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La situación es paradójica, hace dos décadas, en todo el mundo, se buscaba mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas con el respaldo de dispositivos digitales y las tecnologías de la información. Ahora, cuando han proliferado las herramientas tecnológicas y la conectividad en las aulas, se busca sacarlos.
El desarrollo tecnológico va más rápido que nuestra capacidad para valorar su potencialidad, comprender sus implicaciones y regular su uso. No es fortuito que los países nórdicos, que durante años promovieron una potente política de digitalización educativa, ahora busquen restringir el uso de teléfonos celulares y tabletas.
Por ejemplo, Suecia, a partir del próximo ciclo escolar prohibirá los teléfonos celulares y las pantallas en las escuelas (Associated Press News 06.09.2026). Este país, desde 2023, luego de los resultados de los jóvenes en Pisa 2022 y de insatisfacciones con los dispositivos, le da mayor importancia a los libros y a las guías para profesores. Algo similar ocurre en Noruega.
Dinamarca integró hace dos años una comisión gubernamental para valorar la digitalización en las aulas y la insatisfacción que esta había generado. La comisión entregó su informe el año pasado y una de sus 35 recomendaciones es modificar la legislación para prohibir que todos los estudiantes de entre los siete y los 17 años lleven sus teléfonos celulares a las escuelas (The Guardian 25.02.2025).
Los países nórdicos están a la cabeza de la conectividad y las habilidades digitales, pero no son represntativos de lo que ocurre en el mundo, y menos de las regiones con amplias brechas digitales, como México.
Sin embargo, las consecuencias negativas que tiene el uso de los aparatos tecnológicos en las escuelas, y en especial de celulares y tabletas, sobre el aprendizaje parecen similares en todos los países. Sea por la interferencia que provocan en la concentración de los estudiantes, por el interés en las redes sociales más que en los contenidos de la clase o por la renuncia al esfuerzo cognitivo, entre otros aspectos.
El uso de teléfonos celulares o tabletas varía según la edad escolar y también son distintos los problemas en cada nivel educativo. No obstante, hay un relativo consenso acerca de sus mayores efectos negativos en las edades tempranas y de la necesidad de limitarlos o prohibirlos en la educación básica.
Aunque el problema es más amplio y no se soluciona con la sola prohibición, pues incluye el sentido de la tecnología en las rutinas escolares y la utilidad de los distintos aparatos. El teléfono celular, como es obvio, ya no es solamente para hablarle a otra persona o intercambiar mensajes. Estos dispositivos, cada vez más potentes e “inteligentes”, se han convertido en el principal intermediario para casi cualquier actividad cotidiana.
La dependencia tecnológica afecta a toda la población, pero es todavía mayor para los adolescentes y los jóvenes que resuelven casi todo a través de sus dispositivos móviles. El uso del celular en México llega al 86 por ciento de la población, dos tercios de ella utiliza un smartphone y una cantidad similar se conecta a internet (Campus Milenio No. 1142).
Además, lo que ahora se puede hacer con la inteligencia artificial (IA) es asombroso y es otro ángulo de la tecnología en las aulas que conecta con los dispositivos móviles. Aunque vale la pena hacer notar que todavía no terminamos de decidir lo más básico sobre los aparatos y ya enfrentamos el problema de qué hacer con las herramientas de la IA en la educación.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum le solicitó al secretario de Educación que: “hiciera una consulta con padres y madres de familia, por lo que significa en términos del uso de la inteligencia artificial, las plataformas, las redes sociales, para ver qué opinan los padres y madres de familia a este respecto” (02.06.2026). Todavía no se sabe cuándo, ni cómo se realizará la consulta.
Por lo pronto, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma a su ley de educación que facultará a la secretaría de Educación local para establecer protocolos en la educación básica “a fin de prohibir la portación y el uso de equipos de telefonía celular por parte de las y los alumnos durante su estancia en los planteles” (Gaceta Parlamentaria. 21.05.2026).
Tal vez los resultados de la consulta que realizará la Sep se asemejen a las restricciones que aprobó la Cdmx y otras entidades como Aguascalientes, el estado de México, Guerrero y Querétaro. Lo grave será que, sin más trámite ni consideración, expulsemos la tecnología de las aulas, junto con los efectos negativos de los teléfonos celulares.
Conviene que pensemos dos veces en la alfabetización digital, en su complementariedad con las formas tradicionales de enseñanza—aprendizaje y en cómo se desdoblaría una eventual prohibición del gobierno federal de dispositivos tecnológicos en el complejo sistema educativo nacional.
Pie de página: A propósito de resultados y decisiones gubernamentales, todavía no están, y ya deberían estar, las conclusiones del comité de expertos para plantear opciones sobre qué hacer con el fracking. ¿Alguna duda de cuál será la orientación?
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