jueves, 1 de mayo de 2014

La regulación de la política: tecnologías y espacios para la participación

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

El ingreso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la vida cotidiana y en la esfera pública ha sido vertiginoso en la última década. En México, entre el 2005 y el 2012, el PIB de telecomunicaciones creció cuatro veces más que el PIB total.

En el año 2000 las suscripciones a banda ancha alcanzaban el 0.1 por ciento de la población nacional; la densidad de la telefonía móvil el 14 por ciento; y el número de usuarios de Internet se calculaba en 5 millones de personas. Las estimaciones para el 2013, sitúan los mismos indicadores en: 24.3 por ciento; 89 por ciento; y 51 millones personas, respectivamente. Aunque persiste su distribución conforme nivel de ingreso y es amplia la brecha digital. 
  
Tal vez porque las TIC nos han tomado por sorpresa relativa, pero también con mucha esperanza, hemos depositado grandes expectativas acerca de sus posibilidades, seguramente porque intuimos su capacidad y la inmediatez de sus efectos. Sin embargo, parece que no logramos advertir las dimensiones que podrían alcanzar y menos el tema de su regulación.

A pesar de que en el mundo contemporáneo se han producido las más variadas reflexiones sobre las sociedades de la información y el conocimiento, persiste el debate sobre su regulación, derrotero y utilidad que podrían tener.

Quizás la polémica sigue porque los usos de las TIC se modifican a la par de su expansión y la aparición de nuevos dispositivos. Compite el lado útil, eficiente, didáctico, divertido e imprescindible de Internet y de las redes sociales, con su lado imprevisto, irreverente, perturbador y agitado que no admite una sobrerregulación. Salvador Medina, en estas mismas páginas y en múltiples ocasiones, nos ha alertado al respecto.

Reparamos en Internet, las redes sociales o los dispositivos informáticos, cuando no tenemos acceso a ellos o sus efectos son inocultables. La cara más inquietante ha sido cuando se les atribuye un papel decisivo en la articulación de movimientos políticos a gran escala: la exhibición viral de un funcionario público que culmina con su destitución, las elecciones, los desocupados, la interpelación pública que se convierte en consenso en las redes sociales y otros tantas expresiones.

Sin embargo, a la par de los grandes efectos, las TIC poco a poco se han instaurado como un mecanismo más de interacción o participación política. Las votaciones electrónicas para elegir representantes, como aquí mismo lo hemos comentado, son lo más evidente, pero no es lo único.

Por la parte gubernamental, la integración del Plan Nacional de Desarrollo, prácticamente a partir de la administración de Ernesto Zedillo en 1995, así como los respectivos programas sectoriales, han recurrido creciente y ampliamente a las páginas web y el correo electrónico, como una forma de recuperar la opinión ciudadana. Por cierto, no ha sido el mismo caso con los programas especiales (como el PECITI).

Los funcionarios también han realizado otro tipo de consulta sobre algún tema de interés público. Por ejemplo, el actual titular de la SEP, indicó que consultó vía correo electrónico a centenares de investigadores educativos, los cuales enlistaron a 10 mil candidatos a integrar la junta de gobierno del INEE, de ahí surgieron las cinco ternas y finalmente los 5 miembros que eligió el Senado.

Un mecanismo más ha sido el sostenimiento de portales de información, transmisión en tiempo real y cuentas en redes sociales (hoy prácticamente todos los funcionarios públicos tienen cuenta en Tuiter) en los que informan o responden a reiteradas interpelaciones públicas.

Por la parte no gubernamental, organizaciones civiles utilizan con resultados desiguales los mismos mecanismos y formas de participación. En el ámbito educativo, tanto como en el científico y tecnológico, se advierten crecientes intentos de influir en la formación de la agenda pública y en el establecimiento de prioridades.

No es irrelevante la regulación de Internet, de sus contenidos y de los proveedores, porque están en juego los derechos y responsabilidades de unos y otros, como lo mostró recientemente la discusión del proyecto de ley de telecomunicaciones en México y como desde hace algunos años se discute en el mundo.

Quizás, como resolvió el Senado brasileño la semana pasada sobre su Marco Civil de Internet, ante todo se debe garantizar la neutralidad, la privacidad y la libertad de expresión de la red. Seguramente en el corto plazo será una de las principales tecnologías y foros de participación.


(Publicado en Campus Milenio No. 557. Abril 30, 2014, p.4)

jueves, 24 de abril de 2014


Estudiantes mexicanos en Estados Unidos

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES

En mayo del año pasado estuvo en México el presidente estadounidense Barack Obama. Uno de los acuerdos de cooperación con su homologo mexicano, Enrique Peña Nieto, fue incrementar el número de estudiantes mexicanos en Estados Unidos. A la fecha, el avance es muy modesto y el propósito parece inalcanzable; quizás ni siquiera se logre llegar a la mitad de lo previsto.

 En su momento, la iniciativa quedó instaurada como Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación (FOBESII). Un espacio para proponer estrategias de corto y mediano plazo para incrementar la movilidad estudiantil y los procesos de formación de jóvenes entre ambos países.

 El Foro, según lo previsto, contaría con la participación de representantes de los sectores gubernamental, académico y sociedad civil. La idea era darle forma a la propuesta: “La Fuerza de los 100 mil en las Américas”. Un programa anunciado en el 2011 por Obama y cuya meta es llevar a 100 mil jóvenes latinoamericanos a formarse en Estados Unidos e intentar que un número similar de estadounidenses vaya a países de América Latina.

 Sin embargo, al parecer, en el caso de México se busca que cubra por sí mismo la meta regional de los 100 mil. Esto tal vez debido a la entonces favorable coyuntura, la formalidad del acto de cooperación o porque el gobierno brasileño también había anunciado que otorgaría 100 mil becas (Ciencia sin frontera) para que sus estudiantes salieran al extranjero --aunque hoy parece que tampoco se sostiene.

 El asunto es que, como parte del FOBESII, se creó el “Grupo de Consulta Mexicano”. Una agrupación de 62 personas de 35 instituciones nacionales: académicas, públicas, privadas, sociales y empresariales. A su vez, el grupo integró ocho subgrupos de trabajo: pertinencia; movilidad en licenciatura; posgrado; investigación e intercambio académico; innovación y desarrollo tecnológico; prácticas profesionales; idiomas; y promoción.

 En septiembre del año pasado, el Grupo de Consulta Mexicano, propuso la “Estrategia 100+50: 100 mil estudiantes mexicanos en EUA y 50 mil estudiantes de EUA en México para 2018”. Sugirió que tal estrategia se denominara “Proyecta 100 mil”, misma que implicaría pasar de 14 mil estudiantes mexicanos en Estados Unidos en el 2012 a 100 mil para el 2018 y que los estadounidenses pasaran de 4 mil a 50 mil en el mismo lapso.

 La idea de la agrupación es incrementar no solamente las tradicionales becas de posgrado sino principalmente las estancias cortas de tres y seis meses (de licenciatura y posgrado), así como las prácticas profesionales y los cursos cortos. Según las proyecciones que trazaron, los 13 mil 893 jóvenes matriculados en Estados Unidos en el 2012, casi tendrían que duplicarse a partir de este año y más o menos conservar esa tendencia hasta el 2018.

 No obstante, en el primer año, las cifras no se acercan a lo deseado: solamente se añadieron tres centenares de estudiantes mexicanos. Pasaron de 13 mil 893 a 14 mil 199 entre el 2012 y 2013; un incremento 2.2 por ciento (Open Doors 2013. Report on International Educational Exchange).

 Probablemente, dado que la estrategia de movilidad estudiantil es una iniciativa en marcha, el reporte del año próximo reflejará con mayor precisión el impacto de un cambio, pero seguramente no duplicará la proporción actual y tampoco mostrará un incremento abrupto o significativo.

 Por ejemplo, como parte del FOBESII, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) dio a conocer la semana pasada que se otorgarán 2 mil 330 nuevas becas: 2 mil becas Comexus-SEP para veranos de investigación en Estados Unidos; 280 becas Fulbright-García Robles; y un programa piloto, organizado Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CANIETI), para becar a 50 jóvenes por 10 semanas en la Universidad de Texas, para que se capaciten en electrónica, telecomunicaciones y tecnologías de la información.

 Si al número anterior le sumamos las aproximadamente 800 nuevas becas anuales que otorga Conacyt para estudiar en Estados Unidos y tal vez una cantidad igual o superior de jóvenes que se van con recursos propios, advertiremos que los números no se están moviendo muy rápido que digamos. Por tanto, difícilmente llegaremos a los 100 mil para el 2018.

 Posdata: ¿El Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 se publicará al cuarto para las doce? Todo parece indicar que así será.

 
(Publicado en Campus Milenio No. 556. Abril 24, 2014, p.4)

jueves, 10 de abril de 2014


¿Las metas sobre rezago educativo son un compromiso?


Alejandro Canales
UNAM-IISUE

Desde los años noventa, y principalmente en los 2000, la mayor atención gubernamental y ciudadana se concentró en los niveles medio superior, superior y posgrado. Una cierta idea de que el reto de ofrecer educación primaria para todos –previsto desde 1917— ya no era un problema y todavía menos lo era el analfabetismo, llevó a subestimar las cifras del rezago educativo.

La extensión de la obligatoriedad a la educación secundaria, luego al preescolar y más recientemente a la media superior, mostraron que las preocupaciones estaban en otro lado, pero no en las personas mayores de 15 años analfabetas o que no habían concluido su educación básica.

 Tampoco es que se ignorara completamente el rezago educativo, imposible hacerlo con sus abultadas cifras a lo largo del siglo XX. De hecho, al inicio de los años ochenta se creó el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (Inea), como organismo descentralizado de la Administración Pública Federal, precisamente para atender la creciente población en rezago.

 Sin embargo, en el año 2000 sumaban 32.5 millones de personas mayores de 15 años en situación de rezago, en cifras redondas: seis millones de analfabetas; 12 millones sin la primaria concluida y 15 millones sin secundaria terminada. Esto es, representaban poco más de la mitad del total de la población mayor de 15 años, un tercio de la población total y un volumen similar a la población que estaba en el sistema escolar. Nada menos.

 El programa educativo del periodo de Vicente Fox reconoció la urgencia del problema y planteó como deseable la creación de una sola institución se encargara de la educación de adultos: el Consejo Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo (Conevyt).

 Un Conevyt que aglutinaría a Inea, Conafe, Conalep, Cecatis y a todas las instituciones que ofrecían opciones educativas para adultos. Una sus prioridades sería atender el rezago educativo, aunque el programa educativo no planteó metas específicas en este terreno.

 El organismo se creó en 2002 pero, como tantas otras iniciativas del periodo, se extravió en el tránsito de las declaraciones a los resultados. Al terminar el sexenio de Fox, las cifras absolutas y relativas del rezago educativo disminuyeron solo ligeramente (analfabetismo un punto porcentual).

 En el programa educativo de Felipe Calderón, aunque se anotó el problema de los poco más de treinta millones de personas sin primaria y secundaria terminadas, no se planteó ninguna meta al respecto y ni siquiera quedó mencionado el analfabetismo.

La actual administración, en su Programa Sectorial de Educación, nuevamente advirtió que siguen existiendo 32.3 millones de personas en situación de rezago educativo: cinco millones de analfabetas; 10 millones sin primaria terminada; y 17 millones sin secundaria terminada (p. 31). Respecto al 2000, menos personas analfabetas y también menos sin primaria, pero más sin secundaría terminada.

 Al igual que administraciones anterior, y a diferencia de otros niveles y rubros considerados como una prioridad, el programa educativo de este periodo tampoco se planteó metas específicas para disminuir el rezago educativo, solamente habló de “impulsar una cruzada nacional” (p. 59).

En estos términos, resultó sorprendente que en la reunión de la semana anterior, en el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu), el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, dijera que en este año iniciará una gran campaña de alfabetización y precisara metas.

Por ejemplo, el titular de educación dijo que la meta es “disminuir de 6.9 a 3.4 por ciento, el analfabetismo en los menores de 15 años (sic); que más dos millones de adultos concluyan la primaria y otros 3.1 millones terminen la secundaria” (Comunicado 081). Quizás es un equívoco del titular o del comunicado de SEP anotar que es “en los menores de 15 años”, porque el rezago se refiere precisamente a los de 15 años y más.

 Lo cierto es que las cifras oficiales más recientes dicen que existen 5.1 millones de personas analfabetas (6.1 por ciento de 15 y más años), así que tales tendrían que disminuir en poco más de 2 millones y también habría que restar los 5 millones de primaria y secundaria. En total, de cumplirse las metas, disminuiría en 7 millones la cifra del rezago actual; aproximadamente quedaría en 25 millones.

La cifra sigue siendo abultada, pero las metas no son nada modestas y además se debe asegurar que en este periodo los niños y adolescentes no abandonen la escuela para que no se sumen como nuevo rezago. Considérese que en la última década la disminución del rezago fue de menos de un millón. Entonces, sí, debieramos tomar las recientes metas anunciadas como un compromiso y una urgencia.

(Publicado en Campus Milenio No. 555. Abril 10, 2014, p.4)

jueves, 3 de abril de 2014

Los recursos humanos de alto nivel y las patentes

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SE

En todas las naciones se ha colocado un énfasis en el tema de la formación de recursos humanos, tanto en destrezas profesionales como en la formación de alto nivel, espoleado por lo que se quedó instalado como la inexorable aparición de sociedades o economías basadas en el conocimiento y la búsqueda de innovación.

La presión de los reflectores sobre los estudios de nivel licenciatura y posgrado, principalmente en las áreas naturales y exactas, tanto como en las ingenierías y tecnologías, han llevado a un incremento relevante de la matrícula. A su vez, en la mayoría de países ha sido notable el incremento de los estudios de doctorado, aunque con sistemas educativos muy diferentes, variadas estrategias y resultados muy desiguales.

Tómese en consideración que en la primera década de los años 2000, el número de nuevos graduados de doctorado, en los países de la OCDE, se incrementó alrededor del 40 por ciento. México, para el mismo periodo, pasó de un mil 75 a 2 mil 939 graduados; una línea base muy modesta, pero casi triplicó su volumen (Brasil, en el 2012, graduó poco más de 13 mil doctores).

Al comienzo de los años 2000, de los un mil 75 graduados de doctorado en México, la mayor participación relativa era de las ciencias naturales y exactas (33 por ciento), seguida de las ciencias sociales y administrativas (21 por ciento), ingenierías y tecnologías (15 por ciento), educación y humanidades (13 por ciento), salud (10 por ciento) y al final las ciencias agropecuarias (8 por ciento).

En el 2010, como casi se triplicaron los graduados de doctorado, todas las áreas de conocimiento se incrementaron en términos absolutos y más o menos conservaron su participación relativa (salvo las ciencias sociales y administrativas que ocuparon la primera posición con un 25 por ciento).

Sin embargo, el crecimiento más acelerado en el periodo fue para las ingenierías y tecnologías: pasaron de 159 a 560 graduados (se multiplicaron por un factor de 3.5). Después los de ciencias de la salud, ciencias sociales y administrativas y educación y humanidades más o menos se triplicaron; los de ciencias agropecuarias y naturales y exactas casi se duplicaron.

Las cifras de egresados de doctorado en México son relativamente modestas –incluso los datos de matrícula del mismo nivel—, pero como en otras naciones se han movido muy rápido en muy poco tiempo. Un panorama muy cambiante en las diferentes naciones y todavía más si se toma en cuenta el tema de las patentes, uno de los indicadores de mayor impacto para medir la innovación.

Hace menos de una década Japón ocupaba la primera posición en el número de patentes, seguido de Estados Unidos, Corea del Sur, Alemania y una pujante China. Actualmente persiste la concentración, pero la situación se ha modificado notablemente.

La semana anterior la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), organismo perteneciente a Naciones Unidas, cuya misión es conducir un sistema internacional de propiedad intelectual, dio a conocer su reporte más reciente.

Según los datos de la OMPI, se han superado por primera vez la cifra de 200 mil solicitudes internacionales de patente presentadas en un mismo año. Ahora, la lista la encabeza Estados Unidos con 57 mil 239 solicitudes, le sigue Japón con 43 mil 918, China con 21 mil 516, Alemania con 17 mil 927 y República de Corea con 12 mil 386.

Todavía el año pasado Alemania ocupaba el segundo lugar y China muy cerca en tercer lugar. Pero de todos los países, China tuvo el mayor crecimiento relativo entre el 2012 y 2013 (una tasa de 16 por ciento), seguido Estados Unidos que se ha despegado considerablemente de Japón.

En América Latina, con números muy diferentes, Brasil con 661 solicitudes encabeza la lista, seguido por México con 233, Chile 144, Colombia 82 y una distante Argentina con 26 (una menos que el año pasado).

En cuanto a solicitudes de patentes por empresas, el primer lugar lo ocupa la japonesa Panosonic (2 mil 881), seguida de dos empresas Chinas y dos estadounidenses. Las solicitudes por universidad, el primer lugar es para la Universidad de California y las otras nueve también son estadounidenses (con excepción del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea que aparece en la séptima posición).

En el caso de México parece necesario explorar más detenidamente el sistema educativo y el complicado tema de la inserción laboral de los jóvenes doctores. 



(Publicado en Campus Milenio No. 554. Abril 3, 2014, p.4)

jueves, 20 de marzo de 2014


Acceso abierto y Repositorio Nacional

 
Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
El Senado aprobó una iniciativa de ley para normar e impulsar el Acceso Abierto (AA) a la información científica y académica. La iniciativa ya pasó a la Cámara de Diputados y seguramente será aprobada en el corto plazo. En breve estará vigente el tema y sus implicaciones. Ni más ni menos.

El proyecto original de ley lo presentó en marzo del 2013la Senadora Ana Lilia Herrera, legisladora priista por el estado de México, pero lo retiro en agosto para hacerle algunas adecuaciones y volvió a ingresarlo el 9 de diciembre de ese mismo año. El dictamen correspondiente se discutió y aprobó en el pleno el 13 de marzo de este año. Una relativa celeridad para los tiempos del Senado.

La iniciativa considera modificaciones a las leyes de Ciencia y tecnología, General de educación y Orgánica de Conacyt. El objetivo principal es establecer como principio legal para las políticas públicas en la materia, la diseminación de contenidos científicos, educativos, de investigación e innovación, mediante el usos de plataformas de acceso abierto.
 
En particular, la propuesta de ley define lo que es el AA y el Acceso a Recursos de Información Científica y Tecnológica de Calidad (ARICYTC). También faculta a Conacyt para diseñar y ejecutar la estrategia de AA, lo mismo que para crear y establecer un Repositorio Nacional de Acceso Abierto y la coordinación de los repositorios ya existentes.
 
Por ejemplo, en la reforma a la ley de ciencia y tecnología, se precisa que por AA se entenderá: “el acceso a través de un plataforma digital y sin requerimientos de suscripción, registro o pago, a las investigaciones, materiales educativos, académicos, científicos, tecnológicos y de innovación, financiados con recursos públicos o que hayan utilizado infraestructura pública en su realización, sin perjuicio de las disposiciones en materia de patentes, protección de la propiedad intelectual o industrial, seguridad nacional y derechos de autor, entre otras, así como de aquella información que, por razón de su naturaleza o decisión del autor, sea confidencial o reservada” (artículo 65).
 
Un cambio notable y deseable en el acceso a la información científica que recupera la intencionalidad del Congreso de Budapest del 2001, cuya definición es mejor conocida como la BOAI (Budapest Open Acces Initiative,por sus siglas en inglés). Una reunión en la que se reconoció, por primera vez, la inminencia del AA a revistas científicas y académicas por la posibilidad que ofrecía Internet para la libre diseminación de bienes, algo que no era posible en los días del formato único de papel impreso.
 
En cuanto al ARICYTC, la reforma propuesta en México aclara que se refiere al “conjunto de técnicas utilizadas para buscar, categorizar y acceder de manera inequívoca, al texto completo de publicaciones reconocidas por los sectores de ciencia, tecnología e innovación, y que son resultado de la revisión por pares” (artículo 66), pero que también incluye bases de datos que contienen, citas, información bibliográfica de revistas, tesis, protocolos, memorias de congresos y patentes, entre otros.
 
El Repositorio Nacional será operado por Conacyt y su función principal será el “acopio, preservación, gestión y acceso electrónico de información  y contenidos de calidad” que se producen con fondos públicos. El repositorio “operará mediante estándares internacionales que permitan buscar, leer, descargar textos completos, reproducir, distribuir, importar, exportar, identificar, almacenar, preservar y recuperar la información que se reúna” (artículo 70).
 
Un primer elemento a considerar es que el AA depende enteramente de los derechos de autor, si el propietario de ese derecho permite el acceso no existe ningún problema, pero en caso contrario, el acceso simplemente no procede.

Otro asunto es si trata de un acceso libre y/o gratuito. Esto es, como lo planteo el estudio de UNESCO del año pasado, un asunto es permitir el AA para reusar el contenido o solamente para su lectura. El primer caso es libre; el segundo es el gratuito que no permite explícitamente otros tipos de reuso.
 
Un elemento adicional, y quizás el más sobresaliente, es el papel de las grandes revistas en la diseminación del conocimiento. Una buena ilustración del caso es la de Randy Schekman, biólogo de la Universidad de Berkeley, ganador del Premio Nobel de Medicina en 2013, quien anunció un boicot a las prestigiosas revistas Nature,Sicence o Cell y, en su lugar, voltear a las revistas de libre acceso que son gratuitas para cualquiera que quiera leerlas y no tienen caras suscripciones que promover. (El País10.12.2013).
El debate ya está aquí. 
(Publicado en Campus Milenio No. 552. Marzo 20, 2014, p.4)

jueves, 13 de marzo de 2014

Media superior: Espacio y/o Sistema

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
canalesa@unam.mx Twitter: @canalesa99


Tal vez la idea de crear un Sistema Nacional de Bachilleratoquede para un mejor momento. En su lugar, probablemente, quedará instalada la opción de un Espacio Común de Educación Media Superior.

Al inicio de la administración de Felipe Calderón se impulsó la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS). Una reforma de gran alcance, compleja, amplia y profunda, después de décadas de olvido y deterioro del nivel.

La RIEMS, en sus trazos más generales, se integró por cuatro ejes. Uno, un marco curricular común con base en competencias, el cual se supone que compartirán todos los subsistemas y modalidades de la media superior. Otro, lasnormas específicas para la definición y regulación de las distintas opciones educativas de este nivel.

Un tercer eje era la instauración de mecanismos de gestiónpara definir estándares y procesos comunes, como sería el caso de las tutorías, la orientación, el desarrollo docente, el equipamiento o los mecanismos adminsitrativos de tránsito. El último, como culminación de los ejes anteriores: un modelo de certificación nacional, complementario al de los susbsistemas y modalidades.

Sin embargo, desde que se planteó el diseño de la reforma se hizo notar la dificultad, técnica, política y vocacional, de integrar un Sistema Nacional de Bachillerato que agrupara, aunque fuera en un “marco de diversidad”, a los diferentes subsistemas. Un aparente constreñimiento que tal vez se iría al extremo opuesto de lo que era el nivel.

La reforma, no obstante, siguió su marcha. Enfrentó algunos obstáculos, como la oposición a algunos de los recortes en los contenidos curriculares, la negativa a los concursos de oposición, el cambio de administración y los sucesivosnombramientos de responsables, entre otros.

Pero el punto decisivo de integrar un Sistema Nacional de Bachillerato con todos aquellos planteles que habían adoptado y acreditado un Marco Curricular Común, así como la definición de estándares, procesos comunes y una infraestructura adecuada, nada más no parecía avanzar.Todos ellos certificados por el Consejo para la Evaluación de la Educación del Tipo Medio Superior (Copeems).

A la fecha, las cifras más recientes disponibles indican que solamente alrededor del 4 por ciento de un total de 4.5 millones de alumnos del nivel está inscrito en un plantel perteneciente al Sistema Nacional de bachillerato.

Sin embargo, el pasado 7 de marzo, el secretario de Educación, Emilio Chuayffet, instaló lo que denominóConsejo Coordinador del Espacio Común de Educación Media Superior del país. Un organismo con representantes de seis regiones y ocho comisiones de trabajo, los cuales aglutinan, dice el boletín informativo de SEP, a 900 representantes de todo el país de los distintos subsistemas.

Según dijo el titular de SEP, el Consejo Coordinador tendrá como tareas: “favorecer la articulación entre planteles y subsistemas; apoyar la infraestructura y el uso compartido de la misma; aprovechar las tecnologías de la información; facilitar los intercambios locales regionales, nacionales e internacionales de los estudiantes; impulsar la inclusión educativa”.

Pero el mismo subsecretario Rodolfo Tuirán, indicó que el Espacio Común “dotará de orden e identidad a la Educación Media Superior sin perder su diversidad; favorecerá la cooperación de todos los actores involucrados; difundirá con mayor celeridad la política pública respectiva; facilitará la comunicación e intercambio de prácticas exitosas y propiciará un uso más eficiente y óptimo de los recursos disponibles” (Comunicado 049).

Si es el caso, entonces tal parece que el Espacio será más bien un sustituto de lo que se había planteado como Sistema.La modificación es relevante y no es solamente un asunto de denominación. En primer lugar porque se supone que los cuatro ejes de la RIEMS apuntaban a la edificación de un Sistema y no queda claro cuál es el lugar del ahora denominado Espacio.

En segundo lugar, porque se supone que está vigente toda una normativa sobe el Sistema Nacional de Bachillerato y nada sobre el Espacio Común. Empezando por el rango de ley (Acuerdo 442 en el DOF 26.09.2008), luego la certificación de planteles por parte del Copeems y, por último, las metas que se plantearon en el programa sectorial. Este último, por cierto, nada dijo sobre el Espacio Común.

Entonces ¿la meta de la RIEMS la trasladamos, literalmente, al Espacio? ¿Es un punto y aparte? ¿El Espacio es una estrategia similar a la del ECOES? Seguramente pronto lo sabremos.

 (Publicado en Campus Milenio No. 551. Marzo 13, 2014, p.4)

jueves, 6 de marzo de 2014


Equidad educativa y el empoderamiento de las mujeres

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
 
El año próximo se cumplirán cuatro décadas de la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, auspiciada por Naciones Unidas y realizada en la Ciudad de México, en donde se emitió la “Declaración de México” con sus 30 principios sobre equidad y la contribución de la mujer al desarrollo y la paz. También será un lapso similar desde que se instauró la celebración del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

Un largo trayecto, precedido por múltiples y variadas luchas todavía más largas, en la búsqueda de una elemental equidad en derechos, dignidad, oportunidades y responsabilidades. Mucho se ha avanzado en las últimas décadas a nivel mundial, pero no lo suficiente.

En los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para las naciones en desarrollo, el número tres planteó: “Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer” y como meta “eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para 2005, y en todos los niveles de la enseñanza a más tardar en 2015”.

 El Informe mundial del 2013, el que monitorea los avances anuales de los países, dice que la paridad entre los géneros está a punto de alcanzarse en la enseñanza primaria, pero que solamente dos de 130 países han alcanzado esa meta en todos los niveles educativos. En el caso de México, el informe del mismo año señala que prácticamente ya cumplió con lo previsto (p. 72). ¿O sea?

 El Índice de Paridad entre los Géneros (IPG) se entiende como la relación de matriculación escolar de mujeres en comparación con la de los hombres; el índice en cada nivel educativo debe estar en un rango de entre 0.97 y 1.03. A nivel nacional, en todos los niveles educativos la razón entre hombres y mujeres está en ese rango, salvo en educación primaria que está a centésimas de alcanzar la meta (en el ciclo escolar 2012-2013 el índice era de 0.958).

 Es particularmente notable el cambio en los niveles superiores del sistema educativo mexicano, principalmente porque todavía hace poco más de dos décadas las cifras eran desfavorables para las mujeres, aunque ya se advertía claramente la tendencia creciente de su participación.

 La literatura registró las mayores dificultades y obstáculos que enfrentaban las mujeres, en comparación con los hombres, para pasar de un ciclo escolar al siguiente, más complicado cuanto más alto el nivel, pero también su mejor desempeño escolar una vez que lograban inscribirse.

 Las cifras actuales de eficiencia terminal muestran, consistentemente, un mejor desempeño de las mujeres en todos los niveles educativos. La diferencia en este indicador es menor en educación básica (poco más de un punto porcentual) y mayor en media superior y superior (siete u ocho puntos porcentuales a favor de las mujeres).

 Un esfuerzo importante de las mujeres y del Estado mexicano en la búsqueda de la equidad de género. Pero, como también se ha hecho notar, queda la asignatura pendiente de la distribución de género por áreas de conocimiento, las condiciones para los estudios de posgrado, los apoyos diferenciados, la composición del personal académico, el acceso a las posiciones de dirección y muchos otros temas.

 Actualmente, la búsqueda de equidad para las mujeres cuenta no solamente con una instancia encargada de buscarla, el tema también está en la agenda de las políticas públicas. La instancia es el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), creado al comienzo de la década pasada, como organismo público descentralizado, encargado de promover, proteger y difundir los derechos de las mujeres y de las niñas consagrados constitucionalmente.

 El Inmujeres, en las vísperas del inicio del actual sexenio, seguramente lo recuerda, formaba parte de la propuesta de reestructuración de la administración pública federal: sería sectorizado a la actual Secretaría de Desarrollo Social y perdería su carácter descentralizado. Pero no, un grupo de legisladoras se opusieron y la propuesta no prosperó.

 El Instituto ha sido el responsable de elaborar el Programa Nacional para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (Proigualdad) desde la administración anterior y, de hecho, ahí se planteó por primera vez que se debían construir políticas públicas con perspectiva de género de manera transversal en toda la Administración Pública Federal.

 Hoy, el Plan Nacional de Desarrollo 2013–2018 incluye la estrategia transversal de la Perspectiva de Género, lo cual revisaremos en próxima entrega. Por lo pronto: ¡Feliz 8 de marzo!

 (Publicado en Campus Milenio No. 545. Marzo 6,  2014, p.4)