ahora sólo falta llevarlo al terreno de la siguiente administración.

(Publicado en Campus Milenio No. 397. Diciembre 9, 2010)

jueves, 2 de diciembre de 2010

INNOVACIÓN: ¿A DELIBERACIÓN EN UN ESPACIO LATINOAMERICANO?

El pasado fin de semana, en Playa del Carmen, Quintana Roo, concluyó el Foro Iberoamericano de Ciencia, Tecnología e Innovación (FIBECYT 2010). Una de las propuestas que se planteó en el foro y que probablemente se discutirá el próximo año es la creación de un espacio en la región para impulsar políticas públicas en materia de innovación.

La entidad que organizó el foro es el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED). Hace más de 25 años que se creó este programa, bajo acuerdo y con la participación de 19 países latinoamericanos (en los que se incluye México), más Portugal y España. Este último país, aporta alrededor de la mitad del presupuesto del programa.

A pesar del tiempo de operación que lleva el programa, sólo a partir de1993 tiene un vínculo mayor con los tomadores de decisión. Desde esta última fecha, organiza las reuniones sectoriales y forma para de la agenda de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno que se realizan periódicamente.

Una de las características del CYTED ha sido la búsqueda de contacto entre el mundo empresarial, tomadores de decisión e investigadores, aunque con mayor inclinación a vincularse con el sector productivo. De hecho, el primer foro que organizó en 2006 se denominó “Foro Iberoamericano de Ciencia y Tecnología, Empresa y Sociedad” (FIBECYT 2006). El foro se celebró en Buenos Aires, Argentina, bajo el impulso del actual secretario general del CYTED, Fernando Aldana, quien ocupa la secretaría desde el 2003.

El foro de Buenos Aires marcó la pauta de organización de este tipo de encuentros e incluyó tres componentes: la participación como conferencistas de premios Nobel y destacados especialistas en variados temas; un foro de debate especializado (Forum Iberoeka) pero con la idea de generar proyectos compartidos entre la comunidad científica y las empresas de la región; y espacios de debate más abiertos. En esa ocasión, el debate especializado se concentró en los sectores energéticos y las políticas de desarrollo; mientras que las temáticas de discusión general se refirieron al problema del género, patentes y transferencia del conocimiento.

El segundo foro, el FIBECYT 2008, conservó el mismo nombre y se llevó a cabo en cooperación con el Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología de Venezuela. Al igual que el foro previo, incluyó el Forum Iberoeka, el cual se enfocó a la discusión de la tecnología y gestión del riesgo, y el de discusión más abierta abordó el papel de la ciencia y la tecnología en el desarrollo y el fortalecimiento de las capacidades de las naciones.

Por su parte, el más reciente FIBECYT 2010, el realizado la semana anterior en México, conservó las mismas siglas de las ediciones anteriores pero cambió su nombre a “Foro Iberoamericano de Ciencia, Tecnología e Innovación”. Esto es, suprimió la extensión “Empresa y Sociedad”, y la intercambió por la de “Innovación”.

Además, el FIBECYT 2010, como el primer foro de Buenos Aires del 2006, volvió a ocuparse del tema de la energía como tópico central del Forum Iberoeka, particularmente para discutir el manejo eficiente de la energía. Esto último quizás se debió a cierta coincidencia con el encuentro programado de Naciones Unidas sobre calentamiento global, puesto que casi en la misma fecha y en la misma entidad federativa se realizó la Conferencia de las Partes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre Cambio Climático (COP-16).

En el marco del foro, según comunicado oficial, Juan Carlos Romero Hicks, el director de Conacyt, la entidad co-organizadora del FIBECYT 2010, planteó la propuesta de “creación de un espacio latinoamericano para impulsar políticas públicas en materia de innovación en los países de la región” (Comunicado 74/10 25.11.10)

De acuerdo a la información, la idea es instaurar “un espacio de cooperación y diálogo entre los líderes de cada país a fin de crear para cada uno políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación con pleno respeto a cada soberanía”.

La propuesta permanece en el plano de la declaración de intenciones, no solamente porque solamente se anunció, sino principalmente porque deberá tener mayores especificaciones y ser negociada con los jefes de Estado y de gobierno de la región, así como con los ministros del sector correspondientes.

Al parecer ya existen ciertos adelantos en las negociaciones, puesto que el director de Conacyt aclaró que está prevista una primera reunión de trabajo con las autoridades correspondientes en Guanajuato, México, el próximo mes de marzo.

Tal vez, si es que los acuerdos regionales marchan por un buen sendero, cabría la posibilidad de instaurar verdaderas zonas de cooperación en materia de ciencia y tecnología, como las que existen en la Unión Europea y en otras regiones. En América Latina nos hemos quedado a la zaga de la integración y de la formación de un bloque regional competitivo. El horizonte podría cambiar.
(Publicado en Campus Milenio No. 396. Diciembre 2, 2010)

jueves, 25 de noviembre de 2010

EL RELOJ PARLAMENTARIO

El proyecto de presupuesto para el año próximo, entregado al Congreso el pasado 8 de septiembre, proponía destinar, en cifras redondas, 17 mil 280 millones de pesos a Conacyt (Ramo 38). Los diputados, el martes 16 de septiembre, finalmente, aprobaron el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y, en el caso de Conacyt, le añadieron 500 millones de pesos. Una cifra muy distante del incremento de poco más de 7 mil millones de pesos que solicitaban agrupaciones del sector. Y no sólo.

Si se sumara el incremento aprobado por los diputados, el monto de Conacyt para el año próximo sería de 17 mil 780 millones. Pero no. La cifra del dictamen de los diputados es de 17 mil 820 y la que se indica en una voluminosa fe de erratas es de 17 mil 631 millones de pesos.

La diferencia de 40 a 190 millones de pesos para Conacyt, entre las cifras manejadas por los diputados, puede no ser muy relevante en el volumen total de recursos para el organismo rector de la actividad científica. Sin embargo, a escala, ilustra las dificultades del esquema de negociación del presupuesto, una elaboración atropellada y múltiples pendientes.

En el 2004, cuando se estableció que el gobierno federal debía remitir su propuesta de paquete económico al Congreso a más tardar el 8 de septiembre y, a su vez, los legisladores lo debían aprobar el 15 de noviembre como plazo máximo, parecía que estaba solucionado el problema de los márgenes de negociación del presupuesto y los plazos fiscales.

Tal vez el cambio de fecha ha permitido contar con un PEF antes de que inicie el nuevo año fiscal. No obstante, pese a la ampliación del periodo de negociación, los intercambios siguen más o menos de la misma forma: se concentran en el último día del plazo, predomina el particularismo y la improvisación.

En la reciente aprobación del PEF 2011, los diputados iniciaron la sesión a las 19:15 horas del mismo día en que debía estar listo el presupuesto. Además, el diputado del Partido del Trabajo, Mario Di Constanzo, al poco rato de la deliberación señaló que: “ya tiene un buen rato que empezó la sesión, ya posicionamos, ya han pasado muchas cosas y todavía no tengo la Gaceta Parlamentaria con el Presupuesto. ¿Cuándo la vamos a recibir? ¿Pasado mañana con la fe de erratas? O podemos ver siquiera lo que estamos votando, presidente, perdón” (versión estenográfica de la sesión 15.11.2010).

Efectivamente, a pesar de que los diputados tuvieron poco más de dos meses para analizar y valorar el proyecto del gobierno federal, la comisión de presupuesto y cuenta pública, la encargada del diseño presupuestal, presentó su dictamen el último día y una vez iniciada la sesión en que debía aprobarse.

El presidente de la comisión de presupuesto, Luis Videgaray, al presentar el dictamen destacó que sostuvieron 39 reuniones, revisaron más de 21 mil solicitudes por un monto superior a los 731 mil millones de pesos y fue aprobado por unanimidad en la comisión.

En general, el primer filtro de las iniciativas son las comisiones y lo que ocurre en éstas anticipa lo que sucederá en el pleno, así que el trabajo de la comisión de presupuesto, cuya titularidad es una de las más disputadas por las fracciones parlamentarias, es la base para la aprobación del PEF.

Las modificaciones de la comisión implicaron ampliaciones por 96 mil millones de pesos más, respecto del proyecto de presupuesto del gobierno federal. Aunque el incremento es un monto importante, porcentualmente representa una cantidad pequeña del PEF global (el 2.8 por ciento). El presupuesto para el año próximo suma 3 billones 438 mil 896 millones de pesos, una cifra 4.1 por ciento superior al autorizado para este año.

El PEF 2011, en lo general, fue aprobado a las 21:45 del 15 de septiembre, por 454 votos a favor, 13 en contra y 4 abstenciones. Sin embargo, se presentaron casi un centenar de reservas en lo particular. Esto es, la aprobación global quedaba en los límites legales, aunque la discusión sobre los detalles sobrepasara el plazo establecido. El reloj parlamentario comenzó a funcionar.

En lo que toca al incremento de 500 millones de pesos para Conacyt el dictamen no especificó su distribución, solamente aparecen adjudicados al organismo, y el pleno tampoco lo discutió. El diputado Reyes Tamez, presidente de la comisión de ciencia y tecnología, reservó un artículo del PEF, el que se refiere a las sanciones del IFE a los partidos políticos, pero al final, tal vez por omisión, cálculo, ausencia o cansancio del diputado, no fue planteada en el pleno. Al parecer se refería a la posibilidad de que todos los recursos derivados de sanciones aplicadas por el IFE, no sólo a los partidos políticos, fueran canalizadas a Conacyt.

Salvo cinco artículos reservados, la mayoría de las reservas fueron desechadas. El reloj parlamentario marcaba las 8:58 del martes 16 cuando fue aprobado el PEF en lo particular por 424 votos a favor, dos abstenciones y cero en contra. Sí, es más fácil controlar el instrumento de medición que las negociaciones.
(Publicado en Campus Milenio No. 395. Noviembre 25, 2010)

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA TENDENCIA DE LOS PAÍSES EMERGENTES EN LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA

Tal vez valdría la pena que legisladores, y en general los tomadores de decisión, aunque fuese por una vez, tuvieran presente la escala de la nación y pensaran en el mediano y largo plazo. Pero no. Siempre están espoleados por lo inmediato, lo circunstancial, el horizonte que culmina en su capital político y su propio ascenso.

Una de las variables que han mostrado particular relevancia para el avance de las naciones son las iniciativas de largo aliento. Independientemente del régimen político del que se trate o de sus condiciones, la constancia de las iniciativas es lo que ha hecho la diferencia entre unas naciones y otras. No se puede improvisar cada que cambia un gobernante o el ocupante de una curul.

La actividad científica precisa de una visión amplia y un impulso constante. En esta materia, si bien los países desarrollados siguen ocupando las primeras posiciones, los llamados países emergentes, particularmente los que se agrupan en el bloque BRIC, muestran resultados sobresalientes.

El pasado 10 de noviembre se presentó el “Informe Mundial de la UNESCO sobre la Ciencia 2010” (UNESCO Science Report 2010. The Current Status of Science around the World. Disponible en línea). Es un reporte periódico del organismo internacional, en el que se registran niveles de inversión de las diferentes naciones, así como el volumen de los recursos humanos calificados o algunos indicadores de desarrollo tecnológico.

La reciente edición del reporte (el anterior fue publicado en el 2005), en una veintena de capítulos escritos por diferentes especialistas y en poco más de medio millar de páginas, dedica algunos capítulos a regiones y otros a países sobresalientes en materia de ciencia y tecnología.

En la parte introductoria del informe la directora general de UNESCO, Irina Bokova, advierte que la distribución de esfuerzos en investigación y desarrollo entre el Norte y el Sur han cambiado con la emergencia de nuevos jugadores en la economía global. “Un mundo bipolar en el que la ciencia y la tecnología eran dominadas por la triada integrada por la Unión Europea, Japón y los Estados Unidos, gradualmente está dando paso a un mundo multipolar, con un número creciente de agrupaciones públicas y privadas diseminadas de Norte a Sur”.

Algunos de los países emergentes que impulsan un nuevo entorno más competitivo son la República de Corea, Brasil, China e India. Según los datos que presenta el reporte, China encabeza la lista de países emergentes con el mayor esfuerzo de inversión. En la última década no solamente sextuplicó los recursos como proporción del PIB en materia de investigación y desarrollo (pasó de 0.90 a 1.54 por ciento del PIB), también mejoró su capacidad de generación de derechos de propiedad intelectual a través de patentes y artículos científicos. De hecho, el informe indica que, actualmente, China ocupa la tercera posición en la publicación de artículos científicos, solamente debajo de Estados Unidos y Japón (p. 391).

En buena medida por el impulso de China, la región asiática también escaló posiciones en la proporción mundial en el gasto en investigación y desarrollo respecto del PIB: pasó de 27 a 32 por ciento. Por el contrario, la participación de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón disminuyó casi en la misma proporción.

El mismo caso se aprecia en materia de recursos humanos. En el reporte se anota que la proporción de investigadores en los países en desarrollo experimentó un incremento de 8 puntos porcentuales: pasó de 30 a 38 por ciento a nivel mundial. Pero, alrededor de dos tercios del incremento se deben a la aportación de China. Esta última nación, actualmente cuenta con alrededor de 1.5 millones de investigadores, una cifra equivalente a la America del Norte o la Unión Europea, aunque si se considera la proporción por cada millón de habitantes, la de China es alrededor de una octava parte en comparación con esas regiones, pero superior a la de la India (111) y a la de América Latina (317).

Otro aspecto que destaca el reporte es el cambio en el tipo de actividades científicas y tecnológicas que se realizan en los países en desarrollo. A diferencia de hace unos años, en el que solamente se ejecutaban tareas de investigación fragmentadas, actualmente se impulsan actividades de investigación aplicada y desarrollo tecnológico autónomos. Particularmente en el caso de China, Brasil y la India son ejemplares en el impulso industrial, científico y tecnológico. Actualmente, las empresas multinacionales provenientes de estas naciones en el sector automotriz o las industrias de alta tecnología son una muestra del cambio.

De cualquier forma, pese a los avances y al persistente apoyo de sus respectivos gobiernos, los retos existen en los llamados países emergentes, sobre todo en materia de patentes y en la retención de sus investigadores. Así que, como podremos imaginar, las dificultades son mayores para las naciones que ni siquiera cuentan con un respaldo financiero sostenido.
(Publicado en Campus Milenio No. 394. Noviembre 19, 2010)

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL SISTEMA NACIONAL DE INVESTIGADORES

El año anterior el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) cumplió 25 años de existencia. En febrero pasado, a propósito de la prolongada demora para designar a su actual director y la celebración del primer cuarto de siglo de existencia del programa, comentamos que probablemente el SNI, en el futuro inmediato, continuaría con su mismo patrón de comportamiento y postergaría nuevamente una necesaria reforma (CampusMilenio No. 358). Sin embargo, tal vez el principio de realidad toca con mayor fuerza los marcos del programa y cada vez será más difícil contener un eventual proceso de cambio.

Los ángulos de discusión sobre el SNI son variados y van desde los modelos de evaluación que ha utilizado, la funcion compensatoria que ha cumplido, los perfiles que ha privilegiado, hasta su capacidad para orientar la actividad científica y tecnológica en el país o el tipo de impacto que tenido en el desarrollo de la ciencia.

Los efectos del programa son relativamente controvertidos. Algunos opinan que, sin duda, ha sido un instrumento relevante para incentivar el desarrollo de la actividad científica, tanto a nivel individual como institucional. Otros, aunque reconocen su capacidad para incrementar cuantitativamente la productividad, sostienen que sus efectos no han sido positivos, especialmente para alentar el trabajo colectivo e impulsar el sistema científico y tecnológico.

El SNI fue un programa pionero en la evaluación del rendimiento individual y de recompensa al mérito a nivel nacional en los difíciles años ochenta. En su decreto de creación del 26 de julio de 1984, una de las consideraciones especificaba que el sistema era para “estimular a los investigadores de calidad notable, así como a los investigadores que se inician en la carrera de investigación”.

En el mismo decreto original, en sus 25 artículos, quedaron establecidos fines, beneficiarios (los investigadores de tiempo completo de instituciones públicas), estructura, operación y funcionamiento del programa. Un par de años después, a partir de 1986, comenzaron los ajustes a su estructura y operación: se incrementó el número de comisiones dictaminadoras, las áreas de conocimiento, los componentes de evaluación, el recurso de revisión, la participación de investigadores de instituciones particulares, etcétera.

A pesar del cúmulo de modificaciones, el programa, en lo esencial, conserva en la actualidad más o menos los mismos objetivos, principios y bases de organización. Los cambios que ha expermientado han sido de ajuste técnico, más que de concepción o finalidades.

Sin embargo, parece que resulta cada vez más difícil sostener el programa sobre las mismas bases de operación. No solamente porque el SNI no puede crecer de forma exponencial e indefinida, tanto por los recursos financieros que implica como por la inclusión de miembros potenciales, como ya lo hemos advertido en otras oportunidades, sino también porque su mismo esquema de funcionamiento muestra síntomas de agotamiento y por las diferencias generacionales que probablemente se harán más evidentes.

El más reciente informe de gobierno estima que los miembros actuales del SNI suman 16,600 investigadores y casi tres cuartas partes del total se concentran en los candidatos a investigador (18 por ciento) y nivel I (56 por ciento). Si la evaluación periodica de los integrantes del sistema es cada tres años, excepto para los de mayor nivel o eméritos, quiere decir que alrededor de 5,000 expedientes son revisados cada año.

El asunto es que la evaluación es realizada fundamentalmente por los miembros de mayor nivel del propio SNI. Según el reglamento del programa, las comisiones dictaminadoras, una por cada área de conocimiento, se integran por 14 miembros y para pertenecer a ellas se requiere ser miembro del SNI con nivel III o emérito, aunque si no hay para alguna de las disciplinas entonces se podrá nombrar a investigadores del nivel II.

Actualmente suman poco más de un millar los de nivel III del SNI y representan alrededor del 8 por ciento del total y cuando inició eran casi un centenar y representaban el 6 por ciento del total. A su vez, en este mismo nivel se concentran los investigadores de mayor prestigio, pero también los de mayor edad.

Es decir, las proporciones de los diferentes niveles del SNI se han conservado y también las responsabilidades de evaluación, pero mientras que la base del programa (candidatos e investigadores nivel I) es cada vez más jóven, la cúspide es de mayor edad. Los miembros totales del SNI se multiplicaron por un factor de 10 en el periodo. Ciertamente, los integrantes después de más de dos décadas no se han vuelto más jóvenes y menos los nivel III.

Tal vez por la misma razón, los problemas serán más frecuentes con la integración de las comisiones dictaminadoras (La Jornada 8/11/2010) y con los procesos de evaluacion. Quizás los resultados del congreso de mayo pasado podrán ofrecer alguna alternativa.