jueves, 26 de abril de 2018

Proponen rendición de cuentas. ¿Evaluación del rendimiento de los diputados?

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 751. Abril 26, 2018. Pág. 5)

Ningún político, o casi ninguno, está dispuesto a la fiscalización de sus actividades y todavía menos a auto aplicarse medidas al respecto. La transparencia y la rendición de cuentas no son lo suyo. Si no hay más remedio, las aceptan a regañadientes, pero siempre por conveniencia o buscando limarle los colmillos a las medidas. Por la misma razón, resulta sorprendente que ahora los diputados estén pensando en poner en marcha un sistema de evaluación de sus actividades. Bueno, ni tanto, la posibilidad de reelección a partir de la próxima legisaltura es un incentivo poderoso.

Una iniciativa para reformar el reglamento de la cámara de diputados fue presentada por el legislador priista Edgar Romo García, en la sesión del pasado 17 de abril. La propuesta fue remitida a la comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias y, velozmente, ya tiene el dictamen correspondiente. Asi que tal vez quedé aprobada en esta semana, en este mismo periodo. Aunque no es seguro, porque con las prisas de siempre, se acumulan los proyectos, los legisladores votan sin saber exactaemente qué.

La mayoría de los políticos tienen una fama bien ganada, sin duda. Los motivos están lejos de ser los mejores. Su imagen está asociada a la rapacidad, la corrupción, la holgazanería, la mezquindad, el dispendio, la desconfianza y la mentira. La promoción de su interés personal y la búsqueda de rentabilidad política es lo que tienen en el horizonte. No, ni de lejos se ven como lo que debieran ser: representantes de la Nación, como lo dice la Constitución.

Los diputados llegan tarde, o quizás no llegarán, al furor de la evaluación. Al comienzo de los años noventa, la evaluación ingesó en casi todos los ámbitos de la vida pública. Fue una réplica de lo que en la década previa, en Europa, se conoció como el Estado evaluador. Ahí comenzó la evaluación del desempeño individual, de las instituciones y del sistema. Pero no, los legisladores, en cuyas curules desfilaron buena parte de las normas a aplicar, quedaron más o menos a salvo de la rendición de cuentas.

El reglamento actual destaca 22 obligaciones de los diputados, pero con excepción de un informe anual de desempeño que ellos mismos hacen o de la asistencia al pleno, a reuniones o el trabajo en comisiones, el resto son inocuas. Incluso, pueden pasar asistencia al inicio de la sesión o al momento de las votaciones, pero ausentarse si les apetece o si tienen otros compromisos. Bueno, sí, también deben alinearse y responder a los llamados del coordinador de su fracción parlamentaria, pero no a sus representados.

Ahora, la iniciativa del diputado Romo, propone instaurar un “Sistema de Evaluación de Diputados”. Según su propuesta, habría que añadir cinco artículos Bis, al actual atículo 284 del Reglamento de la Cámara de Diputados. El objeto de todo el sistema sería: evaluar el desmpeño del trabajo legislativo del conjunto de legisladores (Gaceta Parlamentaria. No. 5006-IX. 17.04.2018-6185).

En realidad es un conjunto de lineamientos. Por ejemplo, dice que el sistema se deberá difundir de forma permanente en el sitio electrónico de la cámara, o bien, que la evaluacion del desempeño se realizará considerando todas las actividades y encomiendas que desarrollan. Y, claro, ponderando, lo que corresponda.

El proyecto también propone que las normas, la implementación y el funcionamiento del sistema de evaluación esté a cargo de un Consejo Coordinador. El Consejo estaría integrado por representantes de instituciones de educación superior, sociedad civil y empresarios (tres por cada sector) y por miembros de la propia cámara. Seguramente estos últimos sumarían mayoría, porque incluye: el presidente de la mesa directiva (presidirá el Consejo); un representante de cada grupo parlamentario (actualmente son ocho); el secretario general; el secretario de servicios parlamentarios; y el titular de la Unidad de Transparencia.

El asunto es trascendente porque la posibilidad de reelegirse como diputado estará en operación a partir de la siguiente legislatura. Los resultados de la evaluación, como lo propone elproyeto, serían uno de los insumos.

¿Recuerda la reforma constitucional de febrero de 2014? Ahí se anotó que: “Las Constituciones estatales deberán establecer la elección consecutiva de los diputados a las legislaturas de los Estados, hasta por cuatro periodos consecutivos. La postulación sólo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos integrantes de la coalición que los hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato”.  También incluye a la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México

Un artículo transitorio de esa misma reforma preciso que la reforma no sería aplicable a los integrantes de la legislatura que estaba en funciones cuando el decreto entró en vigor. Pero sí podrán optar por la reelección los miembros de la próxima legislatura.

En fin, a la evaluación no hay que llegar primero, solamente hay que saber cuándo y cómo llegar.

viernes, 20 de abril de 2018

Incentivos fiscales para la actividad científica. ¿Cuál es la información oficial?

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 750. Abril 19, 2018. Pág. 5)

Por alguna razón, no del todo fundada, pero siempre presente, la aplicación o distribución de los incentivos fiscales para fomentar la actividad científica y tecnológica generan polémica, confusión y suspicacia. Ahora, se confunden los montos que dijo el ejecutivo federal en su penúltimo informe de gobierno y los que para ese mismo año dice el comité encargado de distribuirlos; los primeros suman casi ocho veces más que los segundos. Los datos son oficiales y se supondrían confiables. No lo parecen.

La experiencia con la puesta en marcha de los incentivos fiscales es más o menos conocida. Hasta antes de los años 2000, la normatividad preveía la posibilidad de deducir del Impuesto sobre la Renta (ISR) el gasto destinado a capacitación y a investigación y desarrollo. El crédito fiscal era hasta por 20 por ciento de los recursos destinados a ese tipo de actividades y se consideraban 500 millones de pesos como monto máximo. Sin embargo, prácticamente ningún empresario, por más audaz que fuera, intentaba la deducibilidad, ya fuera porque esas actividades no eran de su interés o por no enfrentarse a la burocracia de Hacienda.

Luego, llegó el periodo de Vicente Fox y parte de su diagnóstico en el sector fue simplificar los trámites administrativos y propiciar una mayor inversión del sector privado en el desarrollo científico y tecnológico. Así que, primero, modificó las reglas de operación del programa de incentivos fiscales: elevó a 30 por ciento el beneficio fiscal y en lugar de que fueran los empleados de ventanilla los que decidieran, propuso la creación de un comité interinstitucional para aplicar el incentivo. Sí, un comité interinstitucional.

En la distribución, los 500 millones de pesos para incentivos fiscales comenzaron a ser insuficientes. Así que, en el 2004, el comité propuso que se duplicara el monto: 1,000 millones de pesos y luego se incrementó más, hasta alcanzar 4,500 millones de pesos. Todo bien. No obstante, al examinar con más detenimiento la distribución y empresas beneficiadas, la Academia Mexicana de Ciencias expresó su extrañeza por los nombres que aparecieron: básicamente empresas automotrices y trasnacionales. La crítica fue en ascenso. El programa quedó suspendido en 2008.

A partir del 2009, la opción fue entregar incentivos directamente, lo llamaron Programa de Estímulos a la Investigación a pequeñas y grandes empresas y así operó hasta el 2016. En este último año, el ejecutivo federal, otra vez para incentivar la menguante inversión de los empresarios, instruyó a los secretarios de Hacienda, Economía y Conacyt para que, nuevamente, elaboraran un programa de incentivos fiscales.

Y sí, a partir del ejercicio fiscal del año pasado el nuevo programa está en marcha. De hecho, en la modificación a la ley de impuesto sobre la renta (ISR), volvió a proponer un crédito fiscal del 30 por ciento de los gastos en investigación o desarrollo de tecnología, aplicable contra el ISR (artículo 202). También, una vez más, propuso que fuera un comité interinstitucional el encargado de otorgar los incentivos. La diferencia fue que, ahora, el monto sería de 1,500 millones de pesos en cada ejercicio fiscal y no más de 50 millones de pesos por contribuyente.

El caso es que, el pasado mes de septiembre, en el Quinto informe de gobierno, en referencia al programa de incentivos fiscales, quedó anotado: “El periodo de envío y recepción de las solicitudes fue del 1 de abril al 31 de mayo de 2017. Al concluir el proceso, se recibieron 162 solicitudes para obtener el incentivo, que corresponden a 117 contribuyentes del ISR, por 4,734 millones de pesos para 2017” (p.352).

Por su parte, el Comité Interinstitucional para la Aplicación del Estímulo Fiscal, publicó el penúltimo día del pasado mes de febrero, los resultados de la distribución y beneficiarios de los estímulos fiscales. Según la información reportada, el comité autorizó 593.4 millones de pesos (fue un poco más, pero unos contribuyentes renunciaron al beneficio) y los elegidos sumaron 38, siete de ellos con un monto de 50 millones de pesos cada uno (DOF. 27.02.2018).

La diferencia entre montos, solicitudes y autorizaciones es amplia. Si bien el Quinto informe no dice, exactamente, si distribuyó o no los poco más de 4,500 millones pesos, sí lo sugiere. A su vez, llama la atención que el monto distribuido por el Comité no solamente sea menos de lo que dice el Informe, también que distribuyó una tercera parte de lo que podía asignar. Solicitudes había. Tal vez por eso, ahora, prorrogaron la recepción de solicitudes.

Para variar, ni como contar bien; otra vez, los datos oficiales no cuadran y no cuentan mucho.

Posdata. El reciente proyecto de ley de ciencia y tecnología del ejecutivo federal, en sentido estricto, no es una reforma. De nada.

jueves, 12 de abril de 2018

Las normas de la fantasía informática. ¿Un episodio pasajero?

(Publicado en Campus Milenio No. 749. Abril 12, 2018. Pág. 5)

Lo que actualmente ocurre con el manejo de datos por parte de las empresas Cambdrige Analytica (CA) y Facebook (FB) tiene los ingredientes para un episodio de Black Mirror. Esta última es la exitosa serie de televisión británica cuyos derechos compró Netflix. El eje de la serie es mostrar cómo es o podría ser nuestra vida con el uso intensivo de la tecnología. Las situaciones que ilustra pueden ser irrisorias o dramáticas, pero casi siempre son muy perturbadoras. Todavía más porque un episodio, posible en la realidad real, no solamente altera el comportamiento individual, también puede minar instituciones básicas del Estado.

Al menos en el caso mexicano, el Instituto Nacional Electoral (INE) y la comisión de ciencia y tecnología de los diputados, públicamente, establecieron contacto oficial con FB, la plataforma más importante a nivel mundial en las redes sociales. Tiene el mayor número de usuarios de todo el mundo: 1.8 mil millones. Y cómo no va a ser inquietante si nadie sabe qué destino tiene o tendrá la acumulación de información o la mezcla entre lo virtual y lo real de esta red social.

Tampoco está claro el orden de las cosas: lo virtual nos anticipa los hechos o, más bien, es a la inversa. Desde hace décadas, ante acontecimientos en el mundo real que se habían escapado a la imaginación de los guionistas se decía: la realidad superó a la ficción. Hoy son realidades paralelas y en ocasiones se confunden. Claro, el dolor de un ladrillazo en la cabeza o en el pie nos traen inmediatamente de vuelta al mundo fáctico y nos recuerdan que no estamos frente a una pantalla, pero lo virtual también tiene consecuencias.

En el más reciente acontecimiento, todo comenzó cuando en el mes anterior, un exempleado de CA reveló que esa compañía había utilizado información y prácticas indebidas con los datos recabados por FB, principalmente para intervenir en las preferencias electorales. CA, empresa británica, consultora, tiene dos divisiones: una comercial y otra política. La primera se dedica a mejorar estrategias de mercado y la segunda a influir en los potenciales electores (https://cambridgeanalytica.org/). Esta última es la que está en el centro de atención.

La acusación del exempleado motivó investigaciones de varios diarios estadounidenses que confirman el uso de información personal y la propagación de noticias falsas. Las primeras declaraciones de Mark Zuckerberg, el fundador de FB, también apuntan en el mismo sentido. Sin embargo, los detalles todavía no están documentados con suficiencia ni los mecanismos de operación. En Wikipedia está una cronología de los principales acontecimientos y de las fuentes que los han destacado (https://goo.gl/RavJxa)
El hecho de filtrar información personal es grave y todavía más si lo que se busca, deliberadamente, es inducir patrones colectivos de comportamiento, como generalmente ocurre. Las herramientas de inteligencia artificial analizan millones o miles de millones de datos que circulan en las redes sociales y pueden deducir lo que puede ser más probable a nivel personalizado. Por eso el registro del consumo en línea o la utilización de ciertos programas, hacen relativamente predecible lo que es más cercano a las preferencias individuales. Por supuesto, la ayuda de “noticias falsas” ayudan a trazar ese camino. Claro, es muy diferente la selección de un producto o un servicio a la de un jefe de Estado o de gobierno. ¿O no?

En esta semana, Zuckerberg, debió comparecer ante comisiones del Congreso estadounidense para explicar lo ocurrido con la filtración de datos a CA y qué haría para solucionar el problema (al escribir esta columna todavía no estaban los datos de la comparecencia). El fundador de FB ha confirmado que los usuarios invlocrados son 87 millones y la mayoría son estadounidenses (los mexicanos son casi 800 mil).

Lorenzo Córdova, el presidente del INE, en cuanto se supo sobre la filtración de datos de FB, se apresuró a aclarar que el Memorándum de coooperación (MOC) que firmó con esa compañía el pasado 5 de febrero no tenía ningún convenio oculto ni le proporcionaría datos del padrón electoral. El documento de tres hojas se puede consultar aquí: https://goo.gl/5X58qN

Por su parte, la comisión de ciencia y tecnología de los diputados, el 3 de marzo de 2016 se reunió con Diego Bassante, el gerente de política y gobierno para América Latina de FB. Según lo indicó el informe de los diputados, la reunión fue para “dar a conocer el uso adecuado de esta red social en el sector público y político”. Por supuesto, tal vez ni uno ni otros anticipaban el escándalo con la filtración de datos que ocurriría dos años después.

Tal vez tardaremos en advertir plenamente los efectos de la tecnología en nuestras vidas y el pago que haremos por esa supuesta comodidad y sensación de expansión e inmediatez que ofrecen las tecnologías informáticas. ¿Un largo episodio que dejaremos que se autoregule? Seguramente nos saldrá muy caro.

Posdata: Hace ocho días, aquí mismo, dijimos que tres meses después nada había sobre la supuesta inicativa que enviaría el ejecutivo federal sobre la normatividad científica y tecnológica. Resulta que ese mismo día, a las 5 de la tarde, ingresó el proyecto al Senado de la República. Ya veremos, pero lo cierto es que, seguramente, en este periodo de sesiones ya no hay mucho qué hacer ni qué decir.

viernes, 6 de abril de 2018

LXIII legislatura. Agenda en vilo

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 748. Abril 5, 2018. Pág. 5)

Al final de este mes concluye el periodo ordinario de sesiones de la LXIII legislatura. En materia de ciencia y tecnología son muchos y variados los pendientes, no solamente los que están apilados en comisiones, también está lo que anunció el presidente Enrique Peña hace casi tres meses y nada parece ocurrir. Ya no es novedad.

Seguramente, ante el ya próximo final del periodo, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) se apresuró a publicar un exhorto a los legisladores, con carácter de urgente, para que aprueben una de las iniciativas más recientes que remitieron los senadores a los diputados (23.03.2018). Se trata de una modificación al artículo 29 de la ley de ciencia y tecnología que eliminaría trámites innecesarios y facilitaría la importación de insumos para el sector. Sin embargo, los diputados no han dicho que sí y tampoco que no. No es el único caso.

Otras dos iniciativas más han remitido los senadores a la cámara baja. Una de ellas para modificar normas del sector agropecuario y desarrollo rural, concernientes a la transferencia e innovación tecnológica; pasó a los diputados desde febrero de 2016. Tampoco han dicho nada. Otra reforma plantea incluir a los titulares de la Defensa Nacional y de Marina en el Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación (CGICDTI). Este último proyecto tiene dos años en el cámara baja e incluye la propuesta de que el ejecutivo federal y los secretarios de Estado puedan nombrar suplentes a ese Consejo.

De hecho, el Consejo, tal y como está la ley actual, seguramente usted lo recordara, no se reúne las dos veces al año que debiera, simplemente por la dificultad de que el presidente de la República o los secrtarios de Estado hagan un espacio en su agenda de actividades para asistir a las sesiones.

Un proyecto de decreto más pasó de los senadores a los diputados y estos lo rechazaron y regresaron a la cámara de origen en noviembre del año pasado. Es una ligera modificación al primer párrafo del artículo 51 de la ley de ciencia y tecnología, en el cual se añade que se “procurará aprovechar e impulsar las capacidades y ventajas competitivas de las entidades federativas o regiones” en materia de asociaciones estratégicas, alianzas tecnológicas, consorcios u otras figuras.

Además, están tres proyectos de ley que los propios diputados han impulsado y falta la aprobación de los senadores. Uno de ellos propone modificar el artículo 40 de la norma sectorial para priorizar los proyectos que contribuyan al combate de los efectos del cambio climático. Otro plantea cambiar el artículo 2 de la misma ley para que quede establecido como una política de Estado el impulso al desarrollo de vocaciones y capacidades científicas para incrementar la resilencia a efectos del cambio climático. El tercer proyecto propone que el Consejo –sí, ese que no se reúne dos veces al año— sesione cuatrimestralmente de forma ordinaria y que el presidente y los secretarios de Estado puedan designar suplentes con nivel mínimo de subsecretarios u homólogos.

También hay que añadir otros 11 proyectos de ley que tiene pendientes la comisión de ciencia y tecnología de los diputados. Son proyectos presentados por los mismos diputados, entre el año pasado y el actual, que están a la espera de ser dictaminados. Incluyen propuestas de muy diverso orden, desde incentivar el interés por la ciencia hasta impedir los recortes al presupuesto asignado, o bien, ampliar todavía más la representación en el Consejo General, con una representante del Inmujeres y con la Secretaría de Cultura.

A los proyectos anteriores se suman tres más, los cuales deben ser dictaminados por la comisión de ciencia y tecnología y, al menos, por otra comisión más. Uno para favorecer la inclusión de personas con discapacidad; otro para la exenciones al pago de aranceles y a la importación de insumos para la investigación científica; y otro más para la creación de la “Universidad Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico de México”, con sede en Jalisco. Sí, así como se escribe.

Finalmente, están las instrucciones del pasado mes de enero del presidente Peña Nieto al director de Conacyt, para que presentara al Congreso, junto con el consejero jurídico, una reforma de ley que modernizara el marco normativo del sector y “lo exitoso se extendiera en el tiempo”. Tal parece que, por un lado, la idea era sostener el respaldo gubernamental en materia de financiamiento a pesar de los cambios de administración. Por otro lado, buscar algún mecanismo institucional de continuidad en la dirección de las políticas sectoriales. Y pues no, ni uno ni otro.

También, es sabido que muchas iniciativas se presentan no con el afán de ser aprobadas, sino como una forma de aparecer en tribuna y figurar en los registros, lo cual podría explicar el volumen. Lo cierto es que no existe un plan ni una jerarquización de proyectos. Además, esta legislatura acumula, en total, un rezago de casi cinco mil iniciativas.

Quizás, en las últimas sesiones veremos en acción, en el pleno, la maquinaria de aprobación en serie: una iniciativa tras otra, sin debate, sin consideración ninguna y casi que sin presentación alguna. Ahí, tal vez, estarán algunas del sector. Nada es seguro.

jueves, 22 de marzo de 2018

SNI-CONACYT. La captura del sistema


Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 747. Marzo, 22. 2018. Pág. 5)

En poco más de una semana, la exigencia para que CONACYT solucionara los problemas sobre el llenado en línea del Currículum Vitae Único (CVU) y la captura de las propuestas de proyectos de investigación alcanzó el respaldo de más de 16 mil personas. Sin duda, un problema que ha padecido casi cualquier miembro de la comunidad académica, aspirante a recibir financiamiento por proyecto, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) o becario de posgrado.

La petición fue formulada a través del sitio electrónico “Change.org”. Una de las plataformas abiertas que se ha vuelto referencia para movilizar apoyos o iniciar campañas a favor o en contra de alguna causa. En este caso, la persona que inició la petición la tituló: “Conacyt ha convertido a los investigadores en los capturistas mejor pagados”. Las adhesiones rápidamente se multiplicaron y son un indicador del malestar que ha provocado el cambio en el sistema informático.

Tal vez, para tener una idea de si las 16 mil personas que respaldan la exigencia al organismo rector de las políticas científicas y tecnológicas son pocas o muchas, conviene recordar que representan el 60 por ciento del total de miembros actuales del SNI. Una proporción significativa. Sin embargo, es posible que la proporción de inconformes sea mayor, dado que, seguramente, los firmantes se concentran más bien en los que ahora renovarán su nombramiento del SNI o ingresarán por primera vez. El año pasado, como indicador, se aprobaron casi ocho mil solicitudes; la mitad de los firmantes actuales.

En realidad, el cambio de sistema y de formato no es ninguna novedad. Desde mayo del año pasado, el Conacyt informó que reemplazaría la plataforma anterior (conocida como People Soft) por la que denominó “plataforma CVU 2017”. Esta última, dijo en su momento el organismo, fue desarrollada por el propio Consejo. La modernización tecnológica y una actualización de sus sistemas informáticos fueron los argumentos para cambiar de plataforma.

De hecho, Conacyt mencionó que entre las mejoras del nuevo sistema estarían “su accesibilidad, aplicabilidad, funcionalidad y diseño” (Comunicado 24/17). Desde su perspectiva, la captura de la producción científica sería más amigable, precisa y simple, porque habría acceso a las bases de datos de Thomson y Scopus para obtener los datos necesarios. La nueva plataforma contendría la información de las acciones realizadas por Conacyt y también permitiría el seguimiento de los apoyos que otorga. Desde luego, todos los miembros del SNI y beneficiarios de sus programas, debían mudar y actualizar su CVU a la nueva plataforma. En el diseño y en el papel, todo bien. 

Sin embargo, la realidad es que desde el año pasado, al mes siguiente del anuncio del nuevo sistema, surgieron las inconformidades. Las protestas públicas la encabezaron un centenar de investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Su inconformidad no fue por el cambio de plataforma, se refirieron más bien a las exclusiones del formato del CVU para capturar los datos de su trayectoria académica. Por cierto, la petición de estos investigadores también fue planteada a través del sitio “Change.org”, aunque en su momento logró casi 200 adhesiones.

Las diferencias fueron disciplinarias, como ha sido recurrente en la evaluación del trabajo académico. Por ejemplo, dijeron los investigadores del CIESAS, algunas de las actividades relevantes de los científicos sociales quedaban excluidas en el nuevo formato, tales como las realizadas en algunas universidades o la publicación en determinadas editoriales y revistas. Lo mismo que el exceso de incluir los códigos numéricos internacionales de las publicaciones, el registro de inscripción de los posgrados o la presentación de la cédula profesional. Funcionarios de Conacyt explicaron las características del formato e intentaron remediar algunos de sus problemas.

El asunto es que el nuevo sistema y formato no formaron parte obligatoria en el procedimiento de evaluación del SNI del año pasado. La operación comenzó para la convocatoria de este año y es su prueba de fuego. Ahora, la queja en “Change.org” destaca lo insufrible que se volvió el procedimiento: “El Conacyt se ha convertido en un sistema inflexible que nos hace perder tiempo de vida académica y científica”. Y sí, no se ha cuantificado con precisión, los costos (institucionales y personales) y el tiempo que lleva cumplir con todos los requisitos de evaluación de la vida académica, en los cuales el SNI es uno de tantos. Tampoco es opción renunciar a ellos.

Además, la inconformidad es porque el formato de CVU pasó de ser un reporte sensato de actividades académicas y científicas a un informe pormenorizado para satisfacer las fantasías de alguna norma ISO. También porque la oficina y teléfonos de atención de dudas e inconformidades no está disponible o no resuelve nada.

En fin, el 6 de abril es la fecha límite para la recepción de solicitudes y es probable que el malestar vaya en aumento. Lo evidente es que el sistema no es más amigable, funcional o accesible que el anterior. Los investigadores no están capturando información en el nuevo formato, más bien terminaron/terminamos capturados por el sistema. ¿O no?

Agenda ciudadana: es la educación, es la educación…

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio. No. 746. Marzo 15, 2017. Pág. 5)

Hace seis años se llevó a cabo el ejercicio por primera vez. En este año, bajo la coordinación del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, se volvió a repetir: una consulta a la ciudadanía para elegir qué tema y problemas nacionales se deben atender de forma prioritaria. Uno de los aspectos relevantes es que se trata de dificultades que podrían ser resueltos, parcialmente, con la ayudad del conocimiento científico.

Lo más esperanzador, o lo contrario, es que, otra vez, los tres temas que aparecieron en las primeras posiciones en la consulta anterior, también lo fueron ahora, en el mismo orden: Educación, Agua y Cambio climático. Esto quiere decir que las opiniones de los ciudadanos son muy consistentes, pero también podría ser que poco o nada ha cambiado durante un sexenio.

La selección de temas no recuperan de forma abierta la percepción de la opinión pública. En tal caso, tal vez, habrían estado en primer lugar la inseguridad o la corrupción, como lo expresan frecuentemente los ciudadanos y como lo han revelado diferentes encuestas. Más bien, en este caso, lo que se busca es dar cumplimiento al acuerdo de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno de diciembre de 2014, en el sentido  de incorporar a la ciencia y la tecnología como parte de la solución de problemas nacionales e integrada a la agenda regional.

Los ocho temas que inicialmente se plantearon fueron: Agua; Educación; Energía; Medio ambiente – cambio climático y sustentabilidad; Salud pública; Seguridad alimentaria; Sociedad digital y Envejecimiento. Los siete primeros están asociados a algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que aprobó la ONU hace dos años y el último agregado por el Foro.

La consulta incluyó, en cada uno de los temas, un breve y muy puntual documento de diagnóstico y que culmina con tres retos fundamentales de cada caso; también un video de la persona que coordina el tema, en el cual lo expone e invita a participar. Todo esto presentado en una página web (agendaiberoamericana.org), en donde el eventual participante podía seleccionar temas y sus respectivos retos. La consulta tuvo una duración de cuatro meses (del 31 de octubre del año pasado al 28 de febrero de 2018).

Los medios informáticos se han convertido en los instrumentos más utilizados para recopilar información y también para transmitirla. Y sí, Internet, a través de una conexión fija o por medio de los teléfonos inteligentes, es cada vez más frecuente en las encuestas y sondeos de opinión. Sin embargo, debemos tener presente que, si bien cada vez un mayor número de mexicanos cuenta con Internet, el acceso al servicio sigue siendo mayoritariamente urbano y concentrado en jóvenes. (la última encuesta del Inegi decía que 17.4 millones de hogares estaba conectado y la mayor proporción de usuarios son hombres entre los 18 y 34 años, por ejemplo).

Tal vez esta característica explique parte de los resultados de la reciente consulta. Según la información dada a conocer por el Foro Consultivo, se recabaron 175 mil 198 votos de todas las entidades federativas. De ese total, el 60 por ciento fue de jóvenes entre los 15 y los 24 años; 74 por ciento con estudios de licenciatura o bachillerato. En lo que respecta a la selección de temas: el 61 por ciento del total dijo que el mayor reto era el de la Educación; el 55.5 mencionó el Agua; el 41.9 por ciento el Cambio climático; luego, otro 36.6 por ciento señaló a la Salud; después, con 34.2 por ciento a la Energía; y, al final con 18.1 por ciento, la Sociedad digital.

Las tres temas que concentraron el mayor número de votos, como ya lo anotamos, también aparecieron en ese mismo orden en la consulta del 2012-2013. En aquel entonces, se anotó que “modernizar el sistema educativo con un enfoque humanístico, científico y tecnológico” era el mayor reto; luego estaba “asegurar el abasto de agua potable para toda la población”; y, en tercer lugar, recuperar y conservar el medio ambiente para mejroar nuestra calidad de vida.

En la consulta actual, otra vez apareció en primer lugar el tema educativo, aunque ahora, conforme los tres retos que se anotaron para ese tema en el documento de presentación, se selecionaron los siguientes: “acceso a una educación de calidad que permita el desarrollo personal y laboral (43.1 por ciento)”; mejorar el acceso, la equidad y la inclusión en todos los niveles educativos (31.8 por ciento); y participar activamente en la toma de decisiones en materia educativa (Boletín FCCyT. No. 103).

Los estados que emitieron mayor número de votos sobre el tema educativo fueron la Ciudad de México, Chiapas, Estado de México y Coahuila, en ese orden. Y sí, pese a las acciones realizadas por el Estado mexicano en las últimas décadas para mejorar y ampliar las oportunidades educativas, el ingreso y el aprovechamiento escolar se sigue cortando por la desigualdad. No solamente. Las brechas parecen profundizarse. Problemas que tal vez preciben con mayor claridad la población joven, urbana y educada.

No hay duda: es la educación, ahí debemos concentrar mayores esfuerzos.

Otro marzo más. Las integrantes del Colegio Nacional

(Publicado en Campus Milenio No. 745. Marzo 8, 2018. Pág. 5)

El Colegio Nacional, esa institución emblemática de la inteligencia que concita entre admiración, respeto, envidia y controversia, se fundó en 1943, bajo la presidencia de Manuel Ávila Camacho. Sin embargo, algo dice que el ingreso de la primera mujer se haya demorado hasta 1985; más de cuarenta años después. Nada menos. En realidad, la puerta de sus instalaciones ha permanecido prácticamente cerrada para las mujeres, apenas se entreabrió un poco más en este siglo, pero siguen siendo una verdadera excepción.

La creación del Colegio, cuya idea ha sido atribuida a Antonio Caso, bajo la inspiración del Colegio de Francia, se planteó como una agrupación de lo más destacado de la filosofía, las artes y la ciencia. Un colegio encargado, fundamentalmente, de una labor de divulgación; alternativo, pero no en oposición a las instituciones universitarias, como originalmente ocurrió en Francia.

De ahí que, como quedó indicado en los considerandos del decreto de creación, la concentración de las personalidades de la academia, permitiera el contacto con aquellos hombres (desde luego, no era una designación genérica) que “quedan impedidos de concurrir a los centros escolares en que normalmente se imparten estas enseñanzas, o bien con quienes, ya iniciados en ciertas disciplinas buscan su perfeccionamiento” (Diario Oficial de la Federación  13.05.1943: 7).

En el decreto claramente se anotó que serían “hombres inminentes” los que impartirían las enseñanzas de la época (artículo 2). Y sí, al comienzo el Colegio se integró por 20 hombres: 15 designados por la SEP y 5 más por los propios integrantes ya designados. Entre los fundadores estuvieron: Mariano Azuela; Carlos Chávez; Ezequiel A. Chávez; Ignacio Chávez; Enrique González Martínez, José Clemente Orozco; Alfonso Reyes; Diego Rivera, José Vasconcelos; entre otros. Todos ellos debían ser mexicanos por nacimiento; seguramente un reflejo del nacionalismo tan acendrado que por entonces y luego siguió imperando. En ese momento más alentado por los llamados a la unidad nacional, derivados de la Segunda Guerra Mundial.

En México, al comienzo de los años cuarenta, la población total era de 19.6 millones y alrededor del 38 por ciento era analfabeta. Las estadísticas eran incipientes y solamente existe registro nacional del volumen de alfabetizados o de total de escuelas de educación primaria y preescolar. Ni hablar de mujeres. Las cifras para secundaria, media superior o superior eran prácticamente inexistentes (cfr. Manuel Meneses Morales.  Tendencias educativas oficiales en México. 1934-1964).

Las mujeres no aparecían. Y sí, un colegio de hombres se reproducía a sí mismo. Recuérdese que el Consejo del Colegio, es decir, todos los integrantes, tienen la atribución de designar a los nuevos miembros. Como señala el decreto, la posición de cada uno es vitalicia y reciben una remuneración mensual, solamente se pierde porque no se pueda continuar desempeñándose, por sentencia de un tribunal o por el voto unánime de todos los integrantes.

Tampoco aparecieron las mujeres cuando el Colegio se amplió y modificó algunos de sus criterios de ingreso. En efecto, en noviembre de 1971, bajo la presidencia de Luis Echeverría, se reformó el decreto para duplicar el número de miembros: pasó de 20 a 40. También se permitió que los mexicanos por naturalización, no solamente los mexicanos por nacimiento, pudieran ingresar. Aunque los naturalizados debían tener 10 o más años de haber obtenido esa condición.

Incluso, en la misma reforma, se eximió de la obligatoriedad de dictar conferencias u otras actividades de difusión a los mayores de 70 años, porque se indicó que para ellos podían ser “potestativas”; solamente serían obligatorias para los menores de esa edad (Artículo 11. Diario Oficial de la Federación 10.11.1971: 16).

Fue hasta mayo de 1985 cuando ingresó la primera mujer: Beatriz Ramírez de la Fuente. En el área de ciencias sociales y humanidades, especialista en historia del arte, fundadora y titular de diferentes instituciones, con múltiples reconocimientos en su campo de conocimientos. La conferencia inaugural fue sobre el arte prehispánico y la educación.

Una década después, ya en la presidencia de Ernesto Zedillo, vino una nueva reforma al decreto de creación del Colegio Nacional. En realidad, solamente se eliminó la condición de 10 o más años de haber adquirido la nacionalidad y únicamente quedó en “miembros de nacionalidad mexicana”, sin distinguir cómo se obtuvo.

Tampoco se alteró mayormente la composición del Colegio Nacional. Hasta 2006 ingresó María Elena Medina-Mora, en el área de ciencias biológicas y de la salud, como especialista en psiquiatría. Al año siguiente fue aceptada Linda Manzanilla Naim en el área de ciencias sociales y humanidades, en la especialidad de Arqueología. Finalmente, el año pasado, se incorporó Concepción Company Company, lingüista, también en la misma área.

En conjunto, en los 75 años de historia del Colegio Nacional, ha designado a 102 personas. De ese total, solamente cuatro han sido mujeres. El contexto, todo cambió, pero sí, difícilmente un consejo de hombres podría ser diferente. ¿Seguimos con las mismas reglas?

Posdata. Ana Fernanda Fraga colaboró con los datos de este texto. Gracias.