Alejandro Canales
UNAM-IISUE/PUEES
@canalesa99.bsky.social
(Publicado en la versión digital de Campus Milenio. Número 1143. Junio 18, 2026)
El comunicado oficial anota que cuatro de las principales instituciones nacionales de educación superior firmaron una “Carta de Intención para impulsar la Alianza Universitaria de la Ciudad de México: Capital del Conocimiento de América” (Boletín UAM No. 407. 08.06.2026).
Las instituciones son: la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav). La alianza institucional, no sin modestia, se propone una acción de alcance continental.
El propósito es notable porque no es inusual la retórica grandilocuente y ampulosa que acompaña la comunicación de los planes gubernamentales, pero sí es menos frecuente en los planes universitarios. Tampoco es la primera vez que las instituciones educativas mencionadas se proponen un trabajo conjunto, aunque lo sorprendente es que ahora lo hacen sin que figure públicamente una autoridad gubernamental como protagonista de la iniciativa.
Sin embargo, como lo indica el título del documento firmado, todavía no es un hecho, apenas es una declaración de intenciones que deberá ratificarse en acciones. Y sí, de pretensiones y planes que no tocaron la realidad están repletos los archivos institucionales. Pero, ¿la Cdmx podría ser una capital continental del conocimiento?
Depende del significado que los directivos universitarios le atribuyan al concepto relativamente amplio de conocimiento y al propósito que persiguen. Tal vez el marco de interpretación es ese que se popularizó al cambio de siglo y de milenio con la denominada sociedad del conocimiento. Una especie de ideología que consideraba al conocimiento como motor de la transformación económica y el bienestar de la sociedad.
De hecho, la Constitución Política local, en su primer artículo establece que: “Para la construcción del futuro la Ciudad impulsa la sociedad del conocimiento, la educación integral e inclusiva, la investigación científica, la innovación tecnológica y la difusión del saber” (sexto párrafo). También, el título de su artículo 8, denomina a la ciudad capital como “Ciudad educadora y del conocimiento”.
Pero ¿en qué consiste la alianza que proponen los directivos universitarios? Según el rector de la UAM, el anfitrión del acto, las acciones se desagregarán en seis ejes: el primero será el fortalecimiento de la formación académica por medio de esquemas de corresponsabilidad, apoyo a la movilidad, el servicio social y las prácticas profesionales conjuntas. Otro será a través de intercambios para crear consorcios y redes temáticas interinstitucionales, estancias de investigación y el desarrollo de programas y publicaciones científicas conjuntas.
Un tercer eje es ofrecer acceso recíproco a bibliotecas, laboratorios, espacios deportivos y plataformas digitales. El cuarto: “diseñar iniciativas y plataformas de integración orientadas a atender problemáticas locales, nacionales e internacionales”. El penúltimo será el ofrecimiento coordinado de programas de educación continua, incluyendo microcredenciales y diplomados. Y, por último, “la prestación de asesorías, apoyo técnico y servicios académicos especializados para contribuir al avance del país”.
¿Estos ejes podrían convertir a la Cdmx en capital del conocimiento? No se ve cómo. En Europa, al final de los años 90 se firmó la Declaración de Bolonia, casi por una treintena de naciones de ese continente, para crear el Espacio Europeo de Educación Superior y, con sus altibajos, hasta ahora no se reconoce como la región más pujante del conocimiento. O incluso, en América Latina se impulsó la Red de Macrouniversidades y tampoco se puede decir que sus resultados fueran sobresalientes.
Las experiencias regionales han buscado una mayor cooperación e integración institucional, y eso es lo que propone ahora la alianza entre las instituciones mexicanas. Los primeros cuatro ejes de la alianza ya han sido, en el pasado, objeto de acuerdos y convenios marco; los dos últimos, el ofrecimiento conjunto de microcredenciales y el apoyo colectivo para el avance del país, lo que sea que eso signifique, sí serían relativamente novedosos.
La intención de la alianza parece estar centrada en aprovechar más las capacidades institucionales, sea para ampliar las oportunidades educativas a través de microcredenciales o atender los graves problemas nacionales. No está nada mal. Sin embargo, por más esfuerzo colectivo que se realice, el punto de inflexión llega cuando el presupuesto no alcanza.
Según las cifras de la Anuies, las universidades públicas mexicanas han incrementado su matrícula en 20 por ciento, pero acumulan un déficit de más de 50 mil 400 millones de pesos (Boletín del 29.04.2026). No se ve que la situación se remedie el año próximo y, por el contrario, se agrava por el reto de los sistemas de pensiones, las carencias en infraestructura y las dificultades para la conectividad.
Tal vez podrá sonar muy bien que la Cdmx se convertirá en una capital continental del conocimiento o que México será una potencia científica. No obstante, lo real será una mayor presión sobre la capacidad instalada de las universidades públicas y el inocultable deterioro de sus servicios. Atentos.
Pie de página: Está abierta la convocatoria para participar en el Programa de Inserción Laboral en los Centros Públicos de Investigación, al parecer son dos centenares de lugares y cierra el próximo 22 de junio. Aquí se pueden ver los términos: t.ly/Hsq3o
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