jueves, 26 de abril de 2018

Proponen rendición de cuentas. ¿Evaluación del rendimiento de los diputados?

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 751. Abril 26, 2018. Pág. 5)

Ningún político, o casi ninguno, está dispuesto a la fiscalización de sus actividades y todavía menos a auto aplicarse medidas al respecto. La transparencia y la rendición de cuentas no son lo suyo. Si no hay más remedio, las aceptan a regañadientes, pero siempre por conveniencia o buscando limarle los colmillos a las medidas. Por la misma razón, resulta sorprendente que ahora los diputados estén pensando en poner en marcha un sistema de evaluación de sus actividades. Bueno, ni tanto, la posibilidad de reelección a partir de la próxima legisaltura es un incentivo poderoso.

Una iniciativa para reformar el reglamento de la cámara de diputados fue presentada por el legislador priista Edgar Romo García, en la sesión del pasado 17 de abril. La propuesta fue remitida a la comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias y, velozmente, ya tiene el dictamen correspondiente. Asi que tal vez quedé aprobada en esta semana, en este mismo periodo. Aunque no es seguro, porque con las prisas de siempre, se acumulan los proyectos, los legisladores votan sin saber exactaemente qué.

La mayoría de los políticos tienen una fama bien ganada, sin duda. Los motivos están lejos de ser los mejores. Su imagen está asociada a la rapacidad, la corrupción, la holgazanería, la mezquindad, el dispendio, la desconfianza y la mentira. La promoción de su interés personal y la búsqueda de rentabilidad política es lo que tienen en el horizonte. No, ni de lejos se ven como lo que debieran ser: representantes de la Nación, como lo dice la Constitución.

Los diputados llegan tarde, o quizás no llegarán, al furor de la evaluación. Al comienzo de los años noventa, la evaluación ingesó en casi todos los ámbitos de la vida pública. Fue una réplica de lo que en la década previa, en Europa, se conoció como el Estado evaluador. Ahí comenzó la evaluación del desempeño individual, de las instituciones y del sistema. Pero no, los legisladores, en cuyas curules desfilaron buena parte de las normas a aplicar, quedaron más o menos a salvo de la rendición de cuentas.

El reglamento actual destaca 22 obligaciones de los diputados, pero con excepción de un informe anual de desempeño que ellos mismos hacen o de la asistencia al pleno, a reuniones o el trabajo en comisiones, el resto son inocuas. Incluso, pueden pasar asistencia al inicio de la sesión o al momento de las votaciones, pero ausentarse si les apetece o si tienen otros compromisos. Bueno, sí, también deben alinearse y responder a los llamados del coordinador de su fracción parlamentaria, pero no a sus representados.

Ahora, la iniciativa del diputado Romo, propone instaurar un “Sistema de Evaluación de Diputados”. Según su propuesta, habría que añadir cinco artículos Bis, al actual atículo 284 del Reglamento de la Cámara de Diputados. El objeto de todo el sistema sería: evaluar el desmpeño del trabajo legislativo del conjunto de legisladores (Gaceta Parlamentaria. No. 5006-IX. 17.04.2018-6185).

En realidad es un conjunto de lineamientos. Por ejemplo, dice que el sistema se deberá difundir de forma permanente en el sitio electrónico de la cámara, o bien, que la evaluacion del desempeño se realizará considerando todas las actividades y encomiendas que desarrollan. Y, claro, ponderando, lo que corresponda.

El proyecto también propone que las normas, la implementación y el funcionamiento del sistema de evaluación esté a cargo de un Consejo Coordinador. El Consejo estaría integrado por representantes de instituciones de educación superior, sociedad civil y empresarios (tres por cada sector) y por miembros de la propia cámara. Seguramente estos últimos sumarían mayoría, porque incluye: el presidente de la mesa directiva (presidirá el Consejo); un representante de cada grupo parlamentario (actualmente son ocho); el secretario general; el secretario de servicios parlamentarios; y el titular de la Unidad de Transparencia.

El asunto es trascendente porque la posibilidad de reelegirse como diputado estará en operación a partir de la siguiente legislatura. Los resultados de la evaluación, como lo propone elproyeto, serían uno de los insumos.

¿Recuerda la reforma constitucional de febrero de 2014? Ahí se anotó que: “Las Constituciones estatales deberán establecer la elección consecutiva de los diputados a las legislaturas de los Estados, hasta por cuatro periodos consecutivos. La postulación sólo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos integrantes de la coalición que los hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato”.  También incluye a la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México

Un artículo transitorio de esa misma reforma preciso que la reforma no sería aplicable a los integrantes de la legislatura que estaba en funciones cuando el decreto entró en vigor. Pero sí podrán optar por la reelección los miembros de la próxima legislatura.

En fin, a la evaluación no hay que llegar primero, solamente hay que saber cuándo y cómo llegar.

viernes, 20 de abril de 2018

Incentivos fiscales para la actividad científica. ¿Cuál es la información oficial?

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 750. Abril 19, 2018. Pág. 5)

Por alguna razón, no del todo fundada, pero siempre presente, la aplicación o distribución de los incentivos fiscales para fomentar la actividad científica y tecnológica generan polémica, confusión y suspicacia. Ahora, se confunden los montos que dijo el ejecutivo federal en su penúltimo informe de gobierno y los que para ese mismo año dice el comité encargado de distribuirlos; los primeros suman casi ocho veces más que los segundos. Los datos son oficiales y se supondrían confiables. No lo parecen.

La experiencia con la puesta en marcha de los incentivos fiscales es más o menos conocida. Hasta antes de los años 2000, la normatividad preveía la posibilidad de deducir del Impuesto sobre la Renta (ISR) el gasto destinado a capacitación y a investigación y desarrollo. El crédito fiscal era hasta por 20 por ciento de los recursos destinados a ese tipo de actividades y se consideraban 500 millones de pesos como monto máximo. Sin embargo, prácticamente ningún empresario, por más audaz que fuera, intentaba la deducibilidad, ya fuera porque esas actividades no eran de su interés o por no enfrentarse a la burocracia de Hacienda.

Luego, llegó el periodo de Vicente Fox y parte de su diagnóstico en el sector fue simplificar los trámites administrativos y propiciar una mayor inversión del sector privado en el desarrollo científico y tecnológico. Así que, primero, modificó las reglas de operación del programa de incentivos fiscales: elevó a 30 por ciento el beneficio fiscal y en lugar de que fueran los empleados de ventanilla los que decidieran, propuso la creación de un comité interinstitucional para aplicar el incentivo. Sí, un comité interinstitucional.

En la distribución, los 500 millones de pesos para incentivos fiscales comenzaron a ser insuficientes. Así que, en el 2004, el comité propuso que se duplicara el monto: 1,000 millones de pesos y luego se incrementó más, hasta alcanzar 4,500 millones de pesos. Todo bien. No obstante, al examinar con más detenimiento la distribución y empresas beneficiadas, la Academia Mexicana de Ciencias expresó su extrañeza por los nombres que aparecieron: básicamente empresas automotrices y trasnacionales. La crítica fue en ascenso. El programa quedó suspendido en 2008.

A partir del 2009, la opción fue entregar incentivos directamente, lo llamaron Programa de Estímulos a la Investigación a pequeñas y grandes empresas y así operó hasta el 2016. En este último año, el ejecutivo federal, otra vez para incentivar la menguante inversión de los empresarios, instruyó a los secretarios de Hacienda, Economía y Conacyt para que, nuevamente, elaboraran un programa de incentivos fiscales.

Y sí, a partir del ejercicio fiscal del año pasado el nuevo programa está en marcha. De hecho, en la modificación a la ley de impuesto sobre la renta (ISR), volvió a proponer un crédito fiscal del 30 por ciento de los gastos en investigación o desarrollo de tecnología, aplicable contra el ISR (artículo 202). También, una vez más, propuso que fuera un comité interinstitucional el encargado de otorgar los incentivos. La diferencia fue que, ahora, el monto sería de 1,500 millones de pesos en cada ejercicio fiscal y no más de 50 millones de pesos por contribuyente.

El caso es que, el pasado mes de septiembre, en el Quinto informe de gobierno, en referencia al programa de incentivos fiscales, quedó anotado: “El periodo de envío y recepción de las solicitudes fue del 1 de abril al 31 de mayo de 2017. Al concluir el proceso, se recibieron 162 solicitudes para obtener el incentivo, que corresponden a 117 contribuyentes del ISR, por 4,734 millones de pesos para 2017” (p.352).

Por su parte, el Comité Interinstitucional para la Aplicación del Estímulo Fiscal, publicó el penúltimo día del pasado mes de febrero, los resultados de la distribución y beneficiarios de los estímulos fiscales. Según la información reportada, el comité autorizó 593.4 millones de pesos (fue un poco más, pero unos contribuyentes renunciaron al beneficio) y los elegidos sumaron 38, siete de ellos con un monto de 50 millones de pesos cada uno (DOF. 27.02.2018).

La diferencia entre montos, solicitudes y autorizaciones es amplia. Si bien el Quinto informe no dice, exactamente, si distribuyó o no los poco más de 4,500 millones pesos, sí lo sugiere. A su vez, llama la atención que el monto distribuido por el Comité no solamente sea menos de lo que dice el Informe, también que distribuyó una tercera parte de lo que podía asignar. Solicitudes había. Tal vez por eso, ahora, prorrogaron la recepción de solicitudes.

Para variar, ni como contar bien; otra vez, los datos oficiales no cuadran y no cuentan mucho.

Posdata. El reciente proyecto de ley de ciencia y tecnología del ejecutivo federal, en sentido estricto, no es una reforma. De nada.

jueves, 12 de abril de 2018

Las normas de la fantasía informática. ¿Un episodio pasajero?

(Publicado en Campus Milenio No. 749. Abril 12, 2018. Pág. 5)

Lo que actualmente ocurre con el manejo de datos por parte de las empresas Cambdrige Analytica (CA) y Facebook (FB) tiene los ingredientes para un episodio de Black Mirror. Esta última es la exitosa serie de televisión británica cuyos derechos compró Netflix. El eje de la serie es mostrar cómo es o podría ser nuestra vida con el uso intensivo de la tecnología. Las situaciones que ilustra pueden ser irrisorias o dramáticas, pero casi siempre son muy perturbadoras. Todavía más porque un episodio, posible en la realidad real, no solamente altera el comportamiento individual, también puede minar instituciones básicas del Estado.

Al menos en el caso mexicano, el Instituto Nacional Electoral (INE) y la comisión de ciencia y tecnología de los diputados, públicamente, establecieron contacto oficial con FB, la plataforma más importante a nivel mundial en las redes sociales. Tiene el mayor número de usuarios de todo el mundo: 1.8 mil millones. Y cómo no va a ser inquietante si nadie sabe qué destino tiene o tendrá la acumulación de información o la mezcla entre lo virtual y lo real de esta red social.

Tampoco está claro el orden de las cosas: lo virtual nos anticipa los hechos o, más bien, es a la inversa. Desde hace décadas, ante acontecimientos en el mundo real que se habían escapado a la imaginación de los guionistas se decía: la realidad superó a la ficción. Hoy son realidades paralelas y en ocasiones se confunden. Claro, el dolor de un ladrillazo en la cabeza o en el pie nos traen inmediatamente de vuelta al mundo fáctico y nos recuerdan que no estamos frente a una pantalla, pero lo virtual también tiene consecuencias.

En el más reciente acontecimiento, todo comenzó cuando en el mes anterior, un exempleado de CA reveló que esa compañía había utilizado información y prácticas indebidas con los datos recabados por FB, principalmente para intervenir en las preferencias electorales. CA, empresa británica, consultora, tiene dos divisiones: una comercial y otra política. La primera se dedica a mejorar estrategias de mercado y la segunda a influir en los potenciales electores (https://cambridgeanalytica.org/). Esta última es la que está en el centro de atención.

La acusación del exempleado motivó investigaciones de varios diarios estadounidenses que confirman el uso de información personal y la propagación de noticias falsas. Las primeras declaraciones de Mark Zuckerberg, el fundador de FB, también apuntan en el mismo sentido. Sin embargo, los detalles todavía no están documentados con suficiencia ni los mecanismos de operación. En Wikipedia está una cronología de los principales acontecimientos y de las fuentes que los han destacado (https://goo.gl/RavJxa)
El hecho de filtrar información personal es grave y todavía más si lo que se busca, deliberadamente, es inducir patrones colectivos de comportamiento, como generalmente ocurre. Las herramientas de inteligencia artificial analizan millones o miles de millones de datos que circulan en las redes sociales y pueden deducir lo que puede ser más probable a nivel personalizado. Por eso el registro del consumo en línea o la utilización de ciertos programas, hacen relativamente predecible lo que es más cercano a las preferencias individuales. Por supuesto, la ayuda de “noticias falsas” ayudan a trazar ese camino. Claro, es muy diferente la selección de un producto o un servicio a la de un jefe de Estado o de gobierno. ¿O no?

En esta semana, Zuckerberg, debió comparecer ante comisiones del Congreso estadounidense para explicar lo ocurrido con la filtración de datos a CA y qué haría para solucionar el problema (al escribir esta columna todavía no estaban los datos de la comparecencia). El fundador de FB ha confirmado que los usuarios invlocrados son 87 millones y la mayoría son estadounidenses (los mexicanos son casi 800 mil).

Lorenzo Córdova, el presidente del INE, en cuanto se supo sobre la filtración de datos de FB, se apresuró a aclarar que el Memorándum de coooperación (MOC) que firmó con esa compañía el pasado 5 de febrero no tenía ningún convenio oculto ni le proporcionaría datos del padrón electoral. El documento de tres hojas se puede consultar aquí: https://goo.gl/5X58qN

Por su parte, la comisión de ciencia y tecnología de los diputados, el 3 de marzo de 2016 se reunió con Diego Bassante, el gerente de política y gobierno para América Latina de FB. Según lo indicó el informe de los diputados, la reunión fue para “dar a conocer el uso adecuado de esta red social en el sector público y político”. Por supuesto, tal vez ni uno ni otros anticipaban el escándalo con la filtración de datos que ocurriría dos años después.

Tal vez tardaremos en advertir plenamente los efectos de la tecnología en nuestras vidas y el pago que haremos por esa supuesta comodidad y sensación de expansión e inmediatez que ofrecen las tecnologías informáticas. ¿Un largo episodio que dejaremos que se autoregule? Seguramente nos saldrá muy caro.

Posdata: Hace ocho días, aquí mismo, dijimos que tres meses después nada había sobre la supuesta inicativa que enviaría el ejecutivo federal sobre la normatividad científica y tecnológica. Resulta que ese mismo día, a las 5 de la tarde, ingresó el proyecto al Senado de la República. Ya veremos, pero lo cierto es que, seguramente, en este periodo de sesiones ya no hay mucho qué hacer ni qué decir.

viernes, 6 de abril de 2018

LXIII legislatura. Agenda en vilo

Alejandro Canales
UNAM-IISUE/SES
Twitter: @canalesa99

(Publicado en Campus Milenio No. 748. Abril 5, 2018. Pág. 5)

Al final de este mes concluye el periodo ordinario de sesiones de la LXIII legislatura. En materia de ciencia y tecnología son muchos y variados los pendientes, no solamente los que están apilados en comisiones, también está lo que anunció el presidente Enrique Peña hace casi tres meses y nada parece ocurrir. Ya no es novedad.

Seguramente, ante el ya próximo final del periodo, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) se apresuró a publicar un exhorto a los legisladores, con carácter de urgente, para que aprueben una de las iniciativas más recientes que remitieron los senadores a los diputados (23.03.2018). Se trata de una modificación al artículo 29 de la ley de ciencia y tecnología que eliminaría trámites innecesarios y facilitaría la importación de insumos para el sector. Sin embargo, los diputados no han dicho que sí y tampoco que no. No es el único caso.

Otras dos iniciativas más han remitido los senadores a la cámara baja. Una de ellas para modificar normas del sector agropecuario y desarrollo rural, concernientes a la transferencia e innovación tecnológica; pasó a los diputados desde febrero de 2016. Tampoco han dicho nada. Otra reforma plantea incluir a los titulares de la Defensa Nacional y de Marina en el Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación (CGICDTI). Este último proyecto tiene dos años en el cámara baja e incluye la propuesta de que el ejecutivo federal y los secretarios de Estado puedan nombrar suplentes a ese Consejo.

De hecho, el Consejo, tal y como está la ley actual, seguramente usted lo recordara, no se reúne las dos veces al año que debiera, simplemente por la dificultad de que el presidente de la República o los secrtarios de Estado hagan un espacio en su agenda de actividades para asistir a las sesiones.

Un proyecto de decreto más pasó de los senadores a los diputados y estos lo rechazaron y regresaron a la cámara de origen en noviembre del año pasado. Es una ligera modificación al primer párrafo del artículo 51 de la ley de ciencia y tecnología, en el cual se añade que se “procurará aprovechar e impulsar las capacidades y ventajas competitivas de las entidades federativas o regiones” en materia de asociaciones estratégicas, alianzas tecnológicas, consorcios u otras figuras.

Además, están tres proyectos de ley que los propios diputados han impulsado y falta la aprobación de los senadores. Uno de ellos propone modificar el artículo 40 de la norma sectorial para priorizar los proyectos que contribuyan al combate de los efectos del cambio climático. Otro plantea cambiar el artículo 2 de la misma ley para que quede establecido como una política de Estado el impulso al desarrollo de vocaciones y capacidades científicas para incrementar la resilencia a efectos del cambio climático. El tercer proyecto propone que el Consejo –sí, ese que no se reúne dos veces al año— sesione cuatrimestralmente de forma ordinaria y que el presidente y los secretarios de Estado puedan designar suplentes con nivel mínimo de subsecretarios u homólogos.

También hay que añadir otros 11 proyectos de ley que tiene pendientes la comisión de ciencia y tecnología de los diputados. Son proyectos presentados por los mismos diputados, entre el año pasado y el actual, que están a la espera de ser dictaminados. Incluyen propuestas de muy diverso orden, desde incentivar el interés por la ciencia hasta impedir los recortes al presupuesto asignado, o bien, ampliar todavía más la representación en el Consejo General, con una representante del Inmujeres y con la Secretaría de Cultura.

A los proyectos anteriores se suman tres más, los cuales deben ser dictaminados por la comisión de ciencia y tecnología y, al menos, por otra comisión más. Uno para favorecer la inclusión de personas con discapacidad; otro para la exenciones al pago de aranceles y a la importación de insumos para la investigación científica; y otro más para la creación de la “Universidad Nacional de Innovación y Desarrollo Tecnológico de México”, con sede en Jalisco. Sí, así como se escribe.

Finalmente, están las instrucciones del pasado mes de enero del presidente Peña Nieto al director de Conacyt, para que presentara al Congreso, junto con el consejero jurídico, una reforma de ley que modernizara el marco normativo del sector y “lo exitoso se extendiera en el tiempo”. Tal parece que, por un lado, la idea era sostener el respaldo gubernamental en materia de financiamiento a pesar de los cambios de administración. Por otro lado, buscar algún mecanismo institucional de continuidad en la dirección de las políticas sectoriales. Y pues no, ni uno ni otro.

También, es sabido que muchas iniciativas se presentan no con el afán de ser aprobadas, sino como una forma de aparecer en tribuna y figurar en los registros, lo cual podría explicar el volumen. Lo cierto es que no existe un plan ni una jerarquización de proyectos. Además, esta legislatura acumula, en total, un rezago de casi cinco mil iniciativas.

Quizás, en las últimas sesiones veremos en acción, en el pleno, la maquinaria de aprobación en serie: una iniciativa tras otra, sin debate, sin consideración ninguna y casi que sin presentación alguna. Ahí, tal vez, estarán algunas del sector. Nada es seguro.